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La tutoría Universitaria

Por: Yadira Medianero | Publicado el: 29 abril 2026



 “Los nuevos contextos, las nuevas formas de enseñanza y los nuevos objetivos que la sociedad demanda a los sistemas educativos exigen un desarrollo profesional continuo a los profesionales de la educación, que les permita adquirir nuevos dominios y competencias para poder dar respuestas adecuadas e innovadoras ante los sucesivos cambios y reformas que se presentan” (Arredondo, 2007:141).

Las universidades, como parte del sistema educativo no son ajenas a los profundos cambios que sufre la sociedad, ya que de ellas egresan los hombres y mujeres que ven en la educación una mejor calidad de vida y su participación como ciudadano activo. En este sentido, las universidades se encuentran en un proceso de reingeniería de sus modelos académicos, para mejorar la calidad de los aprendizajes de los estudiantes, así como la práctica pedagógica del profesor, y a la vez dar respuesta a los problemas que aquejan a los estudiantes, como son: la deserción, el rezago, el bajo rendimiento académico, entre otras.

Para afrontar estos retos, las universidades recurren cada vez más a la tutoría académica, que ha adquirido un papel fundamental en la educación superior en los últimos tiempos, donde la orientación personalizada ayuda a los estudiantes a desenvolverse en su trayectoria académica.

A la tutoría se le asocia con otras terminologías, como: Ayo, preceptor, mentor, instructor, consejero, guía, orientador etc. que nos lleva a múltiples definiciones.

Sin embargo, para delimitar el marco de referencia y facilitar la comprensión del concepto de “tutoría” que se utilizará en este escrito tomamos como base una serie de definiciones aportadas por la Real Academia de la Lengua Española, autores reconocidos del campo tutorial, asociaciones universitarias y organismos internacionales, vinculados a la Educación Superior.

Etimológicamente la palabra tutoría se deriva del latín Tutor, que significa defensor, protector, guardián, persona que ejerce la tutela (RAE, 1992); por su parte, tutor proviene del verbo Tueor. De manera más específica, tendríamos que decir que su raíz latina es tueri, equivalente a proteger o tutare: Tuor – observo, tues –observas, tueri – observancia, tuti – observado (p.e. “él ha sido observado”), tutum – observado u observación. Como se puede apreciar, involucra la acción de un sujeto que “mira detenidamente” la conducta, el comportamiento, el accionar de otro sujeto para posteriormente intervenir en su educación, según Guerrero (2014: 1, 2).

La tutoría, en distintas formas de expresión, y en su configuración actual es el resultado de un largo proceso, pues ha estado presente a lo largo del desarrollo de la humanidad. La historia muestra múltiples evidencias de este fenómeno, en el que en distintos momentos, personas e instituciones representan la presencia de la tutoría como estrategia para transmitir conocimientos de una generación a otra, en un marco de ayuda, de orientación y acompañamiento para el desarrollo armónico y sostenible de la sociedad. Una muestra del interés por el desarrollo de la modalidad tutorial, pero esta vez a nivel continental lo es la declaración de intención que se aprecia en distintas referencias al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).

Miguel A. Zabalza (2003), señala que “La enseñanza trasciende el espacio de las aulas y de lo que se hace en ellas. El profesor debe y tiene que preparar a conciencia su materia, el desarrollo de sus intervenciones y la actuación a desempeñar en su acción docente y tutorial. De hecho, los procesos de convergencia en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) en el cual estamos inmersos, hacen patente y relevante el trabajo previo del profesor”, citado por los autores Quintanal & Miraflores (2013:25).

La tutoría cumple un rol importante en el ámbito universitario, como estrategia de innovación educativa, enmarcada en una visión humanística e integral de los aprendizajes, buscando el desarrollo de las dimensiones de manera armónica del individuo. Además,  constituye un elemento importante en la formación integral del estudiante que requiere incrementar su rendimiento académico, a través de un conjunto de actividades propuestas por el profesor, con el objetivo de minimizar la deserción, el rezago, abandono y el ausentismo en las aulas de clases. También es oportuno señalar, que la tutoría es una modalidad que se enmarca en los principios de prevención y desarrollo personal y profesional.

En conclusión la tutoría como actividad inherente a la orientación educativa y personal-social es un instrumento fundamental que facilita el desarrollo integral de los estudiantes, va más allá de transmitir conocimientos de una disciplina, para formar personas capaces de adaptarse a cualquiera situación o ser resilientes a situaciones fortuitas o adversas de la vida.

La autora es Magíster y profesora en el Instituto Centroamérica de la Administración y Supervisión de la Educación- ICASE.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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