Salud mental adolescente: una urgencia que Panamá no puede seguir ignorando
La adolescencia es una etapa de cambios profundos: físicos, emocionales y sociales. Sin embargo, muchas veces el bienestar emocional de nuestros jóvenes se deja en segundo plano, como si fuera un problema que “se les pasará” con el tiempo.
La adolescencia es una etapa clave para formar la autoestima, construir la identidad y aprender a manejar las emociones y lo que no se atiende en estos años puede convertirse en heridas que acompañarán a la persona en su vida adulta, por lo que ignorar la salud mental de los jóvenes no solo afecta su presente, sino que compromete su futuro.
Los adolescentes de hoy enfrentan un entorno más complejo que el de generaciones anteriores: redes sociales que amplifican la comparación constante, presión académica, conflictos familiares y un mundo incierto. Estas presiones, aunque invisibles a simple vista, pesan tanto como cualquier enfermedad física. Y sin apoyo adecuado, pueden generar un aislamiento emocional peligroso.
En Panamá, todavía existe la creencia de que hablar de emociones con los jóvenes es “consentirlos” o “hacerlos débiles”. Nada más lejos de la realidad. La familia y la escuela deben convertirse en espacios seguros, donde se escuche sin juzgar y se enseñe que pedir ayuda no es una debilidad, sino un acto de valentía.
Invertir en la salud mental de los adolescentes no es un gasto: es una inversión en el futuro del país. Un joven emocionalmente sano tiene más herramientas para afrontar la vida, para construir relaciones sanas, para ser productivo y, sobre todo, para ser feliz.
La salud mental adolescente es una deuda pendiente en Panamá. No podemos seguir minimizando los signos de angustia ni creyendo que “son cosas de la edad”. Reconocer, escuchar y apoyar a nuestros jóvenes es una responsabilidad colectiva. Si queremos un país fuerte, debemos empezar por cuidar la mente y el corazón de quienes representan su futuro.
El autor es Periodista


