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La seda: Un hilo de resistencia cultural de visibilización de la mujer. Desafío de una industria ancestral

Por: Yanina Vergara Barrios | Publicado el: 08 septiembre 2025



La seda un hilo sutil que, por siglos, ha unido a los pueblos de Oriente y de Occidente, tejido precioso, cargado de historia y misterio, facilitó un intercambio comercial y cultural, enlazó las vidas de innumerables mujeres cuya contribución ha sido, hasta ahora, subestimada en la historiografía.

 Las siguientes líneas tiene como propósito resaltar el papel de la mujer en la industria de la seda, un sector poco estudiado en la historia del territorio de Nueva España. Se centra en un caso emblemático de finales del siglo XVIII: el proceso legal de María Gertrudis Gutiérrez Estrada.  Desafiando al gremio de hiladores en busca de reconocimiento profesional, su historia, es un testimonio personal de perseverancia, que forzó la reevaluación de las prácticas gremiales y visualizando la labor femenina en una industria que dependía enteramente de su destreza.

Orlando Niglio en su artículo, La Seda. Un hilo sutil que por siglos ha unido los pueblos de oriente y de occidente, nos dice: “La Ruta de la Seda constituye un conjunto de itinerarios comerciales que, por más de dos mil años, unía el Asia, y en particular la China, al cercano Oriente y al mar Mediterráneo. Durante siglos, a lo largo de esta ruta fueron transportadas cargas de seda, un precioso material procedente de la China que por mucho tiempo conservó el secreto de su elaboración”.

El desafío y la persistencia de la mujer

“En España los oficios sederos se encontraban distribuidos en cinco grandes gremios principales: torcedores, tejedores, corredores, tintoreros e hiladores. Aunque la explotación de la seda en Nueva España se desarrolló junto con la llegada de los primeros conquistadores., el virrey Luis de Velasco aprobó las ordenanzas para un gremio de indios hiladores de seda que recordaban a las de las cofradías”. (García Corso,2018)

 La industria de la seda se remonta al siglo XVI, su producción y labor, continuó activa en las zonas rurales de México, particularmente en Oaxaca y la Mixteca Alta. Los historiadores han señalado que, en este contexto, las mujeres desempeñaban tres roles cruciales que requerían paciencia y precisión: la cría de la grana, el cultivo del gusano y el hilado. Estas tareas, consideradas femeninas, eran el pilar sobre el que se sustentaba la producción. Sin embargo, los gremios, controlados por hombres, funcionaban como estructuras de exclusión, negando a las mujeres la calificación formal de sus oficios y el acceso pleno al mercado.

La perseverancia en defensa de esos derechos, María Gertrudis Gutiérrez Estrada en 1795 es la perfecta ilustración de esta dinámica. Su valentía al llevar su caso contra un gremio masculino pone de manifiesto cómo una mujer educada en las artes domésticas y la sericicultura fue capaz de enfrentar un sistema que la excluía. Su demanda no fue un evento aislado, sino que coincidió con un período de cambios significativos, impulsados ??por las reformas borbónicas y una nueva legislación que permitía cierta flexibilidad.

 La tecnología, a menudo percibida como neutral, también jugó un papel crucial, pues las herramientas del hilado estaban asociadas al ámbito femenino, dándole a Gutiérrez Estrada un argumento sólido sobre su competencia técnica. Su éxito en este diferendo garantizó un triunfo personal, que se elevó a un nivel superior, provocando la modificación de las ordenanzas gremiales, facilito además el reconocimiento de las mujeres dentro de las calificaciones profesionales de esta industria.

La historia de esta emblemática mujer nos enseña que lejos de ser simples participantes, fueron agentes de cambio en la industria de la seda. Su lucha y la perseverancia que han mostrado las mujeres a lo largo de la historia nos recuerdan que el conocimiento y el trabajo artesanal de las mujeres fueron la verdadera fuerza motriz detrás de una industria milenaria. Ellas no solo hilaban hilos de seda, sino que, con cada hebra, tejían un futuro más equitativo. La historia de la seda es, en última instancia, la historia de cómo las mujeres desafiaron las barreras sociales para tejer su propio lugar en el mundo.

La autora es estudiante de la carrera de Maestría de Historia de América Latina. Universidad de Panamá

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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