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Seguridad y Soberanía Alimentaria en Panamá: Un reto que nos toca a todos

Por: José Ángel Samaniego | Publicado el: 17 marzo 2026



Hablar de seguridad y soberanía alimentaria hoy va más allá de las cifras económicas; es un asunto de derechos humanos. En un mundo marcado por pandemias y conflictos, garantizar que las familias tengan acceso a comida nutritiva y asequible es el desafío más urgente para Panamá y Latinoamérica.

La realidad de nuestro bolsillo revela una verdad incómoda: existe una relación directa entre lo que gana un panameño, la inflación y nuestra dependencia de traer alimentos del extranjero. La idea central es clara: de nada sirve negociar mejores salarios si no somos capaces de producir nuestros propios alimentos. Sin avanzar hacia la soberanía alimentaria, cualquier aumento de sueldo será insuficiente para garantizar una vida digna.

¿Qué significa realmente seguridad alimentaria? Más allá de la técnica, es la tranquilidad de saber que, en cualquier momento, tú y tu familia pueden poner en la mesa alimentos suficientes y saludables. No se trata solo de llenar el estómago, sino de tener la libertad de elegir una dieta adecuada sin preocupaciones constantes.

Sin embargo, los datos del INEC y la FAO muestran una paradoja estructural. Aunque el Índice de Precios al Consumidor (IPC) en Panamá parece moderado, los precios internos siguen altos porque el sistema local amplifica los costos globales mediante especulación. Panamá tiene el mayor déficit agroalimentario de Centroamérica: en 2023, importamos $2,800 millones y exportamos solo $1,300 millones.

Panamá

$1500 millones (2023)

Costa Rica

Superávit de $300 millones

Nicaragua

Déficit de $700 millones

El Salvador

Déficit de $900 millones

Fuente: Elaboración Propia con datos CGR

Esta dependencia extrema convierte cada crisis global en una crisis doméstica. Si el trigo sube en Chicago, repercute directamente en el precio del pan en tu hogar. Nuestras vulnerabilidades son críticas:

Trigo:

100% importado (principalmente de EE.UU., Canadá y Argentina).

Arroz

Aunque hay producción local, se importa cerca del 40% (de Tailandia, Vietnam, Estados Unidos).

Aceites vegetales

80% importados (palma, soya, girasol).

Lácteos procesados

70% importados

Fertilizantes e insumos agrícolas

90% importados.

Fuente: Elaboración Propia con datos CGR

Esta situación erosiona el poder adquisitivo de los trabajadores. El salario mínimo, aun cuando se ajusta periódicamente, no logra compensar el impacto de los precios internacionales ni las distorsiones internas del mercado.

En conclusión, la seguridad alimentaria en Panamá revela una fragilidad evidente. Mientras dependamos del exterior para lo básico, nuestra estabilidad estará en riesgo. Avanzar hacia la soberanía no es solo una meta económica, es la única vía para asegurar que el esfuerzo de los panameños se traduzca realmente en bienestar, dignidad y tranquilidad en la mesa.

El autor es Magíster y Profesor de la Facultad de Economía

 

 

 

 

 

 

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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