La Libertad Silenciada: El Difícil Camino de la Prensa en Panamá
En un rincón del mundo donde los mares parecen inspirar promesas de libertad, Panamá se sitúa en una encrucijada. La esperanza de un periodismo libre, que actúe como la voz de un pueblo y como guardián de la democracia, aún late en el corazón de su sociedad. Sin embargo, los vientos de un contexto difícil soplan con intensidad, y el informe del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS) de 2025 revela que esa esperanza corre riesgo de ser silenciada.
La clasificación mundial de Reporteros sin Fronteras (RSF) sitúa a Panamá en el puesto 53 de 180 países —una mejoría de 30 posiciones respecto a 2024—, pero esa cifra, lejos de ser motivo de orgullo, recuerda que la situación presenta “problemas significativos”, como lo confirman los informes y análisis recientes.
Una tendencia a la baja: del brillo a la sombra
En 2022, Panamá ocupaba el puesto número 83 en la lista global; en 2024, retrocedió a la posición 83. Pero en 2025, tras la actualización del ranking, esa caída se detiene en el puesto 53, reflejando un avance —una mejora en la percepción internacional—, pero que aún no borra las heridas abiertas por años de desafíos. La tendencia, sin embargo, es inquietante: la libertad de prensa en el mundo sufre un retroceso sin precedentes y en regiones enteras, la situación se ha tornado “difícil” o “muy grave” en más de la mitad de los países evaluados.
Dentro de América, donde Panamá se ubica en una posición intermedia, la situación sigue siendo precaria. El informe de RSF señala que en el continente, 22 de 28 países han registrado descensos en sus indicadores económicos, lo que afecta directamente a la independencia de sus medios y periodistas.
La sombra del miedo y la desconfianza
Para la ciudadanía panameña, el panorama no es solo de cifras; es de sentimientos profundos. Según el estudio, el 67% de la población siente que hay restricciones para la expresión libre, y más del 50% declara haber sentido miedo al expresar sus opiniones; el temor de ser silenciado, censurado o perseguido permanece muy vivo en su memoria. La percepción de un marco hostil se intensifica cuando solo un 20% de la población califica la calidad de la periodística como buena, y en las redes sociales, esa proporción se invierte: un 80% juzga las informaciones en estas plataformas como regulares o malas.
La crisis de confianza no es un fenómeno exclusivo de Panamá. En un escenario global, la libertad de prensa se desdibuja ante las presiones económicas, políticas y sociales. La captura del discurso por intereses económicos y la criminalización de la crítica, en mediante leyes que penalizan la injuria y calumnia, alimentan una forma de autocensura que refleja una sociedad que, aun cuando clama por la verdad, se encuentra dividida entre su deseo y su temor.
La voz experta: Perspectiva desde la investigación
La Dra. Raisa Urribarri, investigadora del CIEPS y directora del estudio, apunta que:
"Panamá cuenta con las condiciones para el ejercicio de las libertades de expresión y prensa, y está entre los países del hemisferio mejor valorados en cuanto a dichas libertades, aunque el ejercicio del periodismo no está exento de dificultades. La Constitución consagra este derecho en su artículo 37, sujeto a responsabilidades penales y civiles. Sin embargo, hay una constante activación de acciones legales contra periodistas y medios críticos, y un clima de hostilidad, especialmente en la cobertura de protestas sociales."
Este diagnóstico incluye factores estructurales cruciales:
- Penalización de injurias y calumnias que promueven la autocensura.
- La discrecionalidad y opacidad en la asignación de pauta publicitaria estatal condiciona la línea editorial.
- Dificultad para acceder a la información pública.
- Precariedad laboral creciente y competencia desigual con influenciadores sin formación periodística.
Según el informe, la puntuación promedio de la libertad de prensa en Panamá en 2025 fue de 66.75, una ligera mejora respecto a los 58.55 de 2024. Sin embargo, en la escala mundial, esa puntuación coloca a Panamá en una categoría todavía preocupante, en la que el ejercicio de los derechos informativos se ve cuestionado por las restricciones legales y la influencia de poderes económicos y políticos. La clasificación en la zona “problemática” indica que el periodismo en Panamá todavía enfrenta “problemas significativos” que pueden erosionar la salud democrática del país.
La organización RSF destaca que la crisis económica es un factor central que afecta la independencia mediática en todo el continente, y Panamá no escapa de esa realidad, enfrentando desafíos que comprometen la pluralidad y el rigor informativo.
El informe de 2025 es un llamado de atención, pero también un compromiso. La verdadera libertad de prensa no solo se mide en números, sino en la voluntad firme de la sociedad y sus líderes para proteger la palabra como un derecho humano fundamental. La historia del periodismo en Panamá, marcada por luchas y resistencias, aún tiene mucho que decir y mucho que construir.
Es hora de que la luz no solo ilumine cifras, sino también corazones, y que la palabra, esa fuerza antigua y viva, vuelva a ser la verdadera reina del territorio democrático. Porque en la libertad de prensa no solo reside el derecho a decir, sino también el deber de escuchar, comprender y defender la voz de todos.
La autora es Periodista


