UNACHI y la apuesta inteligente por el audiovisual
Aplausos de pies, por la decisión de la Universidad Autónoma de Chiriquà (UNACHI) de impulsar una maestrÃa profesional en Creación y Producción Audiovisual no solo es acertada: es estratégica. En un paÃs donde históricamente el arte, la cultura y la industria creativa han sido relegados a un segundo plano, esta iniciativa marca un punto de quiebre en la forma en que concebimos la educación superior y el desarrollo cultural como motor económico.
El audiovisual dejó de ser únicamente entretenimiento. Hoy es industria, identidad, diplomacia cultural y una poderosa herramienta de generación de empleo. Cine, series, documentales, publicidad, plataformas digitales y contenidos transmedia demandan profesionales altamente capacitados, con una formación integral que combine técnica, creatividad y visión global. UNACHI parece haber entendido esto con claridad.
Lo más interesante y quizás lo más revelador es que esta maestrÃa no se queda en lo superficial. Incorpora componentes formativos como la caracterización y el maquillaje profesional, áreas fundamentales en las grandes producciones cinematográficas y televisivas del mundo. No se trata de un simple complemento estético, sino de disciplinas narrativas que construyen personajes, contextos históricos, realidades sociales y universos ficticios. Asà se trabaja en las industrias audiovisuales de los paÃses donde el cine está verdaderamente desarrollado.
Esto evidencia algo poco común en nuestro sistema educativo, la adaptación de diseños curriculares inspirados en modelos de paÃses de primer mundo, donde la formación audiovisual es interdisciplinaria, práctica y alineada con los estándares reales del mercado. Es, en pocas palabras, dejar de improvisar y comenzar a formar profesionales con mentalidad internacional, sin perder la identidad local.
Por ello, este modelo no deberÃa quedarse en ChiriquÃ. Panamá necesita expandir esta visión a nivel nacional. Apostar por programas profesionales en artes, cine y producción audiovisual no es un gasto: es inversión. Una inversión en talento joven, en economÃa naranja, en posicionamiento cultural y en soberanÃa creativa. PaÃses que hoy lideran festivales, plataformas y mercados audiovisuales entendieron hace décadas que la cultura también produce riqueza.
La Universidad da un paso valiente al reconocer que el conocimiento artÃstico y técnico merece el mismo respeto académico que cualquier otra disciplina. Ahora el reto está en sostener, fortalecer y replicar este modelo, dotarlo de recursos, alianzas internacionales y continuidad institucional.
Porque formar creadores no es un lujo. Es una necesidad. Y porque un paÃs que cuenta sus propias historias, con calidad y profesionalismo, es un paÃs que se proyecta, se respeta y se hace visible ante el mundo.
El autor es Periodista


