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Pasajes sobre la historia del 1 de Mayo

Por: Félix E. Villarreal V. | Publicado el: 01 mayo 2016



Como es  del conocimiento de los ciudadanos panameños, el 1 de Mayo es reconocido como el Día internacional de los Trabajadores, es una fecha de mucha relevancia histórica y, por ende, en todo el mundo se conmemora con diversas manifestaciones políticas, sociales, culturales, reivindicativas, etc., en otras palabras, es una fecha imborrable de todo el movimiento obrero a nivel mundial. 
 
De acuerdo a muchos historiadores y dirigentes obreros, esta importante fecha establecida en todos los países del mundo, tiene su génesis en aquel Congreso Obrero Socialista, celebrado en París en año de 1889; esta efeméride es una jornada de recordación y de luchas reivindicativas, y también para rendir homenaje a aquellos mártires de Chicago, Estados Unidos de Norteamérica, que fueron ejecutados por su aguerrida participación en las jornadas de lucha por la consecución de una jornada laboral de ocho horas, la cual culminó en una masiva huelga iniciada aquel 1 de mayo de 1886. Hecho que marcó la valentía y beligerancia de lucha de los trabajadores, dando origen a la celebración de esa fecha dentro del movimiento obrero en todos los países del mundo. 
 
Los hechos que dieron están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX, en Chicago, la segunda ciudad de EE.UU., donde las reivindicaciones básicas exigidas por los trabajadores era una jornada de 8 horas. Es decir, hacer valer la máxima de ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa, que al final, sumaban las 24 horas que tiene el día. 
 
En ese contexto, en años anteriores se produjeron varios movimientos y acontecimientos que en su momento fundamentaron las exigencias de los trabajadores, como por ejemplo: En el año de 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York, la aprobación de la jornada de ocho horas, ya que de acuerdo a los trabajadores, existía una ley que prohibía trabajar más de 18 horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que obligara a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de 18 horas diarias o más debía pagar una multa de 25 dólares, ya que de esta forma se explotaba al obrero. 
 
A razón de ello, los obreros que estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, y a la American Federation of Labor (Federación Estadounidense del Trabajo), de origen anarquista, realizaron el IV Congreso el 17 de octubre de 1884, en el que unánimemente aprobaron la resolución que exigía claramente que a partir del día 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo en todas las áreas debería ser solamente de ocho horas. En caso de no obtener respuesta a esta reclamación,  se irían a una huelga general.  
 
Aquella resolución despertó mucho interés en los trabajadores y las organizaciones que veían la jornada de ocho horas como la posibilidad de obtener mayor cantidad de empleos y puestos de trabajo. Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la compatibilidad de los trabajadores en general. Andrew Johnson, presidente de Estados Unidos en 1886, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las 8 horas de trabajo diarias. Poco tiempo después, 19 estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de 8 y 10 horas (aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre 14 y 18 horas). Las condiciones de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables, que de hecho, conllevó a una huelga en mayo de ese mismo año. 
 
El 1 de Mayo de 1886, la paralización de los centros de trabajo se generalizó. Aquella huelga paralizó cerca de 12.000 fábricas a través de los EE. UU. En Detroit, 11.000 trabajadores marcharon en un desfile de ocho horas. En Nueva York, una marcha con antorchas de 25.000 obreros pasó como torrente de Broadway a Union Square; 40.000 hicieron huelga. En Cincinnati, un batallón obrero con 400 rifles Springfield encabezó el desfile. En Louisville, Kentucky, más de 6000 trabajadores, negros y blancos, marcharon por el Parque Nacional violando deliberadamente el edicto que prohibía la entrada de gente de color. 
 
En Chicago, que era el baluarte de la huelga, se paró detuvo casi completamente toda la ciudad. Unos 30.000 obreros hicieron huelga, aunque empresas como en la fábrica de materiales de Mc Cormick y alguna otra se dieron a la tarea de contratar esquiroles (rompehuelgas). Esto llevó a que el día 2 se realizara un mitin por parte de los obreros que habían sido despedidos de Mc Cormick para protestar por los más de 1,200 despidos y los brutales atropellos policiales de los que eran víctimas. 
 
