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La música típica popular en video se convierte en memoria cultural nacional

Por: Roberto Antonio Pinto | Publicado el: 07 julio 2026



La música típica popular panameña no solo se escuchó: también se vio. Y esa dimensión visual resulta hoy fundamental para comprender su lugar en la cultura nacional. Cuando hablamos, en este caso, de la música de acordeón o de la cumbia panameña, hablamos también de una época en la que los videos musicales ayudaron a fijar en la memoria colectiva a sus artistas, sus estilos, sus formas de presentarse y su relación con el público. Esos registros no fueron un simple complemento promocional. Hoy son prueba audiovisual de una etapa decisiva de la vida cultural del país.

Allí se inscriben las interpretaciones de Victorio Vergara, Ulpiano Vergara, Osvaldo Ayala, Samy y Sandra Sandoval, Los Consentidos, Manuel de Jesús y Abdiel, Alfredo Escudero, Dorindo Cárdenas y muchos otros exponentes de la música típica panameña que también llevaron su obra al video. Las memorias que hoy rescatamos en esas imágenes representan no solo entretenimiento, sino también patrimonio cultural inmaterial, porque documentan los gustos, las prácticas festivas, la presencia escénica de los artistas y la sensibilidad de varias generaciones.

Hubo una etapa, sobre todo entre los años ochenta y noventa, en la que la música típica encontró en el video una forma de expansión nacional. Aquellos materiales permitieron que el género saliera del espacio inmediato de la tarima y del baile en vivo para instalarse también en la televisión, en el VHS y en la memoria doméstica de muchas familias panameñas. A ello se sumó la existencia de programas televisivos que contribuyeron a reforzar esa presencia. Por eso, cuando hoy se piensa en la historia reciente de la música típica, no basta con recordar las canciones: hay que volver también a las imágenes.

Ese es el punto central. Buena parte de la memoria de aquella época sobrevive gracias al audiovisual. Los videos musicales dejaron constancia de cómo se veía la música típica popular en su momento de mayor circulación: cómo vestían los conjuntos, cómo se movían en escena, qué tipo de locaciones se escogían, cómo se representaba la alegría popular y qué relación se establecía entre el artista y su público. Esos elementos no se conservan del mismo modo en el disco ni en la grabación sonora. Solo el video permite recuperar esa experiencia de forma más completa.

La fuerza de esos materiales no dependía necesariamente de una gran sofisticación técnica. Su valor radicaba en la capacidad de mostrar a los músicos en acción y de construir una imagen reconocible del género. Se grababa a los artistas tocando con su conjunto, mientras la cámara alternaba esas escenas con tomas en calles, playas y otros espacios llamativos. Más adelante comenzaron a producirse videos con relatos más elaborados e historias vinculadas a los propios grupos, lo que amplió el lenguaje visual de la música típica. Aunque hoy se produce menos material de ese tipo, debido en parte a la lógica rápida de las redes sociales, aquellos videos siguen siendo fundamentales, porque conservan la huella visible de una etapa de expansión cultural.

Gracias a esa circulación audiovisual, la música típica popular llegó a públicos más amplios. Los videos se transmitían por televisión nacional, se compartían entre comunidades y se guardaban en formatos domésticos que hoy forman parte de archivos familiares y colecciones personales. Esos registros hicieron posible que muchas personas vieran una y otra vez a sus artistas favoritos, incluso fuera del espacio del baile. Así, la música típica no solo sonaba: adquiría también una imagen pública, repetible y duradera.

En esa historia deben reconocerse los aportes de productores y realizadores que ayudaron a dar forma visual a la música típica popular panameña. Entre ellos destacan Francisco Pascual Velasco, Gerardo Goliz, Carlos Arosemena, Maco Guerrero y, en etapas anteriores y posteriores, otros nombres como Guillermo Jiménez, cuyos aportes también fueron relevantes, aunque en muchos casos no exista hoy un registro completo o suficientemente visible de su trabajo. Recordarlos es necesario, porque el crecimiento de la música típica en video no dependió solo de los artistas, sino también de quienes supieron traducir esa energía musical en imágenes capaces de permanecer.

Las memorias de Victorio Vergara, Osvaldo Ayala, Alfredo Escudero, Samy y Sandra Sandoval, Dorindo Cárdenas y muchos otros artistas, que hoy rescatamos en video, representan un acto importante de preservación cultural. En el caso de Victorio, esos registros tienen un valor todavía más profundo, porque mantienen viva su presencia artística. En los demás casos, el video documenta trayectorias, estilos y momentos decisivos de la música típica panameña. No se trata de afirmar que todos esos artistas pertenezcan únicamente al pasado, sino de reconocer que el archivo audiovisual conserva etapas de su obra que, de otro modo, quedarían dispersas o dependerían solo del recuerdo oral.

Por eso, el video musical de la música típica popular funciona como archivo vivo. Permite ver cómo se interpretaba un repertorio, cómo se armaba una presentación, cómo se organizaba la imagen del conjunto y cómo se representaba visualmente una parte de la cultura popular panameña. También permite estudiar detalles que de otro modo se perderían: maneras de bailar, formas de vestir, usos del espacio, gestos de los músicos, vínculos con el público y cambios en la puesta en escena. En nuestro caso, además, estos materiales han servido como referencia para investigar la saloma de la mujer en la música típica, lo que confirma su valor no solo artístico o nostálgico, sino también académico y cultural.

Este rescate resulta especialmente importante porque muchos de esos videos existen hoy en formatos frágiles: VHS que se deterioran, cintas que se extravían y archivos digitales sin catalogación clara. De allí que preservar esta memoria exija digitalización, organización, conservación y acceso. No basta con saber que esos materiales existieron; es necesario identificarlos, protegerlos y ponerlos a disposición de estudiantes, investigadores, comunidades y nuevos públicos.

El acordeón físico se desgasta con el tiempo: la madera envejece, las teclas se dañan y el instrumento exige reparación constante. Pero el acordeón en video permanece. Permanece como documento, como memoria y como prueba de una época en la que la música típica popular panameña encontró en el audiovisual una forma duradera de presencia. Gracias a esos registros, las generaciones futuras podrán seguir viendo y estudiando el legado de Victorio Vergara, Ulpiano Vergara, Osvaldo Ayala, Alfredo Escudero, Dorindo Cárdenas y de otras figuras y agrupaciones que dieron forma a este género.

Preservar la música típica en video no es solo guardar imágenes del pasado. Es reconocer que esos registros audiovisuales son testimonio de una época, evidencia de un fenómeno cultural y memoria visible de artistas que marcaron la vida nacional. El video, en este sentido, no fue un acompañamiento menor: fue el medio que dejó constancia de cómo una parte esencial de la cultura popular panameña se vio a sí misma y quiso ser recordada.

El autor es Roberto Antonio Pinto Rodríguez, Doctor en Ciencias de la Comunicación Social y profesor de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad de Panamá, especialista en medios de comunicación y cultura.

 

 

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