El Sesgo del Algoritmo: Ética y Diversidad en el Consumo Audiovisual de 2026
En el entorno digital moderno, la creación audiovisual no se detiene en un punto dado en el tiempo, sino que el proceso se completa solo después de que el contenido se origina en un dispositivo (o servidor) y sus recomendaciones (por ejemplo, streaming) llegan al usuario. El impacto de estos sistemas en el gusto estético y la opinión popular es indiscutible en 2026. Pero esta mediación técnica crea un profundo dilema ético: el equilibrio entre el consumo personal en un extremo y el pluralismo cultural en el otro. La producción audiovisual, entonces, significa que ni siquiera podemos comenzar a ignorar las estructuras invisibles que dictan quién ve qué y bajo qué sesgos.
De hecho, la Asociación Americana de PsicologÃa (2020) subraya la necesidad de estudiar cómo la tecnologÃa moldea el comportamiento humano y la percepción de la realidad. En este sentido, los algoritmos de "filtrado colaborativo" a menudo construyen cámaras de eco en las que el espectador solo encuentra contenido que confirma sus sesgos preexistentes. Manovich (2023) señala que estamos enfrentando una analÃtica cultural que será impulsada por la necesidad de retención eficiente de usuarios a expensas de la serendipia y la identificación de historias marginales o disidentes.
Sociológicamente, Castells (2023) sostiene que el poder en la sociedad en red reside en los protocolos de comunicación. Cuando estos protocolos (algoritmos) valoran el contenido que es emocionalmente manipulador para maximizar el tiempo de pantalla, la producción audiovisual se ve obligada a encajar en fórmulas de "sensacionalismo algorÃtmico". Esto plantea un riesgo fundamental para la calidad del cine y la autonomÃa del autor que, presionado a escribir con máquinas incluso a costa del ser humano mismo, termina produciendo para máquinas en lugar de para humanos.
En un intento por mitigar este papel, Scolari (2024) propone una nueva alfabetización transmedia que enfatiza no solo el uso de herramientas, sino una comprensión más profunda de las interfaces a través de las cuales consumimos. Los productores de proyectos audiovisuales de 2026 deben entender que su trabajo tendrá que competir en un mercado sesgado por datos demográficos y preferencias de navegación. Las facultades de Cine y Comunicación deben enseñar cosas como "Ética de Datos", donde los creadores pueden ser educados para resistir la homogeneización cultural dictada por sistemas automatizados que impregnan la academia.
Al hacer esto, considero una reflexión ética sobre cuál es la responsabilidad y rendición de cuentas de los creadores audiovisuales cuando se enfrentan a sistemas algorÃtmicos. No se trata solo de conocimiento, sino de aprender cómo funcionan los mecanismos de recomendación, sino de decidir conscientemente hacer o no hacer algo, al consumir o producir lo que se ajusta a un modo especÃfico de pensar o es contrario a la forma en que opera una máquina de recomendaciones.
Hay una tensión más profunda para la producción audiovisual en 2026: replicar modelos dominantes que garantizan reconocimiento inmediato, o apostar por historias que, aunque menos favorecidas por el algoritmo, amplÃan la vida cultural del público. Y es una decisión obvia, no simplemente para enfrentarse a la sistematización del gusto, sino también para rechazar la erosión de la diversidad simbólica. En este sentido, el creador se vuelve polÃtico en una red digital; capaz de desafiar la lógica de la optimización o reforzarla.
De manera similar, el usuario no debe ser visto solo como un consumidor, sino también como un sujeto de dinámicas de manipulación sutiles por las cuales el usuario se vuelve repetidamente o cada vez más personalizado. El espejismo de la elección en internet es frecuentemente una ilusión que oculta una curadurÃa insidiosamente invisible, moldeando la visión del mundo. AsÃ, las personas viven en un espacio de realidad mediática, mediado en sus propios datos, lo que, a su vez, produce una fragmentación de la experiencia colectiva.
La producción audiovisual deja de ser un sitio comunitario de creación cultural y se convierte en microhistorias autocomplacientes, socavando la comunidad y el diálogo social.
Además, la responsabilidad recae en la transparencia de las plataformas. Como escribe Han (2024), la transparencia es la destructora de la narración real, ya que el exceso de información en los algoritmos extingue el misterio y la interpretación subjetiva que hace que el arte sea tan interesante. La producción audiovisual tiene que luchar por recuperar los espacios de ambigüedad y desafÃo intelectual que los algoritmos de recomendación intentan eliminar en lugar de la previsibilidad.
En conclusión, la ética de los algoritmos de recomendación es el nuevo campo de batalla en la comunicación audiovisual. La producción de imágenes de alta calidad no es efectiva. Es esencial confrontar y reformular las formas en que la tecnologÃa puede ser utilizada para controlarlas. La autorÃa en 2026 también señala una militancia por la diversidad, de modo que el algoritmo sea una herramienta para expandir el conocimiento y no una jaula de cristal que limite nuestra visión del mundo.
Referencias Bibliográficas
- American Psychological Association. (2020). Publication manual of the American Psychological Association (7th ed.).
- Castells, M. (2023). La era de la información: economÃa, sociedad y cultura. Alianza Editorial.
- Han, B.-C. (2024). La crisis de la narración. Herder Editorial.
- Manovich, L. (2023). Cultural Analytics in the Age of AI. MIT Press.
- Scolari, C. A. (2024). Leyes de la interfaz: Diseño, ecologÃa y evolución del ecosistema mediático. Gedisa.
La autora es Doctora y Docente de la Facultad de Comunicación Social


