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En los 130 años del maestro Octavio Méndez Pereira

Por: Félix E. Villarreal V. | Publicado el: 24 agosto 2017



Al aproximarse el 30 de agosto, es importante compartir algunos aspectos históricos, biográficos y valorativos sobre la figura del ilustre político, pedagogo, novelista, ensayista panameño y educador, Octavio Méndez Pereira, impulsador de la Academia, cofundador y primer rector de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad de Panamá. 

Octavio Méndez Pereira nació en la provincia de Coclé, Aguadulce, un 30 de agosto en 1887, en el periodo de la primera llegada de los Indostaníes al istmo y de los primeros acuerdos de la construcción del Canal, por Gustave Eiffel y los franceses.  Este Coclesano realizó sus primeros estudios en su provincia natal y, posteriormente, en la Escuela Normal de Varones de la capital, en donde obtuvo en 1907 el título de maestro.   Regentado por los hermanos cristianos, ingresó en el Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile, gracias a beca concedida por el Gobierno panameño de Manuel Amador Guerrero, a razón de sus altas calificaciones. En esa universidad, obtuvo el grado académico de profesor de Estado, con especialización en castellano, en 1912, donde, además, realizó estudios de Derecho, Comercio y Arte. 

Cabe destacar que Méndez Pereira, en sus años de estudiante en Santiago de Chile, participó en círculos literarios y fue asiduo colaborador del Diarios Ilustrado y del Mercurio; además, fundó la Revista Andina, de la cual fue redactor. Fue representante de Panamá ante el Tercer Congreso Internacional de Estudiantes con sede en Lima, Perú, en el año 1912, donde fue electo vicepresidente de aquel cónclave de universitarios. 

Este insigne pedagogo al retornar a su patria, formó parte de la planta de profesores del glorioso Instituto Nacional, creado en el año 1909, quien junto a una pléyade de ilustres intelectuales nacionales y de algunos extranjeros, hicieron de ese plantel el más importante centro de enseñanza del país, que se convirtió en cuna generacional de forjadores del Estado Nacional, de la lucha por la soberanía y la panameñidad, en el contexto de la creación de la Zona del Canal, el desarrollo económico-social de la capital y de las regiones interioranas. 

Méndez Pereira fue rector del Instituto Nacional, y, desde allí, organizó las primeras Asambleas Pedagógicas, dirigió la Revista de instrucción pública, realizó auténticos foros de formación y actualización docente, que reunían a educadores de todo el país para debatir problemas e intercambiar experiencias en torno a la educación, la enseñanza y el aprendizaje; ya que según él, «Solo con la educación y el conocimiento mutuo que crean la simpatía y el amor, pueden hacer el milagro de establecer la paz entre los hombres». 

Integró, junto a José Dolores Moscote, Eusebio A. Morales y Guillermo Andreve, Jeptha B. Duncan y José Daniel Crespo, el empeño por renovar la doctrina del liberalismo desde una perspectiva socializante y equitativa. Esto incluía la democratización de las escuelas, la socialización de la enseñanza al alcance de los más necesitados, la coeducación, la reivindicación del trabajo manual, la proyección de la escuela en la comunidad y hacia el campo, su apreciación académica frente al intelectualismo y al academicismo. 

Como uno de los más importantes forjadores y pensadores académicos de la época, abogó sostenida e incansablemente por más de dos décadas, por la fundación de la Universidad de Panamá, misma que fue creada, finalmente, mediante el Decreto Ejecutivo No. 29, de 29 de mayo de 1935, siendo presidente de la República el doctor Harmodio Arias Madrid, quien tuvo el honor de realizar el acto inaugural aquel 7 de octubre del mismo año. Designado, entonces, como primer rector de la Universidad Nacional de Panamá, Méndez Pereira acometió la misión de diseñar su estructura académico-organizativa y ponerla en marcha en medio de incertidumbres y cuestionamientos, enfrentando dos tareas estratégicas para su consolidación y desarrollo: el reconocimiento de su Autonomía académica y administrativa, y la construcción de la Ciudad Universitaria, esto muy apegado a aquella histórica frase de este académico que a la letra dice: «La Universidad debe ser no solo una ciudad de edificios construidos de acuerdo con un moderno plan arquitectónico, sino más que todo, un núcleo revolucionario de cultura, con sentido nacional y sentido universal, con poder de atracción constante para el pueblo, fuente constante, también, de integración social y de germinaciones fructíferas en el porvenir».  

