Consideraciones acerca de la teorÃa de la cultura nacional
La cultura panameña tácitamente encierra todo un escenario etnológico con su lengua, tradiciones, costumbres, mitos y leyendas que, en su conjunto, le dan ese toque personal único en el universo, porque en honor a la verdad no existe otra igual. Consideramos que en Panamá, el hecho de haber evolucionado una gama de culturas diferentes durante su historia, y de haberse entregado y compenetrado al grado de casi desaparecer como grupos individuales a favor de una sola unidad con identidad propia, ya por sà sola o por este hecho circunstancial, tenemos que hablar forzosamente de una Identidad Nacional.
La doctora Reina Torres de Araúz nos decÃa: «Al admitir que somos una cultura pluriétnica, ello pareciera entrar en conflicto con la idea de una Cultura Nacional, sin embargo, hemos de reconocer, igualmente, que todos los componentes de la Nación Panameña, no importa cuál sea su filiación étnica, tienden a relacionarse entre sÃ, a responder y a involucrarse como nación, justamente en función de su pertenencia común a una identidad envolvente, abstracta, pero perceptible anÃmicamente. Eso es lo que llamamos cultura nacional» (1). Y es por esta simple razón que debemos aprender a vivir en armonÃa en este suelo maravilloso, lleno de oportunidades para todos, si dejamos a un lado las mezquindades, la arrogancia, la prepotencia y la avaricia, cuna de las desigualdades entre los descendientes de los grupos étnicos que forjaron esta nación. Panamá es uno de los pocos paÃses con la peor distribución de las riquezas, cuyo peso mayor lo han soportado por siglos los grupos originarios; démosle una mano, una oportunidad y tendremos una fortaleza que coadyuvará, sin duda alguna, a echar para adelante esta pujante nación.
Entronque de los grupos foráneos en la época hispánica:
Sobre este tema, ya hemos visto cómo los españoles y negros africanos se unieron, durante el perÃodo de la conquista y colonización y por diversos motivos, al elemento indÃgena. Dicha unión no solamente fue fÃsica sino también cultual y espiritual. Los procesos de asimilación, como explicamos, fueron lentos pero seguros porque al pasar de los años los resultados empezaron a evidenciar un nuevo hombre fenotÃpico y culturalmente diferente. Y en ese mismo devenir histórico también tuvieron su escenario otros hombres con otras culturas: italianos, griegos, holandeses, ingleses e irlandeses que, aunque representaron una minorÃa relativamente pequeña, su aporte cultural ayudó enormemente a  la formación de ese  entronque  cultural pluriétnico del cual hablaba la doctora Reyna Torres de Araúz. TodavÃa subyacen algunas palabras o frases incrustadas en léxico del hispanohablante panameño como resabios de la intersección de estos patrones culturales lingüÃsticos foráneos. Â
La articulación de los grupos de arribo reciente
Franceses, españoles, italianos, alemanes, suizos, hebreos, palestinos, turcos, árabes, etc. mantienen articulaciones estrechas de sus orÃgenes culturales a través de las diferentes asociaciones cÃvicas en donde participan, pero al  mismo tiempo disfrutan de nuestras tradiciones y costumbres porque les son inherentes a su quehacer cotidiano. Muestra de ello son los pequeños, pero significativos esbozos expuestos en los foros y congresos por los ponentes ya consultados. Y en el entorno económico están estrechamente vinculados a nuestra economÃa mediante sus innumerables negocios, tiendas, almacenes, industrias, fábricas, etc.; y en el plano educativo, a través de las escuelas, colegios y universidades que sirven de centros culturales tanto a estas minorÃas como también a la comunidad panameña en general.
La invasión canalera y las sociedades artificiales
Dos siglos después de iniciada la conquista y colonización del istmo de Panamá, el 30 de octubre de 1698, los escoceses, con la anuencia de Inglaterra y colonos londinenses, anclaron cerca de Darién con el firme propósito de colonizar esa región y poder encontrar un paso hacia el Mar del Sur (como ya se le llamaba es esa época) que les permitiera dominar el comercio interoceánico. No obstante, la belicosidad de los naturales, las enfermedades tropicales, la escasez de alimentos y la falta de experiencia en esos menesteres les impidieron sostener a Nuevo Edimburgo, como se le llamó a ese intento de colonización escocesa.
Un siglo después se da un nuevo intento por parte de Inglaterra. « entre los años 1780-1790 () los ingleses, procedentes de la Costa Atlántica Centroamericana, se instalan en Bocas del Toro, con sus nuevos eslavos, con el propósito de explotar la riqueza maderera () y concretar los futuros planes expansionistas de del Imperio Británico, de dominar la costa Caribe del Continente» (2). En realidad la intención del Gobierno inglés era la de sentar una cabeza de playa, de acuerdo al lenguaje militar, para luego reclamar la región por derecho de posesión, colonización o simplemente por el deseo de los colonos. Este propósito se confirmó más tarde, algunos meses antes de la firma del Tratado Mallarino-Bidlack (el 2 de diciembre de 1846) cuando «El gobierno Británico mostró una alarmante inclinación por intervenir en los asuntos hispanoamericanos con la insistencia de un protectorado en la costa de Mosquito, cerca de Nicaragua, y en su defensa de las reclamaciones de Costa Rica en una disputa limÃtrofe entre la República y Nueva Granada».
