La Universidad que queremos
Cuando hablamos de Universidad (con mayúscula) debemos estar conscientes de lo que realmente esto significa e implica. PodrÃamos decir a grosso modo que es donde se produce, circula y transmite el conocimiento cientÃfico, humanista y tecnológico. Es decir, el Pensamiento CrÃtico en su desenvolvimiento.
Separar la crÃtica subjetiva de la objetiva, es una de las primeras tareas que hay que hacer. El debate en torno a la Universidad en Panamá se centra en cuestiones polÃticas confusas. Los interesados en este debate tienen que dar un golpe de timón, y enfocar la cuestión en lo que es relevante para la Universidad.
En primer término, los temas de mayor densidad en la Universidad son la academia y la autonomÃa. La Universidad es academia, pura y dura. En la academia no hay amigos. Lo que vale son los tÃtulos y las ejecutorias, donde tiene que imperar el darwinismo académico, la voluntad creadora, la vocación docente e investigadora. En esto no se puede ceder ni un ápice. La academia tiene que ser el eje rector de la Universidad, sin esto no se puede hablar de tal cosa.
Para que esto funcione, es necesaria la autonomÃa, sobre ello, Bonaventura de Sousa Santos lo explica con la claridad que lo distingue: La autonomÃa cientÃfica y pedagógica de la universidad se asienta en la dependencia financiera del Estado. La dependencia financiera de la Universidad al ejecutivo, es una de las limitantes. Por lo que hay que estar administrativamente en tensión con el gobierno para lograr autonomÃa.
Dado esto, para que la autonomÃa funcione, es necesario funcionarios eficientes con capacidad planificadora, o si no, la autonomÃa no tendrÃa sentido alguno. La Universidad tiene que ser autónoma en su sentido más amplio. No depender de la visión reduccionista del desarrollo nacional que tienen los gobiernos neoliberales. La Universidad tiene que ser el epicentro donde se problematice sobre estas cuestiones.
Temas menos densos se van deshilvanando, pero no dejan de ser también vertebrales. Por ejemplo, seguir con los proyectos, corregir y fortalecer los eslabones débiles. No caer en discontinuÃsmos de proyectos ya en marcha, como la inclusión de los que no podÃan estudiar por estar en el interior del paÃs y zonas de difÃcil acceso donde la Universidad no tenÃa presencia alguna. Es hora de pensar la Universidad más allá de las rencillas de grupos a lo interno de la institución.
Asà estaremos construyendo la Universidad que queremos. Fortaleciendo el proyecto institucional de Universidad que tendrá duras tareas en el siglo XXI.


