Subdesarrollo Cognitivo en la Postpandemia desde una Perspectiva ClÃnica
Cuando hablamos de subdesarrollo cognitivo nos referimos más a un fenómeno psicológico, el cual está acompañado de un problema educativo, que nos permite observar los puntos débiles revelados por la crianza y la educación cuando estas son arrastradas por crisis globales. Han transcurrido cuatro años después de haber vivido la pandemia por COVID-19, y nuestros sistemas sanitarios, educativos y comunitarios muestran una recuperación de parte de la estabilidad perdida. Sin embargo, los registros estadÃsticos desde el punto de vista de la psicologÃa clÃnica nos muestran una realidad menos visible, pero extremadamente inquietante: un aumento significativo de cuadros asociados a subdesarrollo cognitivo, especialmente en niños y adolescentes que atravesaron etapas crÃticas de maduración durante los periodos de confinamiento y disrupción escolar.
Muchas personas en nuestra sociedad perciben la generación afectada como perdida, sin embargo, discrepo de ello, ya que no está perdida como tal, sino que requiere apoyos extraordinarios por efecto del evento extraordinario vivido. La pregunta serÃa, a qué estamos dispuestos como sociedad para hacer que la recuperación de esta sea posible. Lo planteamos de esta forma, ya que son cientos de padres que no reportan un fenómeno aislado, sino que sus reportes se enfocan en dificultades inusuales de atención, dilaciones en el lenguaje, problemas de función ejecutiva, retraso académico y déficit en estrategias de regulación emocional. Lo que estamos observando es la consecuencia de un evento colectivo que alteró el desarrollo de millones de cerebros jóvenes mientras estaban en plena construcción.
Conforme con lo anterior, la intención es realizar un análisis crÃtico de lo que consideramos como una crisis silenciosa desde la perspectiva de la psicologÃa clÃnica.
Desde la psicologÃa clÃnica el concepto de subdesarrollo cognitivo es entendido cuando un niño, adolescente o incluso adulto muestra un desempeño / ejecución significativamente por debajo de lo esperado en habilidades mentales básicas como lo son: atención, memoria de trabajo, autorregulación, planificación, comprensión verbal o razonamiento lógico. Su origen no es monocausal sino multicausal, por las diversas condiciones ambientales adversa que afectan la maduración durante un perÃodo prolongado. Cabe destacar que no necesariamente implica una discapacidad ni un trastorno neuropsicológico permanente. En el contexto postpandémico, el término describe una dilación o rezago evolutivo que aparece como desajuste entre la edad cronológica, las habilidades cognitivas esperables para dicha edad y el rendimiento escolar o funcional observable.
Lo anteriormente señalado compromete mecanismos psicológicos y neurocognitivos que mencionamos a continuación:
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- La evidencia clÃnica muestra un aumento notable de retrasos en adquisición de vocabulario, dificultades pragmáticas y menor tolerancia a la frustración; todos elementos directamente relacionados con oportunidades de socialización ricas y continuas.
- Con la pandemia se generó un ambiente de estrés prolongado tanto en adultos como en menores, lo cual conllevó a atención dispersa, disminución en el accionar de la memoria de trabajo, problemas para reprimir impulsos y dificultad para adaptarse a cambios, modificar estrategias (funciones ejecutivas).
- Ambientes familiares poco propicios para el aprendizaje debido a que imperaba la improvisación en el plano virtual, pobre o nulo acceso digital y sobrecarga económica.
En consecuencia, las manifestaciones clÃnicas que se han vuelto patrones frecuentes de observación en la práctica diaria son: dificultad en el accionar de las funciones ejecutivas (organizar tareas, mantener rutinas, planificar acciones que requieren varias fases), dificultades atencionales (severidad en seguir instrucciones, concentrarse y mantener el esfuerzo mental), limitación en el desarrollo del lenguaje en los preescolares (problemas para construir frases complejas, vocabulario reducido, etc.), desregulación emocional (baja tolerancia a la frustración, llanto fácil, irritabilidad, ansiedad), dilación académica (retraso en la lectura, escritura y matemáticas básicas).
No podemos indicar que todos los niños fueron afectados por igual por la pandemia, pero lo que sà es claro, es que se amplificaron las desigualdades preexistentes traducidas en brechas cognitivas, es decir, familias vulnerables experimentaron más estrés para lograr el acceso tecnológico y aminorar el impacto académico]; en contraposición con los hogares en donde habÃa mayor recurso, lo cual les permitÃa mantener la estimulación adecuada.
Las carencias y limitaciones observadas pueden fundamentarse a partir de diversos planteamientos psicológicos. Desde la TeorÃa del Desarrollo Cognitivo de Piaget, se reconoce que la interrupción del juego y la exploración dificultó la construcción adecuada de esquemas cognitivos. La TeorÃa Sociocultural de Vygotsky aporta que el desarrollo en la Zona de Desarrollo Próximo depende de la interacción social guiada, la cual se vio gravemente restringida durante los confinamientos. Por su parte, la TeorÃa del Apego de Bowlby señala que la exposición prolongada al estrés y la tensión familiar puede afectar la seguridad del apego y la estabilidad emocional. El Modelo de las Funciones Ejecutivas (Miyake; Diamond) explica cómo la pandemia alteró procesos como la inhibición, la flexibilidad cognitiva y la memoria de trabajo. Finalmente, la TeorÃa del Aprendizaje Social de Bandura describe cómo la reducción de la exposición a modelos sociales limitó el aprendizaje por observación, afectando habilidades sociales, autorregulación y motivación académica.
La interrogante relevante que tendrÃamos que formularnos es: ¿Puede mejorarse esa dilación o rezago académico percibido producto de estos cuatro años transcurridos post pandemia?
La respuesta es eminentemente positiva siempre y cuando se establezca realizar intervenciones coordinadas, aprovechando la caracterÃstica de plasticidad extraordinaria que posee el cerebro infantil y tomando en consideración que la reversión conlleva tiempo, recursos, acompañamiento y hasta posibles modificaciones de las polÃticas públicas. Las estrategias de intervención deben girar en torno a terapias de lenguaje, intervenciones psicopedagógicas, entrenamiento en funciones ejecutivas, terapias para la regulación emocional y reforzando entornos familiares estructurados y sensibles.
En conclusión, los niños y adolescentes, por sà solos, no alcanzarán los resultados esperados; es imprescindible ajustar metodologÃas, expectativas y apoyos desde todos los actores del sistema educativo. El subdesarrollo cognitivo postpandemia no es un problema individual, sino un fenómeno colectivo con bases neuropsicológicas que exige una respuesta igualmente colectiva. Nos encontramos ante una oportunidad histórica para repensar la infancia, la educación y la salud mental como pilares inseparables. Con voluntad polÃtica, compromiso clÃnico y acciones sostenidas, este rezago puede dejar de ser una herida permanente para convertirse en el punto de partida de un sistema más humano, más sensible y mejor preparado para el futuro.
La autora es Psicóloga y profesora del Departamento de PsicologÃa ClÃnica y de la Salud de la Facultad de PsicologÃa


