Algunas reflexiones sobre ética y universidad
Desde nuestro punto de vista es importante reconocer que la universidad es esa entidad orgánica, académica y formativa de enseñanza superior, impulsora siempre de la investigación y formadora de la cultura cientÃfica, tecnológica y humanÃstica; es la instancia académica en sÃ, que desde el primer momento nos proporciona conocimiento y las herramientas educativas necesarias, que nos permita y favorezca el desarrollo, y la realización profesional e integral de todos los que en ellas nos formamos, para luego beneficiar y retribuir de igual forma la sociedad a la que pertenecemos. Gracias a ese compromiso con la sociedad y lo esencial de sus contenidos integrales la convierten en un importante referente nacional e internacional.Â
Comprendiendo entonces lo anteriormente descrito, creo importante hacer una reflexión sobre la interrelación de ética y universidad. Partiendo del hecho que la ética conocida también como la filosofÃa moral, es la que describe la conducta y la obligación efectiva en cada uno de nosotros como individuos; es una disciplina y una decisión interna relativa a lo bueno y correcto de las normas morales que rigen en nuestra conducta como ser humano.Â
En el contexto histórico, Sócrates centró toda su reflexión filosófica en la ética. Pero fue Aristóteles el que estableció la ética como disciplina filosófica, mostrando por ejemplo la relación entre las normas y los bienes, entre la ética individual y la social, la clasificación de las virtudes y defectos o la relación entre la vida teórica y la vida práctica. Â
En ese sentido vale entonces decir que la ética universitaria tiene a su cargo mostrar los medios y elementos más convenientes y debidos para la construcción de un ambiente sociable, encaminado en el cumplimiento de sus fines, misión, visión, principios y valores en esa interrelación con los que nos formamos o adquirimos conocimientos de forma pedagógica, didáctica y libre, y que ello no representa una simple aceptación mecánica de lo que otros piensan, dicen y hacen.Â
Hoy por hoy, nuestra universidad y sus estamentos que la conforman han de estar abiertos y encaminados a los nuevos retos de la innovación, las tecnologÃas, al fortalecimiento e inculcación del pensamiento crÃtico, al progreso, a la búsqueda de la verdad y de soluciones frente a los diversos temas y problemas de nuestra sociedad; como farol y guÃa del conocimiento y conciencia crÃtica de la nación. Â
El Doctor Octavio Méndez Pereira en su momento lo dijo: La Universidad debe ser no sólo una ciudad de edificios construidos de acuerdo con un moderno plan arquitectónico, sino más que todo, un núcleo revolucionario de cultura, con sentido nacional y sentido universal, con poder de atracción constante para el pueblo, fuente constante, también, de integración social y de germinaciones fructÃferas en el porvenir.Â
Pero, nada de eso ha de ser posible, si no se asume una conducta académico-formativa y cientÃfica, una conducta positiva, al igual que un compromiso ético como universitarios que somos. Ya que en ocasiones algun@s, llevados por el comportamiento del juega vivo, la soberbia, la politiquerÃa, el plagio, los prejuicios, o las pasiones equÃvocas; se divorcian de su formación académica y profesional, cayendo en este tipo de conductas o comportamientos negativos, disociables y contrarios a los principios, a los valores éticos y morales de cada uno como ciudadanas.Â
Nuestra sociedad actual está mostrando mayores niveles de exigencia en relación con la calidad de nuestra formación profesional y conducta como ciudadanos; y por ende como universitarios. Tengamos presente entonces, aquel imperecedero pensamiento que nos heredó Octavio Méndez Pereira cuando expresó que: La Universidad asà será la llamada a realizar el milagro de la redención nacional, porque ella inspirará como se debe al elemento sobre el cual gravita la responsabilidad directa del futuro y al cual le tocará resolver con clara visión de nuestro pasado, nuestras necesidades y nuestro porvenir, los problemas económicos-sociales, polÃticos, religiosos e intelectuales de nuestros pueblos, resolverlos con carácter sano y criterio ético elevado y de la manera más conveniente para el desarrollo rápido, amplio, sólido e integral de la nación.Â
Ese ha de ser nuestro norte y nuestro compromiso como universitarios formados y educados; con la capacidad de ser entes realmente creativos y originales en lo que hacemos y producimos, tambien debemos estar en la capacidad de saber disentir y tolerar, tener la capacidad polÃtica al momento de las controversiss o el debate, capaces de reconocer los méritos y créditos (académicos o intelectuales) de los demás; en el marco del respeto ser crÃticos y autocrÃticos, capaces de convivir como ciudadan@s en paz y armonÃa en nuestros espacios, y sobre todo con humildad y educación reconocer las cualidades y capacidades de los demás. Octavio Méndez Pereira, en su momento lo expresó: Sólo la educación y el conocimiento mutuo que crean la simpatÃa y el amor, pueden hacer el milagro de establecer la paz entre los hombres.
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