Los ingleses hicieron creer al rey de los indios mosquitos que su territorio se extendÃa hasta Bocas del Toro, donde estaban los descendientes de los antiguos colonos. Esto advirtió al Gobierno colombiano que se apresuró a ofrecer a Estados Unidos un convenio tan ventajoso, a cambio solamente de la promesa de que Estados Unidos velarÃa por la seguridad del istmo para Colombia. En otras palabras, los norteamericanos se comprometÃan a evitar que ninguna potencia de otro continente se apoderara del istmo panameño. Asà se aseguraba que no ocurriera lo que en el futuro se darÃa en Belice cuando los mismos ingleses, usando la treta   aplicada en Bocas del Toro, le arrebató a Guatemala (1862) parte de su territorio nororiental convirtiéndola más tarde en una colonia (Honduras Británica), hoy Belice.
Al concretarse el Tratado Hay-Bunau Varilla, el 18 de noviembre de 1903, e iniciar los trabajos de Canal, es probable que Estados Unidos pusiera en práctica esta estrategia Panamá. Â
Junto con miles de antillanos y de personas de otras nacionalidades, ingresaron a la antigua Zona del Canal, como se le llamó a ese territorio, cientos de estadounidenses blancos (hombres y mujeres) en edades procreativas, a cuya descendencia y a las generaciones siguientes se les inculcó la cultura norteamericana y sentimientos nacionalistas en las escuelas desde edades muy tempranas, con el fin de que, llegado el momento, reclamaran ese territorio para los Estados Unidos como habÃan hecho los beliceños. Al respecto, Kam RÃos nos dice «Formaron una sociedad especial en la Zona del Canal, dividida en dos grupos con ciudades y facilidades, pero con una cultura en vÃas de homogenización acelerada».
La educación, el Estado, sus padres, abuelos y otros factores lograron que los zonians, como se autodenominaban, cultivaran ese sentimiento territorial por la Zona del Canal como los descendientes de los ingleses por las trece colonias en Norteamérica, dos siglos atrás. En la masacre del 9, 10 y 11 de enero de 1964  provocada  por el ejército estadounidense acantonado en la antigua Zona del Canal de Panamá, afloró ese sentimiento nacionalista cuando los estudiantes del College de Balboa, en complicidad con el mal llamado «gobernador» y el jefe de la PolicÃa, impidieron que se cumpliera el Acuerdo Chiari-Kennedy (1963) que obligaba a las autoridades de la Zona a izar la bandera panameña junto a la norteamericana en los lugares que no fueran exclusivamente militares. El genocidio perpetrado por las tropas norteamericanas, motivó a la población civil a intervenir  «sin importarles las consecuencias, porque lo único que los movÃa era la dignidad, el alto sentido del honor, patriotismo y el respeto irrefutable por la soberanÃa panameña. El saldo fue 22 muertos y más de 500 heridos» (5). Con la firma de los Tratados Torrijos-arter, el 7 de septiembre 1977, las relaciones de los zonians con los norteamericanos se volvieron tensas al grado de acusarlos de haberlos traicionado como «pueblo». En 1979, en los últimos dÃas de septiembre, hicieron circular una volante titulada okey, we lost (está bien, perdimos), en la cual dejaban sentado que ellos se declaraban «pueblo de la Zona del Canal», que sus abuelos construyeron ese lugar, de lo cual se deriva que, como nietos, tenÃan derecho  a  usufructuarlo como  cuestión  de  justicia; acusaban a  los norteamericanos de haberlos usado, olvidados y entregados a un gobierno extranjero, y por último declaraban que «siempre seremos zonians» (6). Les habÃan metido en sus cabezas desde niños que ese territorio les pertenecÃa y que podÃan reclamarlo cuando quisieren; quizás, si les hubiesen contado la verdad de que Panamá nunca cedió, enajenó ni vendió la mal llamada «Zona del Canal», entonces la devolución y ocupación de ese territorio panameño por los panameños no les hubiese causado ningún trauma y no tendrÃan nada de que lamentarse. Hoy, «ULa antigua Zona» es recorrida y transitada por todos los grupos sociales que viven en este paÃs, sin temor alguno, dando lugar a la formación de ese mosaico étnico del que tanto nos enorgullecemos.
 Es probable que las pretensiones de Estados Unidos fracasaran debido a la presencia de un gobierno fuerte y decidido en Panamá, a la presencia de un gobierno consciente de las aspiraciones más caras de los pueblos: su autodeterminación, y a las presiones de casi todos los paÃses del mundo a favor de la causa panameña.
El autor es profesor de Historia de la Universidad de Panamá (CRUA), julio 2017*
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