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Guna Yala: El cambio climático amenaza una Cultura milenaria

Por: Jeanine Santos | Publicado el: 17 junio 2025



En el extremo oriental de Panamá, un rincón de belleza ancestral y tradición resiste una batalla silenciosa contra un enemigo invisible: el cambio climático. Guna Yala, un territorio autónomo habitado por el pueblo indígena Guna y compuesto por más de 365 islas en el Caribe panameño, enfrenta una amenaza real: desaparecer bajo las aguas.

Durante generaciones, los Guna han vivido en armonía con su entorno, construyendo viviendas de caña y palma, navegando en cayucos y conservando sus costumbres con orgullo. Su forma de vida, basada en el respeto por la naturaleza, contrasta con la crisis que enfrentan hoy. Las mareas suben, las lluvias son más intensas, y las inundaciones se han vuelto parte de la vida cotidiana.

Según datos del Ministerio de Ambiente de Panamá, el nivel del mar en el país ha aumentado entre 3 y 4 milímetros por año. Para muchos esto puede parecer poco, pero para comunidades asentadas a pocos centímetros del mar, cada milímetro es una amenaza directa. Islas como Cartí Sugdup y Gardi Sugdub ya sufren inundaciones frecuentes, donde el agua entra a las casas sin pedir permiso.

“Hay días en que el mar entra a las casas como si tuviera derecho a quedarse”, expresó un líder comunitario. Esta afirmación refleja no solo una realidad física, sino también emocional: el temor constante de perder el hogar, la tierra y la historia.

Las proyecciones científicas son preocupantes. Si las emisiones globales continúan al ritmo actual, para el año 2050 muchas de las islas habitadas estarán completamente sumergidas. El gobierno panameño ha diseñado planes de reubicación junto a organismos internacionales, pero los desafíos son grandes: falta de recursos, desacuerdos sobre los terrenos donde serían trasladados y la resistencia de los propios Guna, quienes temen perder su identidad al abandonar sus tierras ancestrales. Guna Yala no solo enfrenta una crisis ambiental, sino también cultural. Es una de las pocas regiones del mundo donde un pueblo originario ha logrado mantener su autonomía política y cultural. Su idioma, vestimenta, danzas y cosmovisión

representan una riqueza invaluable para Panamá y el mundo. Si sus islas desaparecen, con ellas podría perderse también parte de ese legado. Lo más injusto de esta situación es que los Guna casi no han contribuido al calentamiento global. No tienen industrias contaminantes ni un consumo excesivo de recursos. Su huella ecológica es mínima. Sin embargo, son de los más afectados por las consecuencias de un sistema global que históricamente ha ignorado a los pueblos indígenas.

A pesar de la gravedad del problema, la cobertura mediática ha sido limitada y las políticas públicas aún no responden con la urgencia necesaria. Algunas familias han comenzado a migrar a tierra firme, enfrentándose a nuevos retos como el desempleo, la discriminación y la pérdida de comunidad. Los jóvenes, en especial, se debaten entre adaptarse a la modernidad o preservar sus raíces. Las mujeres, tradicionalmente tejedoras de molas, encuentran difícil comercializar su arte en ciudades ajenas a su cultura.

Sin embargo, en medio de las dificultades también hay esperanza. Se han desarrollado proyectos de educación ambiental, programas de viviendas adaptadas al entorno, e iniciativas para fortalecer el liderazgo juvenil en las comunidades. La visibilidad internacional del caso ha generado apoyo de organizaciones no gubernamentales que promueven el turismo sostenible, la capacitación en oficios y la conservación del conocimiento ancestral.

Los ancianos Guna, por ejemplo, están compartiendo sus saberes sobre los ciclos del mar, las plantas medicinales y los signos de la naturaleza, reafirmando que la sabiduría tradicional también es una forma de resistencia. Estos conocimientos, que han pasado de generación en generación, pueden ser clave para enfrentar la crisis climática desde un enfoque más humano y sostenible.

Guna Yala debe convertirse en un símbolo de una lucha global. Lo que ocurre allí es un reflejo de lo que puede pasar en muchas otras regiones costeras del mundo si no se toman medidas urgentes. Es tiempo de que las políticas climáticas dejen de ser solo promesas y se conviertan en acciones reales, con los pueblos indígenas como protagonistas, no solo como víctimas. Cada ola que golpea las costas de Guna Yala es un recordatorio de que el tiempo se agota. Pero también es una oportunidad: la de construir un futuro más justo, donde el desarrollo y la naturaleza puedan convivir. Defender Guna Yala es defender la diversidad cultural, los derechos humanos y la posibilidad de una nueva relación con el planeta. Es hora de escuchar al mar, pero aún más, a quienes lo han habitado con respeto desde siempre.                  

 Fuentes: Martínez, R. (2017). Desplazamiento climático en la región autónoma de Guna Yala. Universidad de Panamá. https://up-rid.up.ac.pa/1591/3/roberto_martinez.pdf

La autora es estudiante de Periodismo

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