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El Morir Humano

Por: Azael Del Cid Rodríguez | Publicado el: 31 enero 2018



Establecer el origen etimológico de la palabra muerte nos lleva a trasladarnos hasta el latín. Y es que en concreto descubrimos que aquella procede del vocablo latino mors, mortis que es el que daría lugar con el paso del tiempo al verbo morir (Color, 2013).

La muerte es el término de la vida a causa de la imposibilidad orgánica de sostener el proceso homeostático. Se trata del final del organismo vivo que se había creado a partir de un nacimiento. 

Existen distintos tipos de muerte. Así, en primer lugar, podríamos hablar de la llamada muerte natural que, como su propio nombre indica, es aquella que se produce a consecuencia de la vejez que tiene la persona en cuestión. 

Pero, por otro lado, está la llamada muerte violenta que es aquella que experimenta alguien a raíz bien de un traumatismo contundente y de forma fortuita o bien como consecuencia de que otro individuo ha decidido acabar con su vida. Así, alguien muere de muerte violenta cuando es víctima de un asesino u homicida. 

El concepto de muerte, de todas maneras, ha variado a lo largo de la historia. En la antigüedad se consideraba que la muerte, como evento, tenía lugar cuando el corazón dejaba de latir y el ser vivo ya no respiraba. Con el avance de la ciencia, la muerte pasó a entenderse como un proceso que, a partir de un cierto momento, se vuelve irreversible. 

En la actualidad, una persona puede haber dejado de respirar por sus propios medios y, sin embargo, seguir con vida a través de un respirador artificial. Por otra parte, puede hablarse de muerte cerebral para hacer referencia al cese completo e irreversible de la actividad cerebral. 

Más allá de la biología, existe una concepción social y religiosa sobre la muerte. Se suele considerar a la muerte como la separación del cuerpo y el alma. Por lo tanto, la muerte implicaría el final de la vida física pero no de la existencia. La creencia en la reencarnación también es bastante común (Pérez & Merino, 2009). 

El enfermo terminal es aquel en el cual la muerte es predecible a corto plazo, debido a que la vida no pudo ser extendida ya que su enfermedad no puede ser curada a pesar de contar con un tratamiento terapéutico adecuado. La enfermedad ha cambiado de curativa a paliativa. Este no se margina por poseer una enfermedad terminal; este no cambia el hecho de tener su atención médica; solo indica que sus necesidades y prioridades han cambiado. Se debe hablar con veracidad y no etiquetar el paciente terminal como paciente curable. 

«No se debe exponer a las personas a daños innecesarios; si el beneficio es mayor, entonces se deben reducir al mínimo los riesgos». El respeto por la dignidad humana es primordial, la no maleficencia debe estar entre las prioridades para con los deberes que se tienen como personal de salud hacia un paciente/ enfermo terminal (González, 2011). 

Cuando estamos en una situación de deterioro funcional con una vida corta, comprendemos que los cuidados de los enfermos, pese a los esfuerzos del personal, deben centrarse en el cuidado paliativo. 

«La muerte ocurre cuando el cuerpo pierde la condición para ser vivificado por el alma, y esta se separa. En estas circunstancias, el alma humana, por ser de carácter espiritual, sigue existiendo; pero el cuerpo, al perder su principio unificador y vivificador, su fuerza configuradora, se convierte en un cadáver» (Cadavid, 2008). Entonces el autor afirma, en este párrafo, que la muerte no es más que la separación de alma y cuerpo, y se caracteriza por la descomposición del cuerpo humano, siendo este el proceso natural de toda especie. No es natural que nuestro cuerpo alcance en nuestros tiempos años aproximados a los 120 o más, se espera que cada persona muera en tiempos que las edades no sobrepasen a las 100. 

Entonces, enfocándonos en la parte religiosa, nuestro cuerpo morirá, pero nuestra alma pasará a un mundo mejor donde todos seremos felices y no viviremos momentos de angustia y consternación. No debemos tener miedo, dice la Biblia en muchos de sus versículos Apocalipsis 21:3-4, «Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.», 1 Juan 2:25, «Y esta es la promesa que él nos hizo, la vida eterna». Por tanto, es aquí en donde la espiritualidad y el morir humano juegan un papel muy importante en un enfermo, en donde creemos en Jesucristo que nos dará la vida eterna; en donde no pasaremos más tristezas y todo lo malo acabará, pero para esto se debe creer en él. 

Juan 11:25:  Le dijo Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá».

 

  • Baena, P. G. M. E. (2014). Metodología de la investigación. México, D.F., MX: Larousse

 

El autor es docente de la Facultad de Enfermería Universidad de Panamá.

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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