Tres veces libre...
Todos tenemos una historia…
¿De dónde vengo? Pienso, de uno de los Panamá. Salí del vientre del único país del mundo que su nombre traducido es abundancia, y mi realidad es la escasez. Dicen: “Que somos abundancia de peces que equivale a comida; y abundancia de mariposas, que representan nuestros sueños”. Pero aquí voy detenido, en la parte de atrás de una patrulla de Control de Multitudes.
A nuestro paso, todos miran hacia dentro para ver sí reconocen algún familiar. Pero así no piensa el que viene detrás nuestro, en su viejo Picanto. Éste, escondido en su gran corbata, no se da cuenta de mi valor y me mira con desprecio; porque no entiende que, soy parte de un bastión de resistencia del cual todos finalmente nos beneficiaremos. Pero por su mirada, asumo que nos cataloga a los conducidos, como maleantes o revoltosos.
Y aquí voy, todo raspado con mi suéter bien revolcao y casi sin voz, viajando con gran sobresalto de sirenas y luces, en éste impregnado a gas patrulla. Sentado cerca a la puerta, va un cabo vestido de verde que se quitó el parche de su apellido, ¡seguro para que no lo reporten! Si alguien supiera cuánto admiré ese uniforme; ya que lo usó mi padre, del cual solo tengo un recuerdo de niño, haberle visto por una vieja foto en la sala de la casa de la abuela.
Ella me contó que: “Él, una tarde de verano, casi al caer la noche, cuando trabajaba de soldado en el Cuartel de Tinajitas en la época de los militares, pidió permiso para ir a la tienda de al lado. Pero al no haber aceras finalizando los años ochenta, caminó por el borde de la calle y un pick up blanco, viejo, con grandes retrovisores; le golpeó por detrás en la cabeza. Y por mucho que trataron de encontrar, ¿quién fue? Nunca supieron”. Ahora, voy detenido a ése cuartel que actualmente usan como cárcel preventiva.
Cuando llegamos mis ojos se hacen grandes y húmedos; pero me esfuerzo para controlar mis emociones. Y mirando por primera vez todo aquel lugar, me cuestiono. ¿Sería así al final de los ochentas? ¿Será que mi padre caminó por aquí?
Al bajarnos de los vehículos, reconozco que casi todos somos los que salimos esa tarde desfilando hacia la Asamblea, protestando contra las Reformas Constitucionales.
Ya en la Sala de Guardia, nos piden las cédulas y un custodio dice: — Jefe, hay unas señoras allá abajo, preguntando por un detenido de apellido… Pero no creo que sea por mí; porque Aminta mi madre de dolores de parto, veragüense, echa pa’ lante´, nos dejó y sé que está con mi “Diosito” allá arriba.
Recuerdo esa última tarde que la vi cuando falté a la escuela Luis Martins, y una tía lejana trajo a un Pastor insistente, el cual oró en un idioma raro y después le hizo repetir a ella una oración. Con eso nos aseguró que cuando ella partiera, iría derechito pal’ cielo. Sin embargo, a mí no pudo convencerme, aunque mi madre me rogó que orara también. Pero le contesté: — Ahora no madre, ahora no… y al poco rato partió.
Al llegar la larga y silenciosa primera noche en mi celda, que comparto con algunos estudiantes universitarios y otros del Suntracs. Meto los brazos dentro del rasgado suéter por el frio, y comienzo a imaginarme el mapa de Panamá; bañado por ambos lados por grandes océanos, con abundantes peces de muchos colores. Y partiendo el territorio en dos en su delgado vientre, vislumbro una brecha de donde salen abundantes coloridas mariposas, y me pregunto: ¿A dónde van esos sustentos? ¿A dónde quedan esos sueños? ¿A quién le pertenecen? Y miro a mi alrededor, buscando un dueño o algún usurpador, y junto a los que conmigo están… No lo encuentro, solo hay compañeros en su silente dolor.
Siendo de madrugada no concilio todavía el sueño, pienso largo rato en el soldado Ábrego mi padre, y al lograr finalmente dormirme, sueño con él: “Era igual a la foto, me sonreía cargándome siendo yo muy pequeño; pero comenzó a desvanecerse en la oscuridad, y le dije: —Papá no me abandones y me aferré a su cuello, mientras la oscuridad me lo quitaba… (Que extraño, no recuerdo nunca haber pronunciado antes esa paternal palabra).
Al despertar lleno de lágrimas en la oscuridad de la celda, todavía mantenía en mis labios la palabra, papá. Sin darme cuenta, sequé mis lágrimas con un trapo, que pensé que era un retazo de bandera del Suntracs, que había quedado tirada en la celda. Cuando amaneció, reconocí que era una pañoleta verde, como las que usaba de bufanda mi padre en la foto… Y volvieron aguárseme los ojos. ¿De dónde había salido ese pañuelo verde? Seguí por dentro a solas sollozando… Cuánto me había hecho falta todos estos años.
Temprano nos ordenó el custodio, que fuéramos en fila hasta el comedor a desayunar. No tenía apetito, mi corazón estaba embriagado por la nostalgia y al sentarnos, un Varón de nuestra mesa, a pesar que no me gusta esa rezadera; comenzó a orar diciendo: Señor, tú que tienes el control de todo y sabes, ¿por qué razón me has traído aquí? Primero te pido que ablandes el corazón de estos hombres, para que puedan acercarse a ti; sabemos que hay familiares que están orando desde hace mucho tiempo por ellos y que éste es el momento para que tú los salves… Y nos dijo, repitan después de mí esta oración: “La Biblia dice que sí confesamos con nuestra boca, que Jesús murió y resucitó por nuestros pecados, y lo creyéramos en el corazón, seríamos salvos”.
Recordé que ésa fue la misma oración que rechacé hacer con mi madre años atrás diciéndole: “Ahora no madre, ahora no”; pero de seguro, éste era mi momento.
Al regresar a mi celda esa mañana, entendí en la soledad de mí infortunio que: Mi padre no me abandonó porque quiso, y ahora me inundaba su sonrisa la que tenía grabada en mi alma. También asimilé que Dios tiene sus tiempos y que no hay lugar que podamos escondernos de su amor.
Y antes que llegara el mediodía, se escuchó una gran conmoción en todas las celdas. Los compañeros emocionados dijeron que nos habían dado libertad a los que estábamos presos por manifestarnos contra las Reformas… Me iba de allí con un sentimiento de ser TRES VECES LIBRE.
Ya en la calle alguien gritó: ¡Sin Luchaaa! Y entendí que… No puede haber victoria.
FIN
El autor es Alférez egresado de la Escuela de Oficiales de la Benemérita Guardia Civil del Perú.


