El Origen de las Guerras y el Surgimiento de las Clases Sociales en la Historia de la Humanidad
El origen de las guerras en la historia de la humanidad está estrechamente vinculado al surgimiento de clases sociales opuestas. Uno de los factores determinantes en este proceso histórico-social ha sido la producción industrial, considerada como el eje principal en cualquier etapa de desarrollo, ya que el modo en que se generan los bienes materiales define las relaciones sociales predominantes.
El filósofo Denis Diderot afirmaba que la guerra silenciaba las voces de la naturaleza, la justicia y la humanidad. Según él, la guerra representa la expresión máxima de la violencia y la criminalidad, conduciendo incluso a la aniquilación de pueblos enteros. Por su parte, el pensador Golvaj sostenía que las guerras solo pueden considerarse justas cuando se emprenden en defensa propia, como respuesta legítima a una agresión injusta; en este sentido, serían una forma de contener la irracionalidad de los líderes que llevan a sus naciones al conflicto.
Con la transición del feudalismo a nuevas estructuras socioeconómicas, se fortaleció la noción de unidad nacional, en contraposición al carácter fragmentado el sistema feudal. El filósofo alemán Immanuel Kant concebía esta unidad entre los pueblos como una fuerza social capaz de oponerse a la guerra. En sus escritos, Kant propuso la idea de una “paz perpetua”, alcanzable mediante el desarrollo moral y racional de la humanidad. No obstante, su propuesta tenía un marcado carácter ético e idealista, aunque difícil de aplicar en la práctica.
Otro filósofo alemán, Georg Wilhelm Friedrich Hegel, consideraba que la guerra tenía un componente moral. Según él, el conflicto bélico contribuía a preservar la salud espiritual de las naciones, fortaleciendo su carácter y aportando serenidad. Para Hegel, la guerra era también una manifestación de la acción política. Desde otra perspectiva, el teórico militar francés Carl von Clausewitz argumentó que la guerra era una prolongación de la política por otros medios. Según su visión, la guerra no solo se deriva de la política, sino que constituye una herramienta central de ésta, un mecanismo para ejecutar relaciones políticas cuando otras formas fallan.
Si bien el planteamiento de Clausewitz fue ampliamente valorado, se le criticó por no abordar las causas profundas de la guerra, enfocándose únicamente en su dimensión política. En general, la mayoría de los filósofos anteriores al surgimiento de la filosofía dialéctica abordaron la guerra como un rasgo inherente al ser humano, una expresión de su naturaleza.
Sin embargo, fueron escasos los pensadores que interpretaron la guerra como resultado directo de las desigualdades inherentes a sociedades estructuradas en clases sociales, donde predomina la explotación del hombre por el hombre. En estos contextos, las relaciones sociales, con sus contradicciones internas, generan tensiones que se traducen en conflictos, y que en última instancia interrumpen el curso del desarrollo histórico y frenan la evolución hacia nuevas formas de organización social.
La comunidad primitiva fue la primera forma de organización sociohistórica. Su rasgo distintivo era el limitado desarrollo de sus fuerzas productivas, lo que hacía que el ser humano dependiera completamente de la naturaleza. En estas sociedades no existía la dominación de unos sobre otros, sino una estructura colectiva en la que todos los miembros del clan actuaban de manera conjunta para afrontar las adversidades naturales. Era, por tanto, una lucha por la supervivencia, pero no entre seres humanos, sino contra las inclemencias del entorno, y dicha lucha se sostenía mediante la acción solidaria.
Con el surgimiento de la burguesía, la guerra comenzó a asumir características más definidas dentro del contexto sociohistórico. El filósofo inglés Thomas Hobbes identificó tres causas fundamentales del conflicto: la competencia, la desconfianza y el afán de gloria.
Según Hobbes, la primera causa lleva a las personas a enfrentarse para obtener beneficios; la segunda surge por la necesidad de protegerse; y la tercera se relaciona con el deseo de reconocimiento y prestigio.
La competencia motiva el uso de la violencia para apropiarse de los bienes ajenos, incluidas tierras, mujeres, hijos o ganado. La desconfianza impulsa el uso de la fuerza en defensa personal. Y la búsqueda de gloria justifica la violencia en conflictos por honor, diferencias de opinión, actitudes o incluso por ofensas verbales.
Para Hobbes, un modo eficaz de garantizar la paz consiste en fomentar entre la población el temor a los estragos de la guerra. Mientras no exista equidad entre los pueblos, predominará un estado constante de enfrentamiento. En su visión, la guerra no se limita a la acción armada, sino que abarca toda la lógica y preparación del conflicto. En tiempos tanto de guerra como de paz, cada persona debe estar dispuesta a defenderse.
El autor es Doctor en Filosofía (PhD.). Licenciado en Economía, Magíster en Planificación Nacional y Economía y Catedrático en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá


