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El Darién: La Ruta que Desbordó a Panamá

Por: Eucaris Pereira | Publicado el: 25 septiembre 2025



Durante siglos, la selva del Darién fue un muro natural que parecía inquebrantable. Sus montañas abruptas, sus ríos caudalosos y su clima extremo la convirtieron en una frontera temida, casi imposible de atravesar. Sin embargo, en apenas una década, ese mismo espacio se transformó en el corredor migratorio más peligroso del continente, escenario de sufrimiento y esperanza para cientos de miles de personas.

A mediados de la década de 2010, comenzaron a registrarse los primeros grupos de migrantes que desafiaban el Darién. Eran familias haitianas, cubanas y africanas que, con pocos recursos y muchas ilusiones, iniciaban un camino hacia Norteamérica. Al principio fueron pocos, pero el flujo no dejó de aumentar.

El Estado panameño improvisó centros de recepción para brindar asistencia mínima. Un funcionario reconocía entonces: “Nunca pensamos que esta ruta llegaría a usarse de esta forma”. Ya desde esos años quedaba claro que la situación podía escalar.

Con los años, el corredor se consolidó. A las nacionalidades iniciales se sumaron migrantes de Venezuela, Ecuador y Colombia, empujados por crisis económicas y políticas. Para 2021, los registros ya hablaban de decenas de miles de personas atravesando la selva.

En 2022, la cifra superó los 250 mil migrantes, un récord histórico hasta entonces. Comunidades locales, muchas de ellas indígenas, comenzaron a resentir la presión sobre sus recursos. Organismos internacionales advirtieron que Panamá no podía enfrentar sola un problema de dimensiones continentales.

El año 2023 marcó el punto más crítico. Más de 360 mil personas atravesaron el Darién, superando todos los cálculos previos. Solo en agosto, ingresaron 82 mil migrantes, una cifra que dejó sin capacidad de respuesta a las autoridades.

Los centros de recepción humanitaria colapsaron y las medidas de deportación resultaron ineficaces. “Por cada grupo que se devolvía, otros cien ya estaban entrando por otra ruta”, admitió un oficial de seguridad.

Al mismo tiempo, el contraste con las desigualdades internas del país se hizo más evidente. Provincias y comarcas golpeadas por la pobreza vieron cómo sus recursos, ya limitados, se destinaron a atender la crisis migratoria.

El paso por el Darién se convirtió en sinónimo de riesgo extremo. Los migrantes enfrentaron ríos crecidos, montañas fangosas y enfermedades tropicales. Pero no solo la naturaleza amenazaba su vida: Grupos criminales aprovecharon la vulnerabilidad de los viajeros para asaltarlos, extorsionarlos y violentarlos.

Según datos de ACNUR, cerca del 31 % de los migrantes sufrió algún tipo de agresión. Un venezolano relató en medios locales: “Vi gente morir frente a mí, pero seguir era la única opción”. Ese testimonio refleja la crudeza de una travesía donde retroceder significaba rendirse ante la desesperación.

Frente a este panorama, las comunidades locales mostraron reacciones diversas. Algunas se preocuparon por la presión en salud y educación, mientras otras ofrecieron gestos solidarios: agua, comida y orientación a quienes llegaban exhaustos.

Lo ocurrido en el Darién no fue solo un problema nacional. Migrantes de Asia y África se sumaron a los de América, confirmando que la ruta tenía carácter global. Organismos internacionales advirtieron que ningún país podía enfrentar en solitario una crisis de esa magnitud.

Un comunicado conjunto de ACNUR y la OIM lo resumió con dureza: “El Darién no es una ruta migratoria, es un corredor de riesgo donde la vida humana está en juego”.

La evolución del fenómeno migratorio en el Darién vista cronológicamente, revela cómo un territorio inhóspito pasó de ser una barrera natural a convertirse en el epicentro de una crisis humanitaria continental. De los pequeños grupos de 2015 a la avalancha de 2023, Panamá fue testigo de un proceso que desbordó su capacidad y que expuso la fragilidad de un país pequeño frente a un desafío global.

En la memoria latinoamericana, el Darién quedará como símbolo de dolor y resistencia: un lugar donde miles arriesgaron todo, incluso la vida, movidos por la esperanza de un futuro distinto.

La autora es Estudiante de Maestría en Historia de América Latina, Centro Regional Universitario de Veraguas de la Universidad de Panamá.

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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