Cuando se caen las Caretas
“Del espejismo de la inclusión al rostro crudo de la desigualdad”
En los últimos cinco años, dos acontecimientos de gran impacto han permitido cuestionar la realidad imperante y observar con mayor claridad lo que, hasta entonces, el velo de la distracción y la rutina no dejaba ver. Estos hechos son la pandemia del COVID-19 y, en el caso de Panamá, la imposición de medidas antipopulares por parte del gobierno actual.
La pandemia no solo fue una crisis sanitaria: se convirtió en un espejo global que reflejo la fragilidad de nuestros sistemas sociales, económicos y políticos. La desconfianza hacia las medidas de salud impuestas, la resistencia de amplios sectores de la ciudadanía y las controversias alrededor de la gestión pública no fueron fenómenos aislados. Por el contrario, revelaron una profunda desconexión entre la población y las estructuras que supuestamente la protegen. Se cuestionaron prácticas médicas, decisiones políticas, prioridades económicas, e incluso la veracidad de la información oficial. En pocas palabras, la pandemia desnuda al sistema.
En Panamá, el descontento social ha alcanzado nuevos niveles a raíz de las decisiones impopulares tomadas por la actual administración. Esta situación ha sacado a la luz una dolorosa verdad: muchos valores, creencias y prejuicios que se creían superados, en realidad, siempre han estado allí, apenas ocultos tras un barniz de modernidad. Se hace presente la frase: Todo cambia para que nada cambie.
Vivimos en una sociedad que muchas veces actúa por apariencia. Se crean organismos, se firman acuerdos y se adoptan discursos de inclusión, tolerancia y respeto, más como una respuesta a presiones internacionales o exigencias de financiamiento externo que por convicción interna. Se proyecta una imagen progresista, pero en momentos de tensión, esa fachada se desploma, dejando al descubierto una estructura aun marcada por la exclusión, el clasismo y la discriminación.
La invitación, entonces, es a una revisión honesta y profunda de nuestras creencias, valores y percepciones. Debemos preguntarnos si realmente aspiramos a construir una sociedad inclusiva, o si, en el fondo, preferimos mantenernos cómodamente dentro de esquemas excluyentes. La naturaleza humana tiende a rechazar lo diferente, sí, pero también tiene la capacidad de evolucionar hacia la empatía, la convivencia y el respeto mutuo.
Momentos de crisis como el actual tienen el poder de revelar nuestro verdadero rostro. Cuando se caen las caretas, emerge el yo autentico. Y esa revelación, aunque incomoda, puede ser el punto de partida para construir una sociedad más sincera, más justa y humana.
Panamá es un país conformado por una rica diversidad de grupos humanos, culturales y sociales. Esa es su mayor fortaleza. Sin embargo, pese a múltiples esfuerzos por lograr una integración real, todavía queda un largo camino por recorrer. La pregunta urgente es: ¿tenemos la voluntad genuina de avanzar hacia una sociedad realmente integradora e inclusiva, o seguiremos sosteniendo la farsa?
El autor es Psicólogo y Docente Universitario


