Cuando la tierra muere: desertificación y sequÃa, dos amenazas silenciosas
En Panamá, las sequÃas prolongadas y la desertificación avanzan como dos amenazas que, aunque silenciosas, están marcando profundamente al territorio y a sus comunidades. En regiones como el Arco Seco, especialmente en provincias como Herrera, Los Santos y Coclé, los efectos del cambio climático ya se hacen evidentes: las lluvias disminuyen, los rÃos bajan su caudal, los suelos se agrietan y las cosechas no rinden como antes. Familias que han vivido por generaciones de la tierra ahora enfrentan escasez, no solo de alimentos, sino también de agua, y ven cómo se desdibujan sus posibilidades de sustento.
El Parque Nacional Sarigua es el rostro más visible de esta transformación. Una zona que antes fue rica en biodiversidad ahora se asemeja a un desierto, árido y calcinado. Aunque la desertificación no significa necesariamente la formación de dunas o arenas como en el Sahara, sà implica la pérdida progresiva de la capacidad productiva del suelo. Y eso ya ocurre aquÃ. Según el Ministerio de Ambiente (MiAMBIENTE), al menos un cuarto del territorio nacional presenta señales de degradación, una cifra alarmante si se considera la dependencia rural y agrÃcola de muchas provincias.
La situación se agrava con fenómenos como El Niño, que intensifican la sequÃa, y con actividades humanas como la tala indiscriminada, la sobreexplotación del suelo y el uso inadecuado de agroquÃmicos. En respuesta, Panamá ha puesto en marcha proyectos de recuperación como PROCUENCAS y ha reforzado su participación en la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (UNCCD). Sin embargo, los expertos coinciden: sin educación ambiental efectiva, participación comunitaria activa y voluntad polÃtica firme, los esfuerzos serán insuficientes.
El Canal de Panamá, eje económico del paÃs, tampoco escapa a esta realidad. En 2023, se reportaron restricciones en el tránsito de buques debido a la baja en los niveles del Lago Gatún, consecuencia directa de la disminución de lluvias y de la alteración en los patrones hÃdricos. Esto pone en juego la economÃa nacional y el abastecimiento internacional, mostrando cómo la sequÃa no solo afecta al campo, sino a toda la estructura productiva del paÃs.
La desertificación no se combate únicamente con árboles; requiere un enfoque integral. Los agricultores deben aprender a utilizar prácticas sostenibles, como la rotación de cultivos y el uso eficiente del agua. Las autoridades locales deben planificar el uso del suelo con base cientÃfica y no solo polÃtica. Y la ciudadanÃa debe dejar de ver el clima como un fenómeno lejano y empezar a reconocer su papel en esta crisis silenciosa.
Panamá tiene aún oportunidad de revertir parte del daño, pero el tiempo corre. La tierra muere cuando se olvida. Y cuando muere la tierra, mueren también las culturas, las economÃas, las familias. El futuro se escribe ahora, en cada decisión que se tome o se evite, en cada árbol que se plante o se tale, en cada gota que se cuide o se desperdicie. No es una metáfora: es una advertencia real.
Referencias bibliográficas
Ministerio de Ambiente. (2023). DÃa mundial de lucha contra la desertificación y la sequÃa. https://miambiente.gob.pa
Pérez, M. (2021). Impacto del cambio climático en la degradación de tierras agrÃcolas en el Arco Seco panameño. Universidad de Panamá, Facultad de Ciencias Naturales.
Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación. (2022). Informe nacional de Panamá. https://www.unccd.int
La autora es Estudiante de Periodismo
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