Gestión de las Instalaciones Educativas y el Regreso a Clases con COVID-19
La declaración de la Pandemia COVID-19, por la Organización Mundial de la Salud, fue antecedida por la suspensión de clases en la mayorÃa de los paÃses alrededor del mundo. Las instalaciones educativas ya representaban un punto de contagio, debido a la densidad poblacional estudiantil, que poseen; por lo que tomar esa medida y otras acciones fueron asertivas, para prevenir la propagación acelerada del virus y garantizar el funcionamiento eficaz de la capacidad instalada de nuestro sistema de salud.
Hoy luego de casi dos meses de la llegada del enemigo invisible, se escuchan voces que sugieren el regreso a clases en la modalidad presencial.  Sin embargo las autoridades Educativas, han declarado con firmeza que seguirán las instrucciones del Ministerio de Salud y del equipo de especialistas que dan seguimiento al fenómeno epidemiológico que nos aqueja, pero que además tomarán una decisión que no afecte, ni a los estudiantes, ni a la población en general.
Un regreso a clases, implicarÃa tomar en cuenta la desinfección de las instalaciones educativas, la adecuación de entradas a las instalaciones con módulos de aspersión, aplicación de productos de desinfección inocuos a la salud humana, adquisición de equipos para medir la temperatura corporal, uso obligatorio de mascarillas, servicio de agua en los centros educativos, dotación de jabones o soluciones para el lavado constante de manos, disminución de la relación alumno aula por horarios de clases, ampliación de los espacios de circulación en las aulas escolares, entre otras acciones de gestión educativa.
En otras palabras, las instalaciones escolares no podrán ser vistas, de la misma manera que antes del COVID-19, ante la nueva realidad de salud pública. Se requiere crear una cultura institucional de desinfección constante de objetos, lavado frecuente de manos, distanciamiento social y la implementación de barreras de bioseguridad efectivas.
Si bien la población en edad escolar, se encuentran en el grupo etario con menor incidencia en la pandemia, los estudiantes no están solos en las instalaciones escolares, conviven con docentes y personal administrativo, muchos, en edades vulnerables; además pueden ser agentes de movilización del virus hacia sus hogares o cualquier entorno donde interactúen, por lo que aumenta la posibilidad de contagio a otras personas.
Ante un eventual retorno a las actividades educativas cotidianas, una opción sugerida a mediano plazo, puede ser un regreso a clase escalonado, con turnos reducidos, para atender grupos segmentados; además de combinar la modalidad de educación presencial con momentos a distancia. Pues, mientras no se tenga una vacuna o cura definitiva, no podemos pensar que la gestión de las instalaciones escolares será igual o semejante a los tiempos sin COVID-19.
Lo que sà es inexcusable, es que la decisión tomada, debe ser el resultado de evidencias cientÃficas; basada en las realidades de las infraestructuras escolares, su capacidad instalada y con un enfoque de gestión educativa que responda a las necesidades actuales. La educación requiere de acciones sensatas, que midan las consecuencias de un rebrote viral, que evite un colapso total y por ende una crisis que no podamos enfrentar.
Ignoremos los intereses grupales de cualquier tipo, pensemos en las generaciones venideras y sintamos orgullo de la generación que lidera el paÃs, en todos los escenarios actuales.
*El autor es docente y especialista en Administración Educativa.
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