“La Investigación Educativa en Panamá: Entre la Urgencia de Innovar y la Realidad de los Recursos Limitados”
La investigación educativa en Panamá se encuentra en un punto crítico donde la necesidad de innovación convive con estructuras institucionales que históricamente han operado bajo limitaciones presupuestarias, metodológicas y formativas. En el contexto de la educación superior, especialmente dentro de la Universidad de Panamá, este desafío se manifiesta como un fenómeno persistente que condiciona la producción de conocimiento y la capacidad del país para responder a las transformaciones pedagógicas de la era digital y postpandemia. La discusión sobre la urgencia de fortalecer la investigación no solo se vincula con la mejora de la calidad académica, sino también con la responsabilidad social que tienen las universidades como instituciones generadoras de pensamiento crítico y soluciones concretas.
En ese sentido, el Doctor Pablo Gentili, profesor de políticas educativas en la Universidad del Estado de Río de Janeiro, señala en su obra sobre desigualdad educativa que América Latina arrastra una tradición investigativa fragmentada, donde los sistemas educativos “esperan resultados de investigación que nunca financian adecuadamente” (Gentili, 2018).
Esta afirmación encuentra eco en la realidad panameña, donde los proyectos de investigación dependen, en gran medida, de fondos limitados, concursos escasos y la ausencia de una política sostenida de apoyo a la producción científica. En muchos casos, los docentes que desean investigar deben hacerlo a costa de su propio tiempo y recursos personales.
A nivel institucional, la Universidad de Panamá ha impulsado diversos programas de capacitación investigativa, sin embargo, estos esfuerzos no siempre logran traducirse en investigaciones robustas que dialoguen con debates regionales e internacionales.
Para la colombiana Claudia Raquel Bermúdez, especialista en educación comparada en la Universidad del Valle, la investigación universitaria en la región suele estar “más orientada al cumplimiento administrativo que a la generación de conocimiento relevante para la transformación social” (Bermúdez, 2020).
En Panamá, esta tendencia se observa en la proliferación de trabajos que responden a requisitos de ascenso o grado pero que carecen de continuidad, impacto público o inserción en redes de investigación. Por otro lado, el problema también involucra la formación metodológica. Muchos docentes y estudiantes enfrentan brechas en el dominio de enfoques cualitativos y cuantitativos contemporáneos, lo que limita la rigurosidad de los estudios y la capacidad para competir en convocatorias internacionales.
Así lo expone el investigador mexicano Carlos Muñoz Izquierdo, reconocido por sus estudios sobre educación y desarrollo en la Universidad Iberoamericana, plantea que la calidad investigativa depende de “la disponibilidad de recursos humanos altamente capacitados y sistemas de apoyo institucional coherentes” (Muñoz Izquierdo, 2016).
Sin un fortalecimiento sostenido de la formación en investigación, Panamá corre el riesgo de reproducir metodologías desactualizadas o insuficientemente fundamentadas. Otro obstáculo importante es la escasa articulación entre las políticas públicas educativas y las agendas de investigación universitaria. Si bien Panamá ha impulsado ciertos programas de innovación tecnológica y transformación educativa, estos no siempre incluyen mecanismos claros de vinculación con la academia.
Para la chilena Denisse Rivadeneira, docente de la Universidad de Chile, un sistema educativo solo puede avanzar significativamente “cuando la investigación se convierte en un insumo para la toma de decisiones y no en un ejercicio aislado dentro de la universidad” (Rivadeneira, 2019).
En este sentido, la falta de puentes entre el Ministerio de Educación, la Universidad de Panamá y otras instituciones genera una desconexión que debilita tanto la pertinencia como la aplicabilidad del conocimiento producido.
Sin embargo, la urgencia de innovar está más presente que nunca. La expansión de la educación virtual, las demandas de una sociedad digitalizada, la necesidad de mejorar la formación docente y los desafíos de la inclusión educativa exigen investigaciones contextualizadas, profundas y oportunas. Panamá posee el talento humano para avanzar en esta dirección, pero requiere políticas de financiamiento estables, mayor cultura investigativa, infraestructura adecuada, acceso a bases de datos científicas, incentivos laborales y redes colaborativas regionales. Solo así la investigación educativa podrá convertirse en un motor real de transformación y no en una aspiración pendiente.
Referencias bibliográficas
- Bermúdez, C. R. (2020). Tensiones de la investigación educativa en América Latina. Universidad del Valle.
- Gentili, P. (2018). Políticas educativas y desigualdad en América Latina. Siglo XXI Editores.
- Muñoz Izquierdo, C. (2016). Educación, desarrollo y transformación social. Universidad Iberoamericana.
- Rivadeneira, D. (2019). Investigación educativa y políticas públicas en tiempos de cambio. Universidad de Chile.
El autor es Catedrático del Departamento de Evaluación e Investigación Educativa, Asistente en el Centro de Investigaciones en la Facultad de Ciencias de la Educación e Investigador adjunto al Instituto de Estudios Nacionales de la Universidad de Panamá.


