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La mesa técnica que nació sin los obreros

Por: Nancy Pretto | Publicado el: 14 mayo 2026



La construcción panameña no se entiende solamente desde los planos, las inversiones o los indicadores económicos. Se entiende también desde el cuerpo de quienes la han levantado. Desde las manos curtidas por el cemento, desde los andamios, desde las madrugadas, desde los accidentes que muchas veces no ocupan titulares y desde las familias que dependen de un salario ganado bajo el sol.

Por eso, la llamada mesa técnica de la construcción, presentada como un espacio para discutir la reactivación del sector, el empleo y posibles reformas laborales, nació marcada por una ausencia difícil de justificar: la de los sindicatos más representativos del país, particularmente el SUNTRACS y la CONUSI.

La preocupación del movimiento obrero no es un asunto de forma. Es de fondo. Si una mesa pretende discutir el futuro de la construcción, no puede dejar fuera a quienes históricamente han representado a los trabajadores de esa industria. Y mucho menos en un país donde los derechos laborales dentro del sector no fueron concesiones espontáneas, sino conquistas obtenidas tras décadas de organización, huelgas, sacrificios y negociación colectiva.

Marco Andrade, secretario general de la CONUSI, lo resumió con claridad al advertir que “las representaciones sindicales más representativas son las que deben estar en los diálogos y las que deben representar realmente a los trabajadores”. Su señalamiento apunta directamente al corazón del conflicto: una mesa técnica sin representación obrera legítima corre el riesgo de convertirse en un espacio donde se hable de los trabajadores, pero sin los trabajadores.

SUNTRACS: una lucha obrera que no nació ayer

El SUNTRACS no es un actor menor dentro de la historia laboral panameña. Durante más de cinco décadas, el sindicato ha sido protagonista de las principales luchas obreras de la construcción. Su presencia ha estado ligada a la negociación de convenciones colectivas, mejoras salariales, medidas de seguridad, estabilidad laboral y defensa de derechos en una industria históricamente riesgosa y desigual.

Esa historia explica por qué su exclusión provoca tanta tensión. Para miles de obreros, el sindicato no representa únicamente una sigla o una dirigencia; representa una red de protección frente al abuso, el despido, la informalidad y la precariedad.

Yemir Córdoba, secretario general encargado del SUNTRACS, advirtió que los trabajadores no permitirán que se desconozcan conquistas históricas. “No vamos a permitir que las condiciones laborales que hemos conquistado por más de 50 años nos las vayan a arrancar”, expresó. La frase condensa la memoria de una lucha larga, muchas veces dura, que marcó el desarrollo de la construcción panameña.

En el fondo, el temor sindical es que bajo el lenguaje de la “modernización”, la “reactivación” o la “dinamización del empleo” se intente abrir la puerta a un retroceso laboral. Córdoba también lo planteó de manera directa al señalar que, “con la excusa de dinamizar el empleo”, se podrían precarizar las condiciones de trabajo.

Para los dirigentes obreros, la preocupación no es abstracta. Hablan de salarios, jornadas, cláusulas de protección, estabilidad, seguridad y condiciones reales dentro de las obras. Hablan de derechos que se sienten en la vida diaria del trabajador y de su familia.

Persecución sindical y una mesa bajo sospecha

La instalación de esta mesa técnica ocurre en un momento especialmente sensible para el movimiento sindical panameño. El SUNTRACS enfrenta una demanda de disolución impulsada desde el gobierno, mientras sus dirigentes denuncian una ofensiva política y legal contra el sindicalismo combativo.

La CONUSI también ha denunciado desconocimiento de su representación en distintos espacios laborales. Andrade cuestionó que no se tome en cuenta a las organizaciones más representativas y advirtió que la comisión técnica podría ser utilizada para discutir temas laborales sin una participación sindical real. Según el dirigente, incluso la resolución que da origen a la comisión presenta dudas, pues “no tiene número, no tiene fecha, no es firmada por el presidente de la Asamblea”.

Ese señalamiento aumenta la desconfianza. Si el documento que abre la puerta a una discusión tan delicada no está suficientemente claro, la pregunta es inevitable: ¿qué se busca realmente con esta mesa técnica?

Andrade fue más allá al advertir que ya existen antecedentes de retrocesos dentro del sector. Según sus declaraciones, “eliminaron del convenio colectivo catorce cláusulas y más de cincuenta cláusulas fueron reformadas para precarizar el trabajo”. Para el sindicalismo, esa denuncia muestra que el debate no gira únicamente alrededor de una comisión, sino de un posible rediseño de las reglas laborales de la construcción.

La situación actual: empleo, precarización y representación

Panamá atraviesa una realidad laboral compleja. El desempleo, la informalidad y el alto costo de la vida golpean a miles de familias. En ese escenario, cualquier discusión sobre empleo debe ser seria, amplia y transparente. Pero para el movimiento obrero, la generación de empleo no puede convertirse en excusa para reducir derechos.

Córdoba advirtió que el problema del desempleo debe ser enfrentado como país, pero sin imponer fórmulas que precaricen el trabajo. En sus declaraciones, insistió en que la Organización Internacional del Trabajo promueve el concepto de empleo decente, mientras que desde sectores políticos se impulsan medidas que, según los sindicatos, podrían rebajar condiciones laborales.

Ahí está uno de los puntos más sensibles de la discusión: la diferencia entre crear empleo y crear empleo digno. No todo puesto de trabajo garantiza estabilidad. No todo salario permite vivir. No toda contratación significa protección laboral. Para los sindicatos, aceptar empleo precario como solución a la crisis sería trasladar el costo de la reactivación económica a los trabajadores.

La mesa técnica podría ser una oportunidad para discutir con seriedad el futuro de la construcción. Pero para que tenga legitimidad, debe incluir a quienes han sostenido históricamente el sector desde la base obrera. Una mesa sin los sindicatos más representativos nace incompleta y bajo sospecha.

Porque la construcción no se levanta únicamente con capital, maquinaria o permisos. Se levanta con trabajadores. Y si se va a discutir el futuro de esa industria, los obreros no pueden aparecer como convidados de piedra.

La pregunta que queda abierta es profunda: ¿se quiere construir una política laboral con los trabajadores o sobre los trabajadores?

De esa respuesta dependerá no solo el futuro de la mesa técnica, sino también el rumbo de la representación sindical en Panamá.

La autora es Periodista

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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