A pesar de la sequía, Panamá crece con esperanza verde
El cambio climático ya no es sólo una suposición; es algo que sucede todos los días en el país. Las prolongadas sequías, las lluvias más intensas y el problema del agua que preocupa al Canal de Panamá muestran que el medio ambiente tiene un efecto directo sobre la economía, la salud de las personas y los ecosistemas del país.
Debido a que los niveles de agua en los lagos Gatún y Alhajuela estaban bajando, el Canal tuvo que reducir el número de tránsitos diarios en 2024 y 2025. Se cree que el Canal es el núcleo del comercio mundial y una importante fuente de ingresos nacionales.
Este hecho inesperado en décadas puso de relieve las preocupaciones sobre la necesidad de mejorar la gestión de los recursos hídricos y repensar cómo se utiliza el agua en todo el país.
Comunidades que cambian y hacen
Ante esta situación, ciertos segmentos de la sociedad panameña han decidido no permanecer pasivos. Grupos comunitarios y grupos de jóvenes en provincias como Chiriquí, Colón, Veraguas y la región Ngäbe-Buglé realizan jornadas de reforestación, campañas de limpieza de playas y proyectos de reciclaje que apuntan a disminuir el daño al medio ambiente en esas zonas.
Estos hechos, aunque modestos, significan mucho y enseñan mucho.
“Plantar un árbol no es sólo restaurar el bosque, es crear conciencia”, explica Carolina Gómez, estudiante ambientalista de la Universidad de Panamá que forma parte de una iniciativa de restauración de cuencas en el distrito de Boquete.
Los grupos indígenas también han comenzado a utilizar nuevamente métodos ancestrales sostenibles, como la agricultura rotacional y el ahorro de semillas nativas. Están combinando su sabiduría tradicional con la ciencia moderna para conservar los ecosistemas.
El compromiso del Estado y los obstáculos por delante
El Ministerio de Medio Ambiente (Mi Ambiente) ha fortalecido sus políticas de adaptación al cambio climático sumando programas de educación ambiental, control de tala y conservación de cuencas.
También apoya la Estrategia Nacional de Cambio Climático, que tiene como objetivo hacer que las comunidades sean más resilientes y fomentar el uso de energía sostenible. Panamá todavía quiere ser un país carbono negativo, algo que sólo unos pocos países en el mundo tienen.
Esto indica que absorbe más dióxido de carbono del que emite. Esto se debe principalmente a que más del 67% de su tierra está cubierta de árboles.
Los expertos, por otra parte, dicen que esta situación está en riesgo si no cesa la deforestación y el crecimiento descontrolado de la frontera agrícola.
Julio Navarro, ambientalista de la Fundación Natura, dijo: “El país ha logrado grandes avances en leyes y acuerdos internacionales, pero todavía hay una gran diferencia entre lo que está escrito y lo que sucede. No hay suficiente supervisión, educación o voluntad política, por nombrar algunas cosas. El cambio comienza en casa con la educación y la concientización.
En los últimos años, varias instituciones y universidades en Panamá han incluido la educación ambiental en sus programas. Estos programas quieren hacer que una generación sea más consciente de lo importante que es reciclar, usar menos plástico y ser responsables con lo que compran.
Un representante de Mi Ambiente comentó: “Los jóvenes están tomando la iniciativa; saben que el planeta no puede esperar”. Esto demuestra que cada vez más estudiantes se ofrecen como voluntarios y ayudan a restaurar el medio ambiente.
El autor es Estudiante de Periodismo


