AuditorÃas de la ContralorÃa General de la República en la Asamblea Nacional de Diputados: Supervisión y Control PolÃtico en el Estado Panameño
En el entramado institucional de la República de Panamá, la ContralorÃa General de la República representa el eje del control fiscal del Estado, con la responsabilidad de garantizar el uso eficiente, transparente y conforme a la ley de los recursos públicos. En este contexto, la Asamblea Nacional, como órgano legislativo, no está exenta del escrutinio público ni de la vigilancia que exige el principio republicano de rendición de cuentas. La naturaleza, alcance y desafÃos de las auditorÃas realizadas por la ContralorÃa General de la República en la Asamblea Nacional, resaltan su papel dentro del sistema de pesos y contrapesos, asà como su relevancia para la consolidación de un régimen democrático basado en la transparencia y la probidad administrativa.
La ContralorÃa General de la República, de conformidad con lo establecido en el artÃculo 280 de la Constitución PolÃtica de Panamá y desarrollado por la Ley Orgánica de la ContralorÃa, Ley 32 de 1984 y sus reformas, es el ente rector del control fiscal en el paÃs. Su mandato comprende la fiscalización del uso de fondos públicos, la realización de auditorÃas financieras, operativas y de cumplimiento, asà como la emisión de informes sobre irregularidades encontradas en la gestión pública, que pudiesen incluso sustentar un proceso en la esfera penal.
En el caso especÃfico de la Asamblea Nacional, el ejercicio de auditorÃas financieras y operativas se tornan especialmente delicadas por tratarse de un órgano polÃtico, cuyo manejo de fondos ha sido objeto de frecuentes cuestionamientos tanto por la ciudadanÃa como por organizaciones nacionales que exigen transparencia gubernamental, ante presuntos casos de asignación de contratos sin licitación, la contratación de personal sin justificación técnica, el uso discrecional de fondos destinados a asistencia social, la inexistencia de controles internos eficaces y la existencia de "botellas", es decir, personas que cobran sin trabajar.
La ContralorÃa evalúa la razonabilidad de los estados financieros y la legalidad del uso de los recursos asignados a la Asamblea Nacional mediante el presupuesto general del Estado. Estas auditorÃas verifican que las partidas presupuestarias destinadas a contratación de personal, compras de bienes y servicios, y viáticos, entre otros, se hayan ejecutado conforme a las disposiciones legales y reglamentarias.
En la última década, las auditorÃas en la Asamblea Nacional han generado un alto grado de atención mediática y pública. Estas auditorias han provocado tensiones institucionales entre la ContralorÃa y la Asamblea Nacional, dado que muchos diputados han considerado estas auditorÃas como una intromisión en la autonomÃa legislativa, lo que evidencia la fragilidad del sistema de rendición de cuentas en Panamá.
El ejercicio de auditorÃas por la ContralorÃa General de la República en la Asamblea Nacional no solo responde a una exigencia técnica de control presupuestario, sino que constituye una práctica fundamental para garantizar la gobernabilidad democrática. En una república democrática, ningún poder del Estado debe estar exento de control. La transparencia en el manejo de los fondos públicos fortalece la confianza ciudadana en las instituciones y contribuye a prevenir prácticas clientelistas y corruptas que socavan la legitimidad del sistema polÃtico. Asimismo, es necesario fortalecer la capacidad técnica y operativa de la ContralorÃa para que pueda ejercer sus funciones con mayor independencia y eficacia.
Para concluir, las auditorÃas realizadas por la ContralorÃa General de la República en la Asamblea Nacional de Diputados constituyen un mecanismo vital para la defensa del interés público y la legalidad en el manejo de los recursos del Estado. A pesar de las tensiones polÃticas que pueden generar, estas prácticas son indispensables para el fortalecimiento de la transparencia, la ética pública y la rendición de cuentas en Panamá. No deben entenderse como una amenaza, sino como una garantÃa de eficiencia administrativa al servicio del bien común. El dinero público es sagrado y debe ser gestionado con la máxima probidad y eficiencia, independientemente de la entidad que lo administre.
La autora es abogada y docente de la Facultad de Derecho y Ciencias PolÃticas del Centro Regional Universitario de Colón.