«Quien camina hacia la luz, camina hacia el amor y hacia la esperanza, hacia el bien y hacia la verdad», expresó este ilustre educador, quien, tras remontar un sinnúmero de dificultades de diverso tenor, y más de una década de luchas populares, en cuyo contexto se creó la otrora Federación de Estudiantes de Panamá (FEP) y otras importantes organizaciones políticas y sociales, la anhelada Autonomía universitaria se consignó en la Constitución Política promulgada el 1 de marzo de 1946, y en la Ley 48 de ese mismo año. Al finalizar la década de 1940 se establecieron los fundamentos de la Ciudad Universitaria, inaugurada el 1 de noviembre de 1953. 

Octavio Méndez Pereira siempre reconoció la capacidad y disposición de la juventud estudiosa de la época, como el motor principal, la razón de ser y de existir de la Universidad como la Conciencia crítica de la Nación, cuando en uno de sus discursos le expresó, «Jóvenes estudiantes que me oís, solo la seguridad y la fe en que es la cultura, una cultura así comprendida, lo único capaz de salvar la dignidad del hombre y salvar los principios democráticos, puede crear en las masas estudiantiles la emoción y el orgullo de formar parte de una universidad, puede darle firmeza a una juventud en marcha y a una nación joven que finca en ella su porvenir. 

Méndez Pereira, en su carrera diplomática, fue ministro plenipotenciario en Chile, Francia y Gran Bretaña, representó al país en la Sociedad de Naciones y en la Organización de Naciones Unidas en el año de 1946. Fue presidente de la Academia Panameña de la Historia y miembro fundador de la Academia de la Lengua. Y fue considerado como uno de los más eminentes Cervantófilos hispanoamericanos. Además, escribió numerosas obras de gran calidad como: Historia de Iberoamérica, Cervantes y el Quijote apócrifo, Parnaso panameño, Emociones y evocaciones.  

Otros títulos de su importante producción para la posterioridad son los ensayos; Los zapadores del canal, escrita en 1922; Responsabilidad de la cultura superior -1944; Panamá, país y nación de tránsito -1946; Misión de la Universidad y la Cultura -1953; La universidad y la crisis actual del espíritu -1954 y la biografía de Justo Arosemena -1919. También algunas narrativas, en novelas como Vasco Núñez de Balboa o El Tesoro del Dabaibe, escrita en 1934 y Tierra Firme -1940. 

Sin temor a equivocarnos, y pese a que, a través de medidas políticas y económicas se ha atentado de diversas formas contra la Autonomía de nuestra máxima casa de estudios; la historia, el aporte y la figura del Dr. Octavio Méndez Pereira, nos entrelaza en lo inmediato con lo que ha sido su principal obra: La Universidad de Panamá, hoy posicionada con mejores infraestructuras y personal académicamente capacitado e idóneo en todo el territorio nacional, de Bocas Del Toro, hasta Darién, llevando educación de calidad a los lugares más distantes, difíciles y apartados de la geografía istmeña, y con la misión de formar integralmente a excelentes profesionales y emprendedores, al servicio y desarrollo del país.  

Méndez Pereira, en su momento manifestó: «El ideal de la educación consiste en preparar a los hombres para trabajar unidos y con eficiencia por el bien individual y el bien colectivo». En ese sentido, al conmemorarse este 30de agosto del 2017, los 130 años del natalicio de este importante maestro de la académica y primer rector, y al celebrarse el próximo 7 de octubre, el aniversario 82 de la Universidad de Panamá, se hace necesario consolidar los tres estamentos que la conforman, en la dirección correcta de defender su Autonomía y en esa misma dirección, hacer respetar y valer su Naturaleza, Principios, Fines y Funciones, claramente explícitos y desarrollados en los artículos 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9 y 10 del Estatuto que rige nuestra prestigiosa y máxima Casa de Estudios Superiores en todo el territorio nacional. 

 

 

*Publicista y Comunicador Social, con especialidad en Docencia Superior.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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