"2026: Año del fortalecimiento de la autonomía universitaria, mediante la elección democrática de sus autoridades"


Las Raíces Históricas y la Naturaleza de los Conflictos Bélicos: Causas y Significado de las Guerras a lo Largo del Tiempo

Por: Luis Antonio Montero Peñalba | Publicado el: 06 noviembre 2025



Desde los comienzos de la civilización, la guerra y la paz han sido elementos fundamentales que han marcado el rumbo de las sociedades, representando polos opuestos que modelan la experiencia colectiva de los pueblos. La guerra, concebida como el uso organizado de la violencia para imponer la voluntad sobre otros, ha provocado el colapso de culturas, la desaparición de civilizaciones y el deterioro de los valores éticos en la vida social. Sus expresiones han variado desde enfrentamientos tribales por subsistencia hasta guerras sofisticadas motivadas por la disputa de recursos, territorios y poder político. En contraste, la paz surge como un ideal compartido por comunidades que, al reconocer que la violencia solo perpetúa más violencia, aspiran a establecer formas de convivencia sustentadas en la justicia, en el reconocimiento de los derechos de cada individuo y en una distribución equitativa de los bienes materiales y espirituales.

En este contexto, el estudio de la guerra y la paz, y su repercusión social, reviste especial importancia, sobre todo en países en vías de desarrollo como Panamá. Las contradicciones sociales —como la violencia, el desempleo creciente, la falta de oportunidades y la exclusión— crean un entorno propicio para los conflictos internos, que en muchos casos desembocan en guerras civiles o en movimientos guerrilleros. América Latina es una región con numerosos ejemplos que reflejan esta realidad.

No es casualidad que, en contextos marcados por profundas desigualdades, carencia de oportunidades y altos índices de pobreza, surjan conflictos persistentes que, aunque injustificables, resultan comprensibles desde una perspectiva estructural. Las guerras civiles pueden llegar a ser tan devastadoras como los conflictos internacionales, e incluso más, ya que en las guerras convencionales los combates suelen obedecer a órdenes superiores, mientras que en los conflictos internos se lucha por ideales, por justicia social, e incluso por resentimientos acumulados.

Al abordar esta temática en América Latina, es fundamental resaltar el papel que ha desempeñado la Iglesia Católica en la formación de la conciencia colectiva. Esto se debe a que la religión representa una forma de conciencia social, y en el caso de América Latina, la Iglesia ha estado estrechamente vinculada desde sus orígenes con las raíces culturales y étnicas de los pueblos originarios.

Por esta razón, este artículo pretende ir más allá del análisis habitual, proponiendo una perspectiva novedosa que relacione por primera vez la interacción entre la etnicidad, la religión y los fenómenos de la guerra y la paz. Este enfoque es poco común en los estudios existentes, y busca interpretar esta problemática desde una óptica socio-filosófica, particularmente desde el análisis dialéctico, utilizando como base los procesos históricos de América Latina y, en específico, el caso de Panamá.

Ya en las civilizaciones antiguas de la India, China y Grecia se observaban interpretaciones similares sobre las guerras. En su obra Arthashastra, Kautilya (conocido también como Vanaña) planteó que la guerra servía como herramienta al servicio de la política. Asimismo, el líder indio Jawaharlal Nehru, en su libro El descubrimiento de la India (1959), argumentó que desde épocas remotas las guerras estaban intrínsecamente ligadas a la política social, formando una unidad inseparable.

En la filosofía griega, Platón consideraba que la guerra era una constante en la existencia humana y que tenía como finalidad la expansión territorial y la captura de esclavos. Aristóteles, por su parte, definía la guerra como una forma de acción política, introduciendo los conceptos de "guerras justas" y del "derecho a la guerra&quot. Ambos pensadores entendían la guerra como una manifestación de los intereses de las clases dominantes de su época, cuyos miembros los ciudadanos con voz en la “ágora” representaban solo a una minoría privilegiada. En contraste, los metecos, ilotas, esclavos y plebeyos, que componían la mayoría de la población, eran excluidos de toda representación.

La lucha de clases fue una característica central tanto en la Antigua Grecia como en Roma. Heráclito de Éfeso llegó a decir que la guerra era “el padre y rey de todas las cosas”, ya que determinaba quién sería libre o esclavo, rico o pobre.

Esta visión fue compartida por otros pensadores antiguos como Demócrito, Epicuro, Tito Lucrecio Caro, entre otros. Marco Tulio Cicerón sostenía que era legítimo el uso de la fuerza para someter al pueblo, justificando que “nacimos para la justicia” y que el derecho se fundamentaba en la naturaleza misma, y no en la opinión de las masas. Es relevante señalar que muchos pensadores de la antigüedad, como Cicerón, aunque paganos, compartían concepciones similares a las expresadas más tarde por el cristianismo. Un ejemplo de ello es el mensaje de San Pablo a los Romanos, donde se afirma que, aunque los paganos no tuvieran la ley, actuaban conforme a ella, porque el sentido del derecho estaba inscrito en sus conciencias.

El autor es Doctor en Filosofía (PhD.). Licenciado en Economía, Magíster en Planificación Nacional y Economía y Catedrático en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

Buscador

Ingresa y escucha nuestros PODCAST



Click y Descarga Logo Oficial