Mientras, el dirigente obrero August Spies dirigía su discurso a más de 7000 trabajadores, más de un centenar de estos fueron a recriminar la actitud de los esquiroles que en ese momento salían de la planta Mc Cormik, acción que llevó rápidamente la presencia policial para reprimir violentamente a los manifestantes, dejando un saldo de seis muertos y cientos de heridos. La indignación por la acción represiva de la Policía ganó los corazones aguerridos de los trabajadores que continuaron movilizándose en la calles. 
 
Frente a esta situación se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. Se realizó cantidad de allanamientos y se fabricaron falsas pruebas y siembras de supuestos arsenales de armas, municiones y hasta escondites secretos. 
 
El 3 de mayo, el crecimiento de la huelga era "alarmante". En el movimiento participaban más de 340.000 trabajadores por todo el país, 190.000 de ellos en huelga, en Chicago con unos 80.000 hombres activos. Los llamados a la resistencia y a la confrontación contra los cuerpos represivos, no se hizo esperar por parte de los dirigentes obreros de la época como Arbeiter Zeitung. Se convocó una reunión popular en la plaza Haymarket para la noche del 4 de mayo que fue inmensa. Pero preocupados por la posibilidad de una emboscada por parte de la Policía, los organizadores escogieron un lugar abierto y grande con muchas rutas de escape. Aquel 4 de mayo, todo Chicago se encontraba en total huelga.
 
El 5 de mayo, en Milwaukee, la milicia del Estado respondió con una masacre sangrienta en un mitin de trabajadores; acribillaron a ocho trabajadores polacos y un alemán por violar la ley marcial.  En Chicago, se llenaron las cárceles de miles de revolucionarios y huelguistas. Arrestaron a todo el equipo de imprenta del Arbeiter Zeitung y la Policía detuvo a 8 anarquistas: George Engel, Samuel Fielden, Adolf Fischer, Louis Lingg, Michael Schwab, Albert Parsons, Oscar Neebe y August Spies. Todos eran miembros de la IWPA (Asociación Internacional del Pueblo Trabajador).
 
El un juicio fue totalmente manipulado, en todos los sentidos, siendo más bien un linchamiento. Se les acusó de complicidad de asesinato aunque nunca se les pudo probar ninguna participación o relación con ninguno de los incidentes de los que se les acusaba. Pero aun así, bajo infinidades de cargos y acusaciones fabricadas, todos fueron condenados a prisión.
 
Pasado el tiempo, y al aproximarse el día de la ejecución, le cambiaron la sentencia de Oscar Neebey, Samuel Fielden y Michael Schwab a cadena perpetua; el dirigente Louis Lingg apareció muerto en su celda. Se dice que fue por un fulminante de dinamita que le voló la tapa de los sesos. Los otros cuatro (August Spies, George Engel, Albert Parsons y Adolf Fischer), fueron llevados al mediodía del viernes 11 de noviembre de 1887 a la horca, frente a sus compañeros obreros de lucha y de sueños, quienes entonando La Marsellesa Anarquista; aquel día, después la ejecución, fue declarada y conocido como el viernes negro.
 
Más de medio millón de personas asistieron al cortejo fúnebre de los ejecutados. Años después, gracias a la presión internacional, en 1893, Fielden, Schwab y Neebe fueron perdonados y puestos en libertad. A partir de esto, cada 1 de mayo, en muchos países del mundo, los mártires de Chicago son recordados como símbolo de dignidad y lucha de la clase trabajadora.
 
 Hoy, en pleno siglo XXI, el movimiento sindical verdaderamente comprometido con los trabajadores, continúa enarbolando las banderas de lucha por mejores condiciones salariales y de vida, a pesar de que en muchos países del mundo, de los cual Panamá no escapa, que bajo el esquema de nuevas modalidades  esclavizantes, se les sigue explotando, cercenando sus conquistas, despidiendo sin justificación alguna y violando sus derechos contemplado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en los Convenios de la Organización Internacional del Trabajo OIT.


* Publicista y Comunicador Social, c
on especializanción en Docencia Superior.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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