¿Natural para el corazón? Todo lo que debes saber sobre el ginkgo y el ajo antes de usarlos
En Panamá, cada vez es más común encontrar en farmacias y mercados productos naturales que prometen beneficios para la salud del corazón. Entre los más populares destacan el ginkgo (Ginkgo biloba) y el ajo (Allium sativum), dos plantas ampliamente utilizadas tanto en suplementos como en prácticas tradicionales. Sin embargo, aunque estos productos pueden aportar beneficios, es fundamental entender que no son sustitutos de los medicamentos y que su uso debe ser informado y responsable. El interés por los productos naturales ha crecido en los últimos años, especialmente en el área cardiovascular. Muchas personas buscan alternativas para controlar la presión arterial o mejorar la circulación. No obstante, este enfoque puede ser riesgoso si se abandona el tratamiento médico. Ningún producto natural debe reemplazar un medicamento indicado por un profesional de la salud, ya que esto puede comprometer el control de enfermedades crónicas (Rasheed, 2024).
El ginkgo es uno de los suplementos más comercializados a nivel mundial. Se obtiene de las hojas del árbol y contiene compuestos activos como flavonoides y terpenos, que actúan sobre la circulación sanguínea. Estudios experimentales han demostrado que sus extractos pueden mejorar la función vascular y ejercer efectos protectores en situaciones de isquemia, es decir, cuando hay disminución del flujo sanguíneo hacia el corazón o el cerebro. También puede favorecer la vasodilatación, lo que contribuye a mejorar la circulación. Por estas razones, se ha utilizado principalmente en trastornos circulatorios, aunque sus efectos pueden variar según la dosis y la duración del tratamiento (Smith et al., 2020). Sin embargo, a pesar de sus posibles beneficios, el ginkgo no está exento de riesgos. Uno de los principales es su efecto sobre la coagulación sanguínea. Se ha documentado que puede aumentar el riesgo de sangrado, especialmente cuando se combina con medicamentos anticoagulantes como la warfarina, la aspirina o la heparina. Este efecto puede representar un riesgo importante, sobre todo en personas con enfermedades cardiovasculares o que requieren este tipo de tratamiento. También puede interactuar con medicamentos metabolizados en el hígado, como algunos antihipertensivos, ansiolíticos y antiinflamatorios. Incluso se han reportado eventos adversos cuando se combina con algunos antidepresivos, lo que resalta la importancia de su uso supervisado.
Por otro lado, el ajo es uno de los productos naturales más utilizados en el cuidado cardiovascular, tanto en forma de suplemento como en su consumo directo. Muchas personas ingieren un diente de ajo diariamente con la creencia de que ayuda a reducir la presión arterial. Aunque esta práctica es común, no sustituye un tratamiento médico y debe manejarse con precaución. El ajo contiene compuestos azufrados como la alicina, responsables de sus efectos farmacológicos. Entre sus principales beneficios se encuentran su acción para reducir el colesterol, disminuir la presión arterial y prevenir la formación de coágulos. Estos efectos lo convierten en un coadyuvante potencial en la prevención de enfermedades cardiovasculares (Banerjee & Maulik, 2002). No obstante, el ajo también presenta riesgos importantes cuando se combina con medicamentos. Su efecto antiagregante puede aumentar el riesgo de sangrado si se utiliza junto con anticoagulantes. Asimismo, puede potenciar el efecto de medicamentos antihipertensivos, provocando descensos excesivos de la presión arterial. Otro aspecto relevante es que el ajo puede interferir con la metabolización de ciertos fármacos, alterando su concentración en el organismo. Esto demuestra que incluso productos naturales pueden tener un impacto significativo en la terapia farmacológica.
En la vida cotidiana, uno de los errores más frecuentes es asumir que, por ser naturales, estos productos son completamente seguros. Esto lleva a que muchas personas los utilicen sin informar a su médico o incluso sustituyan sus medicamentos por ellos. Por ejemplo, dejar un antihipertensivo para consumir ajo diariamente puede poner en riesgo el control de la presión arterial y aumentar la probabilidad de complicaciones. Por ello, es fundamental promover un uso responsable de estos productos. Tanto el ginkgo como el ajo pueden ofrecer beneficios cuando se utilizan adecuadamente, pero siempre deben considerarse como complementos y no como reemplazos del tratamiento médico. Además, es imprescindible tener en cuenta sus posibles interacciones y efectos adversos.
Los productos naturales como el ginkgo y el ajo pueden desempeñar un papel importante en el cuidado del sistema cardiovascular, pero su uso debe basarse en evidencia científica y supervisión profesional. En Panamá, donde su consumo es frecuente, es clave fomentar la educación en salud para evitar riesgos innecesarios. Comprender que “natural” no significa “inofensivo” es esencial para tomar decisiones informadas y proteger la salud.
La autora es Magíster y Docente de la Facultad de Farmacia


