El Quiebre Institucional: El Golpe de Estado de 1968
El golpe de Estado ejecutado por los militares panameños el 11 de octubre de 1968, no constituye un hecho aislado del marco regional o internacional. Tampoco es un hecho fortuito al margen de la realidad socio histórica panameña. El golpe militar de octubre de 1968 en Panamá tiene su explicación en el contexto de una determinada política impuesta por EEUU en el continente y en el proceso de agudización de las contradicciones de clase en la sociedad panameña.
El impacto e influencia de la triunfante Revolución cubana en los pueblos y la juventud latinoamericana en la década de 1960 fue enorme. Creció la convicción de que las transformaciones estructurales en nuestros países eran posibles, crecieron la conciencia y la organización popular, surgió una izquierda con vocación de poder y en varias naciones del continente se dieron movimientos guerrilleros.
Detonantes ante este golpe…la amenaza de statu quo, el presidente Arnulfo Arias una vez toma el poder intento hacer lo que siempre había prometido, tomar el control real del poder: reformar la cúpula de la Guardia Nacional; lo que limitaría su poder militar, esto provocó el enojo de los altos mandos que veían las decisiones de Arias como una amenaza directa a su autoridad e intereses ya que tenían grandes privilegios económicos y políticos dentro del Estado. Arias pretendía reorganizarla y sustituir a algunos jefes, como Boris Martínez y Omar Torrijos. Esto generó temor y desconfianza en los mandos militares, quienes pensaron que su futuro y poder estaban en peligro, por lo que decidieron actuar antes de ser destituidos.
El suceso principal ocurrió en la Ciudad de Panamá, específicamente en el Palacio de las Garzas, sede del Gobierno Nacional. El presidente fue obligado a abandonar el país y refugiarse en la Zona del Canal, bajo protección estadounidense.
En este contexto, resulta difícil pensar que el golpe de Estado de 1968 en Panamá no formara parte de la larga estrategia geopolítica impulsada por organismos de inteligencia de Estados Unidos, una metodología ya ensayada en distintos países latinoamericanos desde 1964, incursionado Brasil, luego Argentina en 1966, Perú en 1968 y otros casos posteriores, orientada a reorganizar gobiernos según los intereses de la Guerra Fría.
En Panamá, sin embargo, la maniobra se desarrolló con una aparente actitud de laissez-faire por parte del aparato de seguridad estadounidense asentado en el propio corazón del Estado panameño. Esa pasividad permitió que la Guardia Nacional ejecutara el derrocamiento del presidente Arnulfo Arias Madrid Arias se encontraba en el antiguo Teatro Lux de Bella Vista, a escasos metros de una garita de control estadounidense (ubicación aproximada, actual calle Martín Sosa, junto a la iglesia Hosanna). Desde allí fue retirado apresuradamente por su escolta y su secretaria privada, mientras la Presidencia ya estaba rodeada por fuerzas encabezadas por el teniente Jorge Correa, en comunicación directa con el mayor Boris Martínez, quien avanzaba desde Chiriquíí con sus tropas. Una vez llegó a Panamá, y respetando la jerarquía militar, coordinó acciones con el teniente coronel Omar Torrijos, el oficial de mayor antigüedad y respeto dentro de la estructura castrense. Torrijos, a su vez, junto con los tenientes coroneles José María Pinilla, Bolívar Urrutia y Manuel Arístides Hassan, quienes asumieron el control del país, conformando una Junta Provisional de Gobierno con Pinilla como presidente, Urrutia como vicepresidente y Hassan como comandante de la Guardia Nacional.
Los militares justificaron el golpe argumentando que Arnulfo Arias había incumplido el acuerdo previo con el coronel Bolívar Vallarino, mediante el cual se comprometía a respetar la estructura y organizaciónón de la oficialidad de la Guardia Nacional. Once días después de asumir el poder, Arias designó, el teniente coronel Luis Carlos Díaz Duque (chileno), como jefe de la Guardia Presidencial, y procedió; mediante decretos inmediatos en un solo plumazo; a jubilar, trasladar o destituir a varios oficiales del Estado Mayor. Acciones que para los golpistas reflejaba una peligrosa inclinaciónón hacia el autoritarismo, con rasgos autocráticos y un marcado personalismo político.
Panamá atravesaba condiciones de marcada desigualdad económica y descontento social. Una parte importante de la población desconfiaba de la clase política tradicional, a la que consideraba corrupta y distante del pueblo. Ese clima de inestabilidad facilitó que los militares presentaran su intervención como un esfuerzo para “restaurar el orden” y promover reformas sociales.
El Golpe de Estado de 1968 rompió el orden constitucional de 1946, puso fin a un breve gobierno civil y abrió un periodo militar que se extendió hasta 1989. Durante esa etapa; definida por muchos como un régimen militar o dictatorial, la dirigencia popular, sindical fue perseguida: hubo encarcelamientos, exilios forzados y graves violaciones a los derechos políticos y civiles.
A pesar de ello, algunos sectores recuerdan esta etapa por las reformas sociales que impulsó, mientras otros la condenan firmemente por su autoritarismo y la limitación de libertades políticas. Lo innegable es que el golpe de 1968 modifico profundamente la trayectoria política y social del país.
Su legado persiste en el debate contemporáneo sobre democracia, nacionalismo panameño, memoria histórica y justicia; un recordatorio de como aquel quiebre institucional marcó, para bien o para mal, el rumbo de Panamá.
La autora es estudiante de la maestría de Historia de las Relaciones de Panamá con Estados Unidos.


