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Un abogado es un consejero

Por: René Hernández González | Publicado el: 12 agosto 2025



A mis grandes personalidades de la abogacía, a esos que ejercen la profesión con ética y decoro, mis reconocimientos y felicitaciones....

Para ser un buen abogado, es fundamental combinar una serie de habilidades y cualidades que van más allá del simple conocimiento de la ley. Se trata de una profesión que exige dedicación constante, ética y un fuerte compromiso con la justicia y el servicio al cliente.

Un buen abogado debe tener un profundo dominio del derecho. Esto no solo implica conocer las leyes y los procedimientos, sino también mantenerse actualizado sobre los cambios legislativos y la jurisprudencia. La capacidad de investigar de forma exhaustiva es crucial para analizar casos, encontrar precedentes y construir argumentos sólidos.

Además del conocimiento técnico, las habilidades de comunicación son vitales. Un abogado debe ser un orador persuasivo y un escritor claro, capaz de explicar conceptos legales complejos de manera que sus clientes y los tribunales puedan entender. También debe saber escuchar con atención para comprender las preocupaciones de sus clientes y los detalles de cada situación.

La ética profesional es la base de un buen abogado. Esto significa ser honesto, transparente y actuar siempre en el mejor interés del cliente, evitando conflictos de intereses y manteniendo la confidencialidad. La integridad es la cualidad que genera confianza, tanto en los clientes como en la comunidad legal.

La empatía y la compasión son cualidades que permiten a un abogado conectar con sus clientes a nivel humano. Entender las dificultades y el estrés que enfrentan las personas en situaciones legales ayuda a brindar un servicio más sensible y efectivo.

La resiliencia y la persistencia son necesarias en una profesión que a menudo está llena de desafíos y reveses. Un buen abogado no se rinde con facilidad y sigue luchando por los derechos de sus clientes, incluso cuando el camino es difícil.

Un buen abogado no acepta más casos de los que pueda atender y, si por algún motivo falla, debido a su negligencia, debe tener el valor y coraje para reconocer el error frente al cliente. Se aconseja, en estos casos, indemnizar a la persona como un acto de justicia... Felicidades a esos abogados que prefieren los pleitos cortos, aunque en algunos casos no se gane lo previsto. A la larga, el cliente sufrirá por estrés y por el ahogamiento financiero y eso hay que evitarlo. De nuevo mis felicitaciones en este día.

El autor es Periodista y Profesor de la facultad de Comunicación Social

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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