Sanidad Agropecuaria y sostenibilidad en el comercio internacional
En un mundo cada vez más interconectado, garantizar que los productos agropecuarios sean seguros y sostenibles no es solo una exigencia ética, sino también una condición indispensable para competir en el comercio internacional.
Aunque de manera rudimentaria, ya las antiguas civilizaciones mesopotámica y egipcia practicaban el control de plagas y establecían cuarentenas para proteger sus cosechas y ganado. Estas medidas tempranas constituyen algunas de las primeras evidencias de lo que hoy conocemos como sanidad agropecuaria: un conjunto de prácticas y medidas destinadas a prevenir, controlar y erradicar enfermedades y plagas que afectan cultivos y animales con valor económico.
Hoy, la sanidad agropecuaria no solo busca proteger la producción agrícola y ganadera, sino hacerlo de manera sostenible. Es decir, reducir el uso de químicos nocivos, preservar los recursos naturales, evitar pérdidas económicas y fortalecer la resiliencia de los sistemas agrícolas frente al cambio climático. Este enfoque sostenible es clave para mantener la competitividad de los países en los mercados internacionales.
Durante el Primer Congreso Agropecuario Nacional: Visión Agro 2050, el representante por parte del ministerio de Salud, Gilberto Elías Real Castillo, resumió esta relación con una sola palabra: confianza. “Los consumidores confían en que los productos que adquieren no representarán un riesgo para su salud... Los países que nos compran también confían en que no les exportaremos un problema sanitario”, afirmó. Esta confianza es el activo más valioso de cualquier sistema agro exportador. De tal manera que la calidad, se concentra en la seguridad de que los productos, no representan ninguna amenaza fitosanitaria.
Cabe indicar, que la confianza es fundamental para mantener relaciones comerciales estables, responsables y sostenibles. Para respaldar las iniciativas económicas del de los productores panameños, organizaciones como la FAO, la OMS, la Organización Mundial del Comercio (OMC) y el Codex Alimentariius, trabajan en conjunto, para establecer normas sanitarias que garanticen el comercio seguro de productos agropecuarios. Resalta el hecho de que, los países que no cumplen con estas regulaciones enfrentan bloqueos comerciales, pérdidas de mercados clave y sanciones. Una enfermedad predecible, como un brote de fiebre aftosa o la detección de una plaga, no controlada, puede cerrarle, a corto, mediano y largo plazo, los mercados a los exportadores, dando como consecuencia sustantivas pérdidas, e incluso, expulsarlos definitivamente de la actividad productiva.
Es importante resaltar que, ante estas exigencias, que norman la calidad de la producción, se presenta un panorama u horizonte en el que es determinante, la existencia de práctica concretas y políticas estratégicas, que fortalezcan la sanidad agropecuaria, sin comprometer la sostenibilidad de la producción. Algunas de ellas son: agricultura regenerativa, que mejora la salud del suelo y reduce la dependencia de agroquímicos; manejo integrado de plagas, priorizando el control biológico; sistemas de trazabilidad que permiten seguir el recorrido de los productos del campo a la mesa; y una educación técnica continua para todos los actores del sector, tanto existentes como emergentes.
Además, se necesitan políticas públicas de apoyo al productor para mejorar su acceso a tecnologías propias del sector, asistencia técnica, sanidad agropecuaria e información oportuna, como parte de una estrategia de inteligencia de mercados y de sostenibilidad alimentaria, pilares que deben garantizar la seguridad alimentaria, tanto en calidad como en volumen. Es imperante que se desarrolle el entorno institucional adecuado, que brinde este respaldo y que extienda su radio de acción a los pequeños y medianos productores a fin de que puedan cumplir con los estándares internacionales o adoptar prácticas sostenibles y usufructuar de su trabajo.
En el mercado competitivo de producción de alimentos, la sanidad y la sustentabilidad agropecuaria, no son opcionales, por el contrario, son condiciones esenciales para competir con márgenes de rentabilidad parte en el comercio internacional del siglo XXI. Panamá tiene el desafío, y la oportunidad, de reposicionar su producción en los mercados globales si desarrolla las políticas atinentes, pertinentes e integradas. Por lo cual debe cohesionar la cooperación institucional con la visión y misión a corto, mediano y a largo plazo.
En palabras del Dr. Real, representante del ministerio de salud: se trata de generar confianza. Y en el comercio global, la confianza es sinónimo de futuro.
Artículo de la Profesora Alicia Esther Jiménez Romero y los estudiantes Dennisse Alveo y Paola Miranda


