El agua de la muerte de Rafael Ruiloba
Del libro Perfume del Universo, publicado en Guatemala en el 2014, me ha llamado la atención, el lirismo de los sonetos agrupados bajo el nombre de Sonetos del agua. Agua del Instinto, un soneto erótico, Agua lustral, un soneto mÃstico, Agua muerta, un soneto ecológico, Agua mansa, un soneto moral; Agua fugitiva, un soneto sobre la esperanza, Agua de los sueños, un soneto sobre la conciencia y Agua de la muerte, un soneto filosófico. Es bueno  explicar que el soneto es una composición compleja de la poesÃa clásica en versos endecasÃlabos con acento obligatorio en la sexta y décima sÃlaba para desarrollar una idea poética trascendente en 14 versos divididos en dos cuartetos y dos tercetos.  Lo cierto es que Ruiloba ha ganado nombradÃa literaria a nivel internacional con este libro. Sin embargo, de todo el conjunto el soneto Agua de la muerte es mi preferido, porque encarna la idea de la muerte como sentido de la vida. Â
El agua de la muerte
Hocicando la tumba ya redobla
la vieja ley del tiempo sin final
infiernos aledaños con puntual
calambre de martirios te desdobla
en cada perno que la muerte dobla
en cada gozne que redobla mal
en cada golpe que dobla el puñal
cuando dobla, desdobla o te desrobla
la gran ausencia que de ti se agota
al gotear con lava redentora
el golpe seco de la vida rota,
el tiempo silencioso que te trunca
el hoy sin siempre, sin después, ni ahora,
hasta el jamás de los jamases, nunca.
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En los pueblos antiguos la muerte era la comunión con los ancestros. Bonislav Malinowski (1926) por ejemplo argumenta que la muerte en los grupos antiguos no solo era parte de la vida humana, sino que era  también una necesidad básica que todos los seres humanos debemos satisfacer con respecto al grupo al que pertenecemos. Significa que la muerte la sentimos cuando muere un familiar o un ser querido, porque el muerto no tiene conciencia de la muerte, por eso la muerte de otro la sentimos como nuestra y debemos elaborar duelo ,rituales de misas y enterramiento en busca de consuelo y resignación; la otra forma cultural de la muerte es el ritual social que se le rinde a una persona significativa para  la sociedad, otra forma de la muerte social es  que su valor depende de las causas de su muerte, si andaba en malos pasos , si se durmió al volante, se la buscó. Si fue vÃctima de violencia era buena gente, nos reconciliamos con el muerto como consuelo de que no éramos nosotros.Â
También tenemos la muerte de prestigio: la de un presidente o un empresario o un polÃtico bueno o malo es noticia, pero la muerte de un ciudadano anónimo pasa desapercibida incluso para sus familiares y amigos. Tenemos la muerte en las guerras neoliberales donde se ocultan la cantidad de muertos, y pasan a ser una cifra impersonal que a nadie le importa, la muerte sin sentido de un probable holocausto nuclear.
 Pero la muerte a la que alude Ruiloba no es la idea de la muerte proporcionada por la cultura como la muerte de los otros, su idea poética de la muerte es la muerte como experiencia de vida; como paso del tiempo por el cuerpo, el cual es la muerte hocicado cada dÃa el cuerpo en su desgaste; la muerte  en la ruptura sicológica de la vida rota, que es una forma de muerte en vida, de la cual no nos percatamos, es la muerte que  te dobla con el golpe de los dÃas, con el goteo del tiempo, que se desdobla en los goznes de la casa vacÃa o en el fuego ardiente del dolor que desrobla, como el herrero que calienta el hierro y lo redobla y lo vuelve a doblar varias veces hasta darle una nueva forma para moldearlo con el fuego (desroblar) de esta manera la muerte es la vida que se agota.
La vida que es eterna porque es eterna la muerte, en el cÃrculo del tiempo.  Esta es una muerte sin rito y sin duelo, muerte como desgaste silencioso de la existencia personal, la muerte cotidiana.Â
La autora es docente en la facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá.*
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