El talento narrativo de Justo Arroyo en el relato ‘La pregunta’
En esta ocasión, me enfocaré en una de las mejores narradores de la literatura panameña, de quien el reconocido crÃtico argentino Mempo Giardinelli ha dicho que en los cuentos pertenecientes a la obra  Héroes a medio tiempo¸ ganadora del Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán, «es un entramado que mezcla virtudes: tensión e intensidad, clima y tipos, sorpresa y poesÃa. Su autor se llama Justo Arroyo, es un talentoso cuentista latinoamericano y yo celebro haberlo leÃdo». Son once los relatos que conforman este trabajo de Arroyo, los cuales confirman la calidad señalada por Giardinelli. Y es que Arroyo, sin duda de ninguna clase, tiene una gran pericia narrativa. Para demostrar mi afirmación me valdré del cuento titulado La pregunta, con el que abre la colección.
En primer lugar, Arroyo utiliza hechos comunes para elaborar sus relatos.  En este caso, ubica a los personajes en un restaurante al cual llega un hombre de edad avanzada, con una ropa limpia, aunque carente de elegancia, lo cual es compensado por el aire de superioridad que tiene, el cual lo hace notorio entre todos los presentes del local. Ningún mesero quiere servirle, los comensales se percatan de que el hombre se convierte en el epicentro de todas las miradas. Con elegancia, pide lomo al mesero que se arriesga a servirle.
Al poco tiempo, aparece el mesero con dos porciones de lomo, las cuales eran delgadÃsimas. AquÃ, el narrador se vale de la exageración, pues afirma que de una libra de lomo se sacan cien telitas y hace una relación de costos: el precio de la libra de lomo es de cuatro balboas; se corta en cien unidades que se venden a cuatro dólares cada una, lo cual se emplea como sÃmbolo para demostrar la realidad en la que nos ha sumergido el capitalismo salvaje en el que vivimos. Cuando el comensal ve la porción tan delgada que se le ha servido, le reclama al mesero, quien trata de desviar la pregunta con que habÃa sido interpelado, con la que se le cuestiona lo caro del platillo.  El mesero trata de evadir infructuosamente la pregunta y, al no poder eludirla, termina llorando. Esto obliga a que el chef salga de la cocina y le proporcione un poco más de lomo al hombre y, ante las miradas escrutadoras del resto de los comensales, tiene que hacer lo mismo con el resto de los presenten, ya que tienen la esperanza de que el hombre de la ropa rancia pida pollo, lo que nos lleva a imaginarnos la cantidad que se sirve en el restaurante.
Se puede advertir que los elementos señalados están presentes en el relato, el cual atrapa al lector desde el primer momento y lo somete a continuar la lectura; lo más importante es que no lo hace por medio del interés que pueda prestársele al tema, sino que lo hace por la habilidad narrativa con la que el relator lo engancha convirtiéndolo en un ser tan manejado como los comensales paralizados en espera de ver las acciones del extraño hombre que reclama, que es sÃmbolo de protesta ante el capitalismo salvaje que a todos nos agobia.
La autora pertenece al Departamente de Español


