El Litio y Las Nuevas Pugnas Geopolíticas de Potencias Globales sobre América Latina, ¿Una “Nueva Fiebre”?
Tal como si nos remontáramos a mediados del siglo XIX estadounidense cuando, por el hallazgo de minas de oro en California, surgió un movimiento estrepitoso, atrayente, lucrativo y acelerado para la época, hoy, las potencias globales experimentan una “nueva fiebre” por un mineral que, aunque no brilla por su color, es altamente valioso para la industria energética mundial en diversos aspectos de la vida cotidiana.
El litio, según los especialistas, se ha popularizado por emplearse en la fabricación de baterías que impulsan automóviles eléctricos, una alternativa novedosa ante el uso común de automóviles de combustión a base de petróleo y baterías cuya materia prima es el plomo ácido. Las baterías para el funcionamiento de cámaras fotográficas digitales, computadoras portátiles, teléfonos celulares, tabletas y otros dispositivos de tecnología digital son elaboradas utilizando iones de litio.
En 1999, la Revista de la Sociedad Química de México publicó un artículo titulado “La bioquímica del litio y su utilización en pacientes con desórdenes mentales” en el que sus autores explican que el litio “continúa siendo el más útil y poderoso agente disponible para la profilaxis y tratamiento de la enfermedad bipolar…ha sido añadido a los antidepresivos y es usado en el tratamiento de la depresión unipolar resistente…en otros desórdenes psiquiátricos, tales como la esquizofrenia, alcoholismo o comportamiento agresivo…”.
¿Quiénes protagonizan esta actividad minera en América Latina?
En América Latina hay una carrera cuyos competidores se disputan la extracción y explotación de este preciado mineral.
El informe de 2024 del Servicio Geológico de los Estados Unidos declara que las mayores reservas mundiales de litio se localizan en Bolivia, Argentina y Chile, el denominado “triángulo del litio”. Por otra parte, la obra titulada “Litio en Sudamérica” bajo la coordinación de Bruno Fornillo y publicada en 2019, señala que esta zona posee, aproximadamente, el 68% de las reservas globales de este mineral en forma de salares facilitando su extracción y explotación; y resalta que Brasil, de manera latente, estimula esta actividad económica catalogando al litio como un “mineral estratégico”.
Algunos informes indican que, por ejemplo, Bolivia propone un proceso de producción liderado por el gobierno de ese país. No obstante, mientras Chile aboga por dejar la extracción en manos de entidades público-privadas, Argentina opera, mayormente, por medio de empresas particulares de origen australiano, canadiense y chino. Otras iniciativas de extracción minera del litio latinoamericano se encuentran en manos de empresas europeas, japonesas y estadounidenses.
Algo interesante en estos datos es que, Estados Unidos y Canadá a pesar de ocupar lugares entre los diez países con mayor cantidad de reservas de litio en el mundo, once millones y tres millones de toneladas métricas respectivamente según el informe de 2024 del Servicio Geológico de los Estados Unidos, optan por, simultáneamente, producir en sus territorios e introducir su capital privado en la explotación de zonas estratégicas de América Latina, principalmente en el “Triángulo del litio” con un mínimo aproximado de quince empresas cada uno, dedicando esfuerzos para competir contra inversionistas de otros continentes en América y, de paso, controlar la producción global.
Esta decisión geopolítica les ofrece a Estados Unidos y Canadá asientos muy cómodos para sacar ventaja ante la demanda, cada vez mayor, de litio para una movilidad más amigable con el ambiente y la atención de otras necesidades conexas.
El patrimonio latinoamericano, siempre en el radar de potencias históricas.
Las riquezas latinoamericanas han cautivado, en distintas épocas, las miradas de las potencias. Actualmente, Estados Unidos, China, Alemania, Francia, Australia, continúan sitiando esta extensa región de América como un objeto de mucho interés dentro de sus radares.
Pareciera que el fenómeno del saqueo sufrido en Hispanoamérica producto del complejo proceso trifásico (exploración, conquista y colonización) emprendido por los europeos entre, principalmente, los siglos XV al XIX se repite.
El Dr. Sergio Guerra Vilaboy, en su obra titulada “América Latina después de la independencia”, en lo extenso y profundo de su narrativa, resalta momentos en que potencias globales se apoderaron de importantes yacimientos y producciones latinoamericanos durante el siglo XIX. Nos recuerda las exportaciones de guano (como materia prima) controladas por los ingleses desde las costas peruanas en la década de 1840 y, en otros espacio y tiempo, por los estadounidenses desde la isla de Alta Vela en 1860. Adicionalmente, las exportaciones de salitre o caliche bajo dominio inglés desde Perú, Chile y Bolivia en la década de 1870, y, posteriormente, las de azúcar y algodón con el mismo destinatario.
Entonces, las actuales pugnas geopolíticas, más allá de una “nueva fiebre”, dan cuenta del significativo, constante y lucrativo rol latinoamericano para las potencias globales.
El autor es estudiante de la Maestría en Historia de América Latina en la Universidad de Panamá, Centro Regional Universitario de Veraguas.


