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El despertar de la educación superior en Panamá: de los ideales de Octavio Méndez Pereira a la soberanía intelectual

Por: Anneluz Jiménez Lan | Publicado el: 12 diciembre 2025



La educación es la base del progreso de toda nación, y Panamá no es la excepción de esta afirmación. Sin embargo, a pesar de que para nuestro país ha sido pilar fundamental para fortalecer la soberanía, la misma ha sido relegada desde los primeros años de la vida republicana, principalmente por la falta de políticas públicas coherentes y sostenidas.

Según el Profesor Luis I. Fitzgerald N (1993), en su libro “Historia de Panamá”, durante el periodo de Unión a Colombia la educación era limitada. Ante esta situación, el gobierno envió becarios al extranjero, lo que facilitó la adopción de ideas foráneas. Por tal razón, era urgente la creación de una universidad nacional que respondiera a las necesidades intelectuales y sociales del país.

A partir de 1918 se observan los primeros pasos hacia la formación de una educación superior en Panamá, con la Fundación de la Escuela Laboral de Derecho. Poco después, en 1920, surgieron las Escuelas de Farmacia y Agrimensura, ambas albergadas en el Instituto Nacional. En 1924, la Ley N° 41 aprobó la creación de la Escuela de Pedagogía dedicada a la formación de docentes de educación media, aunque este proyecto nunca se materializó.

Dos años más tarde, en 1926, aprovechando la celebración del Congreso Panamericano con motivos del Centenario del Congreso Anfictiónico de 1826, se propuso la creación de una Universidad Bolivariana. Sin embargo, esta iniciativa no logró concretarse por falta de recursos.

Durante esos años, el país vivía una situación difícil y los gobiernos no contaban con verdaderos programas educativos; la atención estaba más dirigidas a sus campañas políticas, que a la educación del pueblo. (Pizzurno & Araúz, 1996).

Fue por esta indiferencia, que comenzó a gestarse un despertar ciudadano. En 1922 se fundó la primera Federación de estudiantes de Panamá integrada por jóvenes del Instituto Nacional, la Escuela Artes y Oficio y la Escuela Normal de Señoritas, entre otros centros. Un año después, en 1923, nació Acción Comunal, un movimiento formado por jóvenes profesionales como Ramón E, Mora, José M. Pinilla, Octavio M. Pereira, Víctor F. Goytía, los cuales realizaron sus estudios superiores en universidades de Europa y los Estados Unidos.

Preocupados por la situación política, social, y económica del país, estos jóvenes denunciaron la injerencia extranjera y reclamaron una transformación nacional. Su lema, “Patriotismo, Acción, Equidad y Disciplina” reflejaba su idea regeneradora del país. Como afirman Pizzurno y Araúz (1996), “Acción Comunal representó una reacción moral e intelectual frente a la corrupción y la dependencia, convirtiéndose en un símbolo del despertar nacionalista de los años veinte”.

El impulso de estos movimientos cambió la manera en que la ciudadanía entendía la soberanía y reavivó el interés por la educación superior. En 1930 se fundó la Escuela libre de Derecho (Quintero Marrone, S,.1999), cuyo antecedente fue la Escuela de Derecho y Ciencias Políticas de 1918; y en 1933, la Universidad Popular Nocturna, dirigida a la clase obrera, la cual funcionó en la Escuela Artes y Oficio.

Ese mismo año, bajo el gobierno del Dr. Harmodio Arias Madrid, se creó el Instituto Pedagógico mediante el Decreto Ejecutivo N° 55 del 29 de mayo, con el propósito de formar profesores de segunda enseñanza. Posteriormente, el Decreto N° 8 de 27 de marzo de 1935, se estableció el Centro de Estudios Pedagógicos e Hispanoamericano, considerado el cimiento de la futura Universidad de Panamá.

El pueblo panameño tuvo que aguardar varios años, pero finalmente la educación superior consiguió un lugar donde también la clase trabajadora pudo formarse profesionalmente.  En este trayecto resalta la figura del Dr. Octavio Méndez Pereira, un hombre convencido de que el futuro de Panamá dependía de una ciudadanía formada, critica y consciente. Fue el motor principal en la creación de la Universidad de Panamá, mediante el Decreto N° 29 del 29 de mayo de 1935, inaugurándose oficialmente el 7 de octubre de ese mismo año.

La Universidad inició sus funciones en las instalaciones del Instituto Nacional, en horario nocturno, con profesores tanto nacionales como extranjeros. Méndez Pereira, su primer rector, desarrollo una visión humanista, democrática y comprometida que sobrepasaba lo estrictamente académico, entendiendo a la institución como un impulsor de transformación social. Su defensa de la autonomía universitaria concluyó con el reconocimiento legal de esta a través de la Ley 11 de 1946, que la estableció como una institución nacional, libre y critica, dedicada a la defensa de la soberanía intelectual del país y al fortalecimiento de una conciencia ciudadana, garantizando así su papel esencial en el desarrollo nacional.

Hoy, el ideal de Méndez Pereira sobre el papel que debe desempeñar la universidad se mantiene. Sin embargo, vemos con gran tristeza cómo los actuales gobernantes tratan de evitar que la primera casa de estudios de Panamá cumpla su misión: ser la voz crítica del pueblo por la principal defensora de la soberanía nacional. La protección de la autonomía universitaria y la promoción de una educación superior comprometida con el país siguen siendo tareas esenciales.

La autora es estudiante de la Maestría en Historia de las Relaciones entre Panamá y los Estados Unidos. Centro Regional Universitario de Panamá Oeste (CRUPO). Universidad de Panamá.

 

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