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La Cadena Perpetua: La solución Recurrente a la Violencia en Panamá

Por: Carlos F. González M. | Publicado el: 14 octubre 2025



En la Asamblea de diputados de Panamá se está discutiendo un anteproyecto para establecer la cadena perpetua para homicidas que cometen homicidios atroces, es decir, con extrema violencia, crueldad o brutalidad.  Esta iniciativa responde al incremento de asesinatos con características de brutalidad como asfixia, decapitaciones, mutilaciones y otros métodos crueles, a menudo vinculado al crimen organizado.  La propuesta busca una sanción firme y proporcional a la gravedad de estos crímenes para impedir la reincidencia y reafirmar el valor de la vida humana.

Los anteproyectos para imponer la cadena perpetua en el país han sido  reiterativas (2018, 2020, 2022, 2024) y suelen presentarse cuando la violencia alcanza picos altos (año 2018: 348 homicidios, 2020: 307 homicidios, 2022:376 homicidios y 2024: 581 homicidios).  Pero dichas iniciativas, suelen enfrentar resistencia por considerarse contrarias a principios constitucionales de rehabilitación y derechos humanos. 

En algunos países de la región se han implementado la cadena perpetua pero sus resultados no aportan evidencia concluyente o que haya incidido en una disminución significativa en las tasas de homicidios atroces.

Algunos países imponen cadenas perpetuas para criminales con múltiples homicidios especialmente atroces o masivos.  Sin embargo estudios e informes de organismos internacionales como  Amnistía Internacional, sugieren que penas muy duras como la cadena perpetua o la pena de muerte no tienen efectos claros  disuasorio en la tasa de homicidios, pero otros estudios no encuentran evidencia concluyente de que realmente reduzcan el delito de homicidios atroces.

Por otro lado, estudios en Criminología de Estados Unidos indican que la pena máxima puede incluso tener efectos contrarios, llegando a aumentar la tasa  de asesinatos dando a entender que la severidad del castigo podría más bien generar más violencia en la sociedad. Las sociedades académicas de criminólogos desde los años 90  en Estados Unidos han rechazado la noción de que la pena de muerte previene asesinados.  Es fácil deducir que esta sentencia se extiende a la cadena perpetua.

Los estudios sobre el impacto de la cadena perpetua en la reducción de homicidios tienen resultados variados, pero generalmente coinciden en que el efecto disuasorio de esta pena no es concluyente ni significativamente superior a otras penalizaciones severas.  Se ha evaluado que no hay evidencia suficiente creíble que sostenga que la cadena  perpetua reduzca significativamente la criminalidad homicida y que la certeza del castigo es más influyente que la severidad del mismo

Organismos internacionales  como el CEPAL y el BID indican que la violencia en América Latina se debe más a factores estructurales: desigualdad, corrupción, debilidad institucional.  Importante señalar que la disuasión de castigos extremos es limitada, ya que muchos homicidas no esperan ser capturados

Por otro lado, hay estudios que señalan que cuanto mayor es la desconfianza hacia el estado y las instituciones del Estado, más se ve el público afectado por la inseguridad.  Y a medida que las personas o ciudadanos confían en sus instituciones más confían en las instituciones del Estado y menos van a reclamar un castigo severo.

A nivel local, expertos indican que el sistema penitenciario y procesal necesitaría reformas para asumir la cadena perpetua.  Agregaría que habrá que fortalecer más al Ministerio Publico, al Órgano Judicial y al Sistema Penitenciario sobre todo en lo relativo a la rehabilitación psicosocial de la población penitenciaria en especial los condenados por homicidios atroces.  Esto implica asignación de más recursos económicos, humanos y logísticos.

Existen varias alternativas a la cadena perpetua que se enfocan más en las rehabilitación, reinserción social y prevención del delito desde un enfoque más integral y efectivo a largo plazo.  Estas opciones reconocen que la cadena perpetua suele ser una respuesta política para calmar temores sociales pero no necesariamente una solución efectiva para reducir homicidios.

En conclusión, la cadena perpetua para homicidas atroces puede tener un impacto simbólico y de castigo ejemplar, pero su efectividad como medidas disuasivas no está científicamente comprobada en términos universales y depende del sistema judicial y contexto social donde se implemente.  La cadena perpetua puede simbolizar mano dura, pero no resuelve las raíces del problema y aumenta costos carcelarios.

El autor es Psicólogo Criminólogo y Docente Universitario con amplio conocimiento y experiencia en la elaboración de proyectos de investigación y de intervención.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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