El Papa Francisco, una voz de esperanza en el siglo XXI
«Para el Papa, un buen polÃtico debe generar procesos, con mente abierta, pensando en los intereses de todos y no pensar solo en los espacios que genera el poder.»
El Papa Francisco es el primer jefe de la Santa Sede que habla ante el Congreso de los Estados Unidos. Su discurso abordó temas como la: inmigración, la violencia, los problemas de la familia, la intolerancia, la pena de muerte, el tráfico de armas, la pobreza, el ambiente, la dignidad humana, la resocialización, los problemas de la juventud, y la función de los polÃticos en la sociedad, entre otros.
Sobre esta intervención, me permito solo considerar dos aspectos, de los muchos e interesantes temas que abordó su Santidad: su visión de los polÃticos por una parte y por la otra, su visión de la juventud. Comienzo señalando que ante un escenario de gran poder en la nación y economÃa más poderosa del planeta, el Papa redefine la misión que debe encabezar la clase polÃtica mundial cuando expresa que ella es una vocación que mantiene vigencia si y solo si está orientada a promover el crecimiento de la persona y ese valor se potencia si se orienta a los más vulnerables.Â
En su discurso se reconoce una crÃtica a quienes intentan desviar el bien común que debe tener la polÃtica que es el servicio a la persona humana y no la esclavitud a la economÃa.  La polÃtica debe tener una función de mayor alcance y es que la comunidad comparta su vida social, de justicia, paz y no sólo la satisfacción de intereses particulares, como él lo llama.
Para el Papa, un buen polÃtico debe generar procesos, con mente abierta, pensando en los intereses de todos y no pensar solo en los espacios que genera el poder. El concepto de la superioridad del tiempo sobre el espacio, lo toma del Evangelli Gaudium, donde los procesos son la prioridad y no aquello que reflejan los intereses de diversos grupos o sectores sociales.
Como se verá, hay una clara intención de reordenar las agendas que deben tener las fuerzas que dirigen el mundo, especialmente si cambian sus paradigmas de la polÃtica y la orientación que debe tener la misma en la sociedad. Por ello, reconoce con extraordinaria claridad, que la misión de todos debe ser: devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo asà la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espÃritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.
El segundo asunto, es el de la juventud, el que el Papa observa que es el elemento más vulnerable de la familia y que él considera que es una problemática que la sociedad esquiva. Declara su interés en dialogar con los jóvenes porque en su opinión, ellos son portadores de nobles y altos ideales y a pesar de los ofrecimientos que les hacen distintos sectores, evitan ser divididos.
La juventud es vÃctima de errores producto de la inexperiencia, y muchas veces de la soledad de sus demandas. Su valor histórico radica en la condición de ser el relevo natural de las generaciones presentes, pero necesita del manejo de los procesos, del aprendizaje que la sociedad debe proveerles.
La juventud es la fuente de una energÃa que ofrece posibilidades a las sociedades, cuando ella tiene las herramientas necesarias para conducir o para empujar a las generaciones presentes hacia decisiones y cambios que necesitan los pueblos.
El Papa Francisco lo reconoce en su discurso cuando destaca sus potencialidades futuras, pero señala las amenazas presentes de grandes grupos de ellos que no tienen claridad y sentido en su vida o cuando son arrastrados el flagelo de la violencia o la desesperación, como el mismo lo señala. Esa situación no pueden ignorarlas las generaciones presentes, deben por el contrario acompañar a los jóvenes a encontrar sus sueños, si no los tienen y a hacerlos realidad, si lo han pensado.
Finalmente, el jefe de la iglesia catolica hace una invitación a afrontar con la juventud sus problemas, a no dejarlos solos, a reconocer su complejidad y especificidad, a invitarlos a construir con voluntad sus propias familias, luego de pensar sus sueños. Familias que serán la continuidad de la sociedad humana y la posibilidad de un cambio en el futuro que tenga sus fundamentos en la justicia social, la equidad, el respeto al ambiente, la dignidad humana y la vida.


