Hay que querer más a la Universidad de Panamá
La última decisión de la Corte  Suprema de Justicia de ordenar al Consejo Académico de la Universidad de Panamá la suspensión de la medida disciplinaria aplicada a  un profesor, después de  un proceso disciplinario, que duró  once años, pone en peligro la concepción del carácter autónomo y del desempeño académico de la Primera Casa de Estudios de Panamá.
Todo se ha dado dentro de un ambiente de informaciones poco rigurosas en los medios nacionales, con efectos en parte de la comunidad universitaria, mientras que los verdaderos conceptos que sustentan la medida disciplinaria adoptada  por la Universidad, no tuvieron resonancia alguna en la ciudadanÃa y en  parte de la propia comunidad universitaria.
La demora en la decisión se debió a que la Corte Suprema tardó diez años en resolver  dos recursos  interpuestos por el sancionado.  Una vez que La Corte permitió la continuación del proceso, comenzó una campaña mediática de que se trataba de una persecución a un docente ejemplar que se atrevió a denunciar irregularidades en la Universidad.
El problema verdadero es que los grupos interesados en tomarse la rectorÃa, en su afán por sacar de carrera al actual rector, ven en este caso la oportunidad de descalificar a quien históricamente ha sido favorecido en las elecciones universitarias y por eso  le ven mayores posibilidades de triunfar en la próxima.  Pero esto daña, de manera irreversible, la institucionalidad y la gobernabilidad de una institución que no se reduce al Campus Central y la RectorÃa.   La Universidad de Panamá funciona, brindando los mismos servicios, en todas las provincias del paÃs y en  regiones tan apartadas y pobres,  que escapan de los  intereses de algunos que han optado por esta posición indolente.
Es claro  que  algunos medios de comunicación comparten intereses que los llevan a orientar  sus análisis y crÃticas, al apoyo de causas que no siempre son las más justas. La influencia de algunos periodistas es  tan grande en la sociedad,  que a veces lucen ante la ciudadanÃa como autoridades, llenando el vacÃo de credibilidad que  dejan algunos funcionarios ya sea por  sus propias conductas o por la que los medios le endilgan.
En este escenario, el Rector  es declarado como el blanco  de crÃticas estructuradas, para algunos fines que no han podido escapar de los criterios de la comunidad intelectual.
La verdad es otra: La sanción la elaboró, fundamentó y aplicó el Consejo Académico, que está  integrado por 32 personas, incluidas autoridades académicas de todo el paÃs, 5 representantes de los profesores, 5 de los estudiantiles , 2 de los administrativos  y el Rector que  preside  y no vota.  A pesar de esto, el sancionado, los medios involucrados y los grupos que aspiran al poder en la institución, insisten en que se trata de un problema entre el Rector y el profesor. Es que el interés por  desacreditar a la persona del Rector prevalece sobre  la intención de que aflore la verdad para ver si el profesor es o no merecedor de la sanción impuesta.
La Universidad de Panamá es lo más tradicional y emblemático con que, en materia de educación superior,  cuenta el paÃs;  sin embargo, con la decisión  de la Corte que hemos comentado, su imagen ha sido lacerada gravemente. Todo por la negativa e intensa publicidad que se ha hecho eco del planteamiento, subjetivo y clara orientación polÃtica, de que se trata de una persecución al profesor ejemplar que se atrevió a denunciar irregularidades.
Es difÃcil que un modelo de Universidad  popular, y no populista como dirÃan los que lo adversan, funcione en un paÃs de libre mercado como el nuestro, sin inconveniente. Es claro que una institución orientada a sectores humildes, que lucha contra la pobreza como la Universidad de Panamá, aparte de no recibir la necesaria y merecida distinción y el apoyo financiero por parte de los gobiernos, es ignorada en una impronta nacional, que ni siquiera apunta a que caracterizaciones tradicionales que han hecho grande a esta Casa de Estudios como la autonomÃa y el mismo desempeño académico, empiezan a cambiar para mal, a partir de la decisión tomada por la Corte, que la entendemos como un reflejo de la conjugación de los intereses que hemos tratado de describir.
Hay que querer más a la Universidad de Panamá y con ello al paÃs que tanto necesita y seguirá necesitando de esta noble Institución.
Panamá, 11 de mayo de 2015
El  autor es  Profesor Titular. Universidad de Panamá
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