UpInforma - Auditorías de la Contraloría General de la República en la Asamblea Nacional de Diputados: Supervisión y Control Político en el Estado Panameño

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Auditorías de la Contraloría General de la República en la Asamblea Nacional de Diputados: Supervisión y Control Político en el Estado Panameño

Por: Leisa Ramos Atkinson | Publicado el: 09 febrero 2026



En el entramado institucional de la República de Panamá, la Contraloría General de la República representa el eje del control fiscal del Estado, con la responsabilidad de garantizar el uso eficiente, transparente y conforme a la ley de los recursos públicos. En este contexto, la Asamblea Nacional, como órgano legislativo, no está exenta del escrutinio público ni de la vigilancia que exige el principio republicano de rendición de cuentas. La naturaleza, alcance y desafíos de las auditorías realizadas por la Contraloría General de la República en la Asamblea Nacional, resaltan su papel dentro del sistema de pesos y contrapesos, así como su relevancia para la consolidación de un régimen democrático basado en la transparencia y la probidad administrativa.

La Contraloría General de la República, de conformidad con lo establecido en el artículo 280 de la Constitución Política de Panamá y desarrollado por la Ley Orgánica de la Contraloría, Ley 32 de 1984 y sus reformas, es el ente rector del control fiscal en el país. Su mandato comprende la fiscalización del uso de fondos públicos, la realización de auditorías financieras, operativas y de cumplimiento, así como la emisión de informes sobre irregularidades encontradas en la gestión pública, que pudiesen incluso sustentar un proceso en la esfera penal.

En el caso específico de la Asamblea Nacional, el ejercicio de auditorías financieras y operativas se tornan especialmente delicadas por tratarse de un órgano político, cuyo manejo de fondos ha sido objeto de frecuentes cuestionamientos tanto por la ciudadanía como por organizaciones nacionales que exigen transparencia gubernamental, ante presuntos casos de asignación de contratos sin licitación, la contratación de personal sin justificación técnica, el uso discrecional de fondos destinados a asistencia social, la inexistencia de controles internos eficaces y la existencia de "botellas", es decir, personas que cobran sin trabajar.

La Contraloría evalúa la razonabilidad de los estados financieros y la legalidad del uso de los recursos asignados a la Asamblea Nacional mediante el presupuesto general del Estado. Estas auditorías verifican que las partidas presupuestarias destinadas a contratación de personal, compras de bienes y servicios, y viáticos, entre otros, se hayan ejecutado conforme a las disposiciones legales y reglamentarias.

En la última década, las auditorías en la Asamblea Nacional han generado un alto grado de atención mediática y pública. Estas auditorias han provocado tensiones institucionales entre la Contraloría y la Asamblea Nacional, dado que muchos diputados han considerado estas auditorías como una intromisión en la autonomía legislativa, lo que evidencia la fragilidad del sistema de rendición de cuentas en Panamá.

El ejercicio de auditorías por la Contraloría General de la República en la Asamblea Nacional no solo responde a una exigencia técnica de control presupuestario, sino que constituye una práctica fundamental para garantizar la gobernabilidad democrática. En una república democrática, ningún poder del Estado debe estar exento de control. La transparencia en el manejo de los fondos públicos fortalece la confianza ciudadana en las instituciones y contribuye a prevenir prácticas clientelistas y corruptas que socavan la legitimidad del sistema político. Asimismo, es necesario fortalecer la capacidad técnica y operativa de la Contraloría para que pueda ejercer sus funciones con mayor independencia y eficacia.

Para concluir, las auditorías realizadas por la Contraloría General de la República en la Asamblea Nacional de Diputados constituyen un mecanismo vital para la defensa del interés público y la legalidad en el manejo de los recursos del Estado. A pesar de las tensiones políticas que pueden generar, estas prácticas son indispensables para el fortalecimiento de la transparencia, la ética pública y la rendición de cuentas en Panamá. No deben entenderse como una amenaza, sino como una garantía de eficiencia administrativa al servicio del bien común. El dinero público es sagrado y debe ser gestionado con la máxima probidad y eficiencia, independientemente de la entidad que lo administre.

La autora es abogada y docente de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas del Centro Regional Universitario de Colón.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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