UpInforma - ¿Qué hacemos o cuánto sabemos de la Semana Santa?

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¿Qué hacemos o cuánto sabemos de la Semana Santa?

Por: Félix E. Villarreal V. | Publicado el: 22 marzo 2016 | Fotografía: Félix E. Villarreal V.




'A Jesús se le negó toda vía hacia la justicia, Jesús sufrió también en su propia carne la indiferencia porque nadie quiso tomar responsabilidad por su futuro'.    

                                                                                                                                                                                                                                  Papa Francisco

 

Para muchos pueblos católicos del mundo, la Semana Santa (última semana de la Cuaresma) es una fecha importante en la que todos, como cristianos apegados a la fe, a las creencias y a la solidaridad humana, celebran, conviven, comparten y hasta dramatizan lo que fue todo ese triduo pascual de la pasión,  muerte y resurrección de Jesús de Nazaret y de lo que este acontecimiento ha representado hasta nuestros días para toda la humanidad.  

Esta fecha, sin lugar a dudas, conlleva muchísimas actividades litúrgicas dentro de las diversas  o congregaciones católicas, apostólicas, cristianas, etc., que van desde las misas, ayunos, las convivencias, los cantos, penitencias, vía crucis, etc., que de acuerdo al calendario eclesial, inician con el denominado Domingo de Ramos y finaliza con el Domingo de Resurrección; aunque en muchos lugares, esta celebración suele iniciar el viernes anterior, conocido como el Viernes de Dolores. 

La fecha de esta celebración realmente es variable entre los meses de marzo y abril, según el año; que de acuerdo a los astrólogos, ello depende del calendario lunar, o de acuerdo a las costumbres o tradiciones de muchos pueblos.

En el caso de Panamá, esta fecha de celebración parte del conteo de los cuarenta días a partir del Miércoles de Ceniza, una vez pasado los días festivos del Carnaval.

Algunos datos históricos señalan que la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se dio la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial, de guardar y de conversión en el ser humano.

En otras palabras, la Cuaresma (que es el tiempo litúrgico de conversión que marca la iglesia para prepararse a la gran fiesta de la Pascua) y tiempo para el arrepentimiento de los pecados cometidos y de cambiar algo en cada uno de nosotros para ser mejores hombres y mujeres en la tierra, reflexionamos para vivir más cerca de la fe en Cristo Jesús.

Como tradición en nuestro país, los días viernes, durante la Cuaresma, hay que guardar y abstenerse de comer carnes en los hogares y reflexionar. Pero realmente, ¿en cuántos hogares de hoy se cumple con esta tradición?, ¿Cuántos realmente reflexionamos, compartimos y escuchamos en nuestro interior esa intención de cambiar y corregir nuestros errores y desaciertos?  Realmente, ¿estamos escuchando la palabra de Dios? ¿Oramos? ¿Compartimos como realmente debe ser con el prójimo y haciendo obras buenas y positivas? Creo que las respuestas las tiene cada uno dentro de sí mismo.

El Papa Francisco, en su Mensaje para la Cuaresma 2016, fue muy atinado cuando manifestó: «La Cuaresma de este Año Jubilar, de Semana Santa, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar a través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos».

En ese sentido y sin temor a equivocarnos, vale reafirmar que esta fecha es importante para el perdón y la reconciliación fraterna, para reconocer nuestro papel de ayudar y apoyar a nuestros pueblos originarios y campesinos que a diario luchan por sus tierras, por la conservación y defensa de nuestros recursos naturales y ecoambientales, para velar por los más necesitados de nuestros país y, de igual forma, para desechar el odio, el rencor, la envidia, los celos y demás comportamientos contaminantes en el ser humano, que interfiere y se oponen a ese amor hacia Dios y, por ende, hacia nuestros hermanos, sin importar su condición social. Por lo que, estos días de Semana Santa no deben ser tomados como una fecha más para el disfrute de unos días «libres», para ir de paseo a las playas, ríos o para tomarse unos tragos con los amigos.

 


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