Ensayar para salvar: El País se Prepara para el Segundo Simulacro Nacional
El sonido de las sirenas no siempre anuncia tragedia. A veces, su eco marca el inicio de una lección colectiva. Este 13 de octubre, a las ocho de la mañana, Panamá volverá a ensayar su propia seguridad. El II Simulacro Nacional de Evacuación se acerca, y con él, un llamado que atraviesa oficinas, escuelas y comunidades: aprender a reaccionar antes de que el peligro llegue.
La jornada, coordinada por el Sistema Nacional de Protección Civil (SINAPROC) y el Gabinete de Gestión Integral de Riesgo de Desastre del Ministerio de Gobierno, busca más que medir tiempos o movimientos. Se trata de crear memoria, de enseñar a cada familia cómo salir de casa sin pánico, de convertir la prevención en reflejo. “El lunes 13, desde las 10:00 a.m., lo que se va a medir es lo que hacen nuestras comunidades, escuelas, instituciones y comercios frente a una emergencia”, explica Omar Smith Gallardo, director general de SINAPROC.
Más de 185 instituciones públicas y privadas participarán en esta edición, junto a juntas comunales, empresas, hospitales y centros educativos. Las sirenas sonarán, las calles se vaciarán por unos minutos, y los ciudadanos pondrán a prueba no solo su coordinación, sino también su capacidad de cuidar al otro.
Antes del desastre
Los preparativos empiezan mucho antes de que suene la alarma. El Benemérito Cuerpo de Bomberos de Panamá (BCBRP), la Cruz Roja Panameña y el Ministerio de Gobierno capacitan personal, revisan protocolos y ensayan posibles fallas. “Estos ejercicios deben replicar escenarios reales para descubrir detalles que podrían pasar desapercibidos”, advierte el director de Bomberos, Víctor Raúl Álvarez.
La víspera, el domingo 12, se celebrará una Misa de Acción de Gracias en la Catedral Metropolitana, seguida de una caminata de sensibilización por la Cinta Costera. La jornada culminará con una feria institucional donde equipos de rescate mostrarán sus herramientas y materiales de prevención. No será una ceremonia solemne, sino un recordatorio festivo de que prepararse también puede ser una celebración de la vida.
Juan Díaz: el barrio que aprendió a no confiarle todo al cielo
En el corregimiento de Juan Díaz, donde cada aguacero pone a prueba los límites del drenaje, la prevención ya es parte del día a día. La Junta Comunal, liderada por David Bernal, ha convertido la preparación en hábito. Vecinos y voluntarios organizan jornadas de limpieza, revisan canales y preparan mochilas de emergencia con linternas, botiquines y agua potable.
“Hemos entregado kits de emergencia casa por casa y elaborado un inventario de personas encamadas, con discapacidad o con mascotas, para saber quién necesita ayuda primero”, comenta Bernal. La comunidad ha recibido capacitaciones del SINAPROC y del BCBRP sobre primeros auxilios, incendios e inundaciones.Juan Díaz, símbolo de vulnerabilidad, intenta convertirse en ejemplo de resiliencia urbana.
El día del simulacro
El ejercicio será monitoreado desde el Centro de Operaciones de Emergencias Nacional (COE), en Panamá Pacífico. Desde allí, especialistas seguirán en tiempo real el comportamiento de las comunidades y la efectividad de los planes de evacuación. A las 12:00 del mediodía se ofrecerá un balance preliminar y, al final del día, una conferencia de prensa presentará los resultados oficiales.
Pero el objetivo no es solo medir eficiencia. Lo que busca este segundo simulacro es cultivar una cultura de prevención que trascienda las fechas y se instale en la cotidianidad. Que las familias sepan cómo actuar, que las escuelas enseñen sin miedo, que las comunidades organicen su propio plan. Que el instinto de sobrevivir se convierta en el hábito de prevenir.
Los ecos del primer ensayo
Hace un año, Panamá realizó su Primer Simulacro Nacional de Evacuación, y los resultados marcaron el punto de partida de este nuevo esfuerzo.Participaron más de 116,000 personas en 477 instalaciones escolares y entidades gubernamentales, incluyendo 58,000 estudiantes, 1,180 personas con discapacidad y 132 mujeres embarazadas, todas evacuadas “sin contratiempos”, según Malitzie Rivera, subdirectora de SINAPROC.
“La participación fue positiva y esperamos que el próximo año superemos los números alcanzados”, declaró entonces el director Smith Gallardo. El simulacro permitió detectar rutas inadecuadas, ajustar protocolos y evidenciar que la preparación no es un ejercicio técnico, sino una práctica humana.
Desde esa experiencia, comunidades como Juan Díaz, Veracruz o Tocumen comenzaron a organizarse mejor, creando redes de apoyo, mapas de riesgo y jornadas de limpieza para enfrentar las lluvias.
Un llamado desde las comunidades
Las alarmas del 13 de octubre no serán solo una prueba. Serán un llamado, un recordatorio de que la seguridad no depende únicamente de las instituciones, sino también de las manos que abren las puertas, que ayudan a los vecinos, que levantan mochilas y limpian canales.
Las juntas comunales tienen en sus manos el poder de transformar la prevención en cultura. Planificar rutas locales, capacitar voluntarios, identificar a los más vulnerables y coordinar con SINAPROC y BCBRP son pasos sencillos que pueden salvar vidas.
Porque cuando suenen las sirenas, no habrá tiempo para improvisar. Y ese día —el día del simulacro o el día real del desastre— la verdadera medida del éxito no estará en los cronómetros, sino en la calma de una comunidad que ya aprendió a ensayar para salvar.
La autora es Periodista


