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Resultados de una Micro Encuesta sobre Ética Profesional

Por: Ramiro Manzane | Publicado el: 16 julio 2025



Con el objetivo de obtener una percepción general sobre el concepto de ética profesional en Panamá, entendiendo tal percepción como la forma en que algunos profesionales panameños ven y evalúan el comportamiento moral de los profesionales en el ejercicio de su trabajo, estudiantes de la escuela de estadística de la Universidad de Panamá, aplicaron una encuesta a diferentes especialistas, en el primer semestre del año académico 2025.

Para tal propósito, se seleccionó una muestra de 103 participantes; de los cuales el 61.2 % (63) eran damas y el 38.8% (39) varones; los encuestados están entre 27 y 43 años. De 10 preguntas que se aplicaron, hemos seleccionado 5 para compartirlas con la comunidad universitaria. A continuación, las describimos:

Al preguntar si ¿El profesional panameño está preparado para resolver conflictos éticos laborales? la mayoría de los encuestados eligió la opción “Más o menos” (43), lo que representa el 41.7% del total de encuestados, indicando una percepción moderada o incierta sobre la preparación ética de los profesionales panameños. Al contrario, se aprecia que solo el 12.6% (13 personas) de los encuestados consideran que “todos están preparados”, una proporción baja que evidencia dudas significativas en cuanto a la formación ética profesional. Por su parte, las respuestas “Casi todos” el 26.2% (27) y “Algunos” el 19.4% (20) también reflejan una percepción dispersa y poco contundente, lo que sugiere la necesidad de reforzar la formación ética profesional mediante resolución de conflictos prácticos.

Sin embargo, al consultarles si ¿El profesional tiene un contrato moral con el paciente, cliente, usuario o consultante? Los resultados muestran una clara tendencia hacia el reconocimiento de este compromiso ético. La mayoría de los participantes indicaron estar “totalmente de acuerdo” (52) o “muy de acuerdo” (29), sumando un 79.4% del total, lo que evidencia que la mayoría reconoce la importancia del contrato moral en el ejercicio profesional. Además, el 18.4% (19 personas) señalaron estar “parcialmente de acuerdo”, lo que podría reflejar experiencias personales, dudas o limitaciones prácticas en torno a este principio. Solo dos personas se mostraron “en desacuerdo”, lo cual representa una minoría muy reducida (1,9%). Estos datos refuerzan la idea de que existe una percepción generalizada de responsabilidad ética en la relación profesional con el usuario, cliente, consultante o paciente.

En este orden, les presentamos y solicitamos ordenar de mayor a menor gravedad cinco (5) faltas de un profesional por las que puede ser amonestado; el resultado en este ítem indica que, la mayor gravedad sería “la manipulación de datos”. Un total de 94 personas la eligieron; es decir, un 91% de los encuestados. Esto expresa el compromiso del profesional con la honestidad y la transparencia como fuentes de confianza y seguridad en su ser, hacer y convivir; dado que, también podría significar que quien se atreva a manipular la verdad es un trabajador temerario, capaz de adecuar información para su conveniencia material, desvirtuando la verdad; en el orden descendente está “la mala comunicación”, un defecto evaluado como más o menos regular donde 90 encuestados; o sea, el 87% puntuaron. Se considera a la comunicación como importante, no la falta más grave; pero, sí como puente de éxito. De todas maneras, la buena o mala comunicación está relacionada con la dimensión moral de la persona humana llamada: habilidades sociales, según Miguel Martínez de la Universidad de Barcelona. En este orden, la opción siguiente fue la “falta de veracidad” con un 85% (88 personas); un 71% para el error “exceso de lealtad” (75 personas) y por último 73 encuestados eligieron “sesgo de datos”; es decir, un porcentaje de 71%; siendo esta, la falta calificada como menos grave.

Por otra parte, se les preguntó si ¿el profesional debe informar alguna falta conocida que considere incorrecta? a la que la mayoría de los encuestados respondió que “siempre” lo que representa un 78.6% del total (81 personas), indicando un alto nivel de compromiso con la integridad y probidad profesional que no comulga con aquello que puede causar bochorno e inestabilidad a la empresa. Se observa una fuerte tendencia hacia una postura ética activa. En este orden, la opción “casi siempre” tiene un 14,6% (15 personas); “algunas veces” 7% (7 personas) y “ninguna vez” no fue puntuada. Esto es real ya que, hay profesionales que por cuidar el pan que llevan a su familia prefieren no implicarse en ningún punto que pueda terminar en conflicto y es necesario comprender que esta también es una postura ética.

En la última pregunta, al consultarles si ¿cualquiera ley profesional si no es ética es corrupta? la mayoría de los encuestados el (91.3%) está de acuerdo con que una ley profesional que no cumpla con estándares éticos “” se considera corrupta. Esto refleja una fuerte asociación entre la ética y la validez de las normas profesionales en la percepción de los participantes. En cambio, solo el (8.7%) de los encuestados que respondió que “no” podrían indicar una perspectiva más contextual. De las 57 personas encuestadas que dijeron que “si”, fueron mujeres (90%) y solo 6 damas dijeron que no. Y de los hombres 36 (92%) dijeron que y solo 3 dijeron que no. A juzgar por la cantidad de la muestra masculina y femenina, se observa que los porcentajes son parejos, lo que significa que la evolución del juicio moral en ambos sexos se encuentra en el mismo nivel.

Para la década de 1960 con David Luban Y Bradley Wendel se habla de una ética profesional como filosofía moral y filosofía política. Según Aristóteles, el que no puede darse autonomía a sí mismo (No razón) es esclavo por naturaleza (Libro 1, cap. 2, Política) y Kant afirma que la autonomía de la voluntad se da a sí misma una ley moral (Fundamentación Metafísica de las Costumbres); gracias a esta ley moral, se crea una deontología profesional (J. Bhentam). Más que con teorías, con buenas prácticas, el panameño está materializando el contrato moral de su especialidad.

El autor es Docente de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Panamá

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