El Gradual Colapso de la Salud en Panamá
Los informes de la DefensorÃa del Pueblo -desde 2013 hasta el reciente de septiembre 2025- dibujan un retrato escalofriante donde la norma escrita y la realidad hospitalaria son dos mundos separados por un abismo de deficiencias.
Cuando las palabras del Defensor Eduardo Leblanc resonaron el pasado 30 de septiembre de 2025, no eran solo cifras y diagnósticos: eran el eco de un sistema que lleva años murmurando su agonÃa entre paredes húmedas y pasillos convertidos en bodegas improvisadas. "Este informe especial revela una preocupante brecha entre la normativa formal y la realidad operativa", declaró Leblanc, dando voz a lo que pacientes y médicos conocen demasiado bien: que en los 27 hospitales inspeccionados -desde el Complejo Hospitalario Metropolitano Dr. Arnulfo Arias Madrid hasta el Hospital Regional Cecilio A. Castillero- hay dos realidades paralelas.
Un pulso débil
En las unidades de hemodiálisis, el tiempo se mide en esperas interminables y máquinas insuficientes. En el Hospital Aquilino Tejeira, "solo cuentan con 10 máquinas para 30 personas por dÃa", reveló Leblanc, describiendo un vaivén cotidiano de vidas que dependen de un turno que quizás no llegue. Mientras, en el Complejo Hospitalario Arnulfo Arias Madrid, 36 máquinas intentan suplir las necesidades de 256 pacientes, con alimentos que llegan congelados desde otras provincias y televisores dañados en salas de espera que se convierten en purgatorios.
Los hospitales se han convertido en edificios que lloran por sus grietas. Goteras que caen como lágrimas persistentes en el Hospital del Niño, donde 2 de sus 5 lavadoras permanecen en reparación mientras la ropa hospitalaria acumula riesgos de contaminación. Palomas que anidan donde deberÃa reinar la esterilidad en el Hospital Nicolás A. Solano, donde solo 3 operarios de limpieza intentan mantener a raya las infecciones intrahospitalarias.
Y, las farmacias
En las farmacias hospitalarias, los estantes vacÃos cuentan historias de tratamientos interrumpidos. El Hospital Gustavo Nelson Collado en Herrera recibe solo 5,000 de los 20,000 medicamentos que solicita —un desabastecimiento del 75%— mientras pacientes se convierten en peregrinos de una búsqueda interminable. Es el "crÃtico periodo de escasez" del que habla Leblanc, pero traducido a vidas concretas: el diabético que raciona su insulina, el hipertenso que juega a la ruleta rusa con su presión arterial, el oncólogo que receta lo que hay, no lo que se necesita.
El éxodo médico
La fuga de especialistas es otro tema que despierta bastante preocupación; sobre todo porque pinta un mapa de abandonos. El Hospital Irma de Lourdes Tzanetatos clama por cardiólogos, gastroenterólogos y cirujanos vasculares que nunca llegan. En el Complejo Arnulfo Arias Madrid, 13 oficiales de atención al asegurado intentan hacer el trabajo de 25, mientras las secretarias asumen roles para los que nunca fueron capacitadas. El Hospital Pediátrico de Alta Complejidad ve cómo sus enfermeras se reducen de 118 a 108, mientras la demanda crece y la infraestructura se expande sin el personal para sostenerla.
El llamado
Frente a este paisaje desolador, las recomendaciones de la DefensorÃa suenan como un último llamado a la cordura colectiva. Sus acciones inmediatas (0-3 meses) piden intervención sanitaria urgente en 7 hospitales prioritarios, mientras el plan de mediano plazo (3-12 meses) propone un programa nacional de contratación y un sistema unificado de información. Las medidas estructurales (12-24 meses) buscan finalmente sanar las heridas más profundas con un plan de relevo generacional y reforma de compras hospitalarias.
La necesidad de una "polÃtica de Estado" reverbera con especial urgencia cuando recorremos la lista de 27 hospitales visitados, desde el Hospital Santo Tomás con sus baños sin agua ni jabón, hasta el Hospital de Chiriquà Grande con sus 11 máquinas de hemodiálisis para 60 pacientes diarios.
El tiempo de los diagnósticos ha pasado. Ahora, entre las sombras de los pasillos hospitalarios y el silencio de las farmacias vacÃas, se escribe el futuro de un sistema que clama por una transformación profunda. Los 20 riesgos crÃticos identificados —desde infecciones intrahospitalarias hasta muertes por falta de médicos de urgencia— no son solo advertencias en un informe, son heridas abiertas en el cuerpo de la salud panameña. La pregunta que flota en el aire es simple, pero crucial: ¿estamos dispuestos a escuchar, finalmente, este grito que lleva años ahogándose en la burocracia y la indiferencia?
La autora es Periodista
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