La higiene mental como clave para la salud mental, desde la Psicología Clínica
Todos los seres vivos están experimentando realidades y retos que le exigen respuestas operativas o bien les estresa, como pueden ser: el cambio climático, los cambios geopolíticos, los dominios económicos y culturas, entre muchos otros. En cuanto del ser humano se refiere, definitivamente, la situación puede tornarse más compleja, sobre todo por el nivel de consciencia y racionalidad de este. Pensando en ese ser humano, iniciamos planteando dos definiciones cruciales que deben ser consideradas para gestionar lo que es la higiene mental.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, salud es el “completo estado de bienestar físico, mental y social, no sólo la mera ausencia de enfermedad”. (OMS, 1948)
También indica que la salud mental es un estado de bienestar en el que la persona puede desarrollar sus habilidades, afrontar el estrés normal de la vida, trabajar de forma productiva y contribuir a su comunidad.
Ciertamente, cuando se tiene la consideración del ser humano como un organismo BIOPSICOSOCIAL, el desafío para el logro de su salud mental es un reto diario, constante, activo y reflexivo; y es este, el objetivo de este artículo: concientizar en la importancia del cuidado diario o higiene mental como estrategia para el logro y preservación de ese bienestar máximo que es la salud mental.
La higiene mental puede ser entendida como ese conjunto de acciones y hábitos que contribuyen a mantener un buen estado de salud mental. Es de valor primordial el considerar la higiene mental de esta manera, ya que deposita, mucha de la responsabilidad, en la persona como sujeto de acción, poder sobre sí mismo y gestor de su salud mental. En primera instancia pareciera ser difícil, sin embargo, ese el principal desafío: contribuir a que las nuevas generaciones, desde muy temprano, empiecen a trabajar en pro de su salud mental; de manera tal, que, a medida que vayan creciendo y cuando adulto, poseen un amplio repertorio de estrategias para gestionar las presiones del diario vivir. Que las personas sepan, no sólo, gestionar las tensiones de la vida, si no, también, darse permiso de considerar pedir ayuda a los servicios de salud mental cuando la presión mental, estrés, descontrol emocional, ansiedad, tristeza le superar sus recursos usuales.
El considerar la higiene mental como esas prácticas diarias que las personas pueden realizar en pro de su salud, y en particular, su salud mental tiene un valor poderoso e incalculable tanto a corto, mediano y largo plazo. Los beneficios se focalizan no sólo en términos de salud, así como en sus relaciones consigo mismos, sociales, laborales, comunitarias, financieras y otras. Suele pasar que los menores y adolescentes se quejan de situaciones que les abruman (pensamientos, acciones y otras) y los adultos les minimizan estas observaciones; constituyendo posibles alarmas de que hay que atender esa salud mental.
Algunas recomendaciones para favorecer la higiene mental serían:
- Desde lo físico:
- Cuidar las horas de sueño, estableciendo un hábito diario para acostarse, libre de distractores, y levantarse, de manera que se cumplen un mínimo de horas. Alejar los dispositivos electrónicos de este hábito, así como la ingesta hipercalórica.
- Lograr y mantener una dieta balanceada, donde los diferentes grupos alimenticios (frutas, vegetales, carbohidratos y proteínas) estén presentes. Evitar los alimentos procesados, grasosos, azucarados, otros.
- Evitar el consumo de cigarrillos, bebidas alcohólicas.
- Establecer un régimen de actividad física básico y necesario.
- Lo social:
- Favorecer el intercambio con personas de confianza, que favorecen la comunicación sana.
- Participar y contribuir en la comunidad con alguna actividad productiva.
- Lo mental:
- Empezar a practicar hábitos que contemplen la lectura, relajación, material visual agradable, entre otros.
- Evitar el uso excesivo de los dispositivos electrónicos como estrategia.
Podríamos extendernos en las posibles acciones recomendadas para favorecer la salud mental de todos, grandes y chicos, individual y colectiva, escolar, laboral y familiar; no obstante, lo importantes es saber que no importa la edad, siempre se pueden iniciar las buenas prácticas para lograr y mantener esa salud mental tan necesaria en estos momentos.
Referencias bibliográficas:
Organización Mundial de la Salud (1948).
La autora es Doctora en Psicología Clínica-Psicoterapeuta Certificada y Docente universitaria.


