Pincelazo Filosófico Práctico de la Mujer Profesional Panameña
A través de la historia, la mujer alrededor del planeta, al igual que el hombre, ha hecho grandes aportes al desarrollo de la humanidad, en diferentes culturas, imperios, repúblicas y países. Haciendo aquella parte que solo la mujer puede hacer desde su singularidad femenina expresada en virtudes, talentos, dones, cualidades y carismas propios de la psicología de la mujer. Que, con su creación, gracia, encanto, versatilidad, ciencia y humanidad, da luz, color y sabor al mundo.
Un ejemplo de ello lo vimos el domingo 25 de mayo de 2025 en Panamá, cuando miles de mujeres panameñas caminaron en las calles de la ciudad de Panamá en rechazo a la ley 462, a la apertura de la mina y a la presencia invasiva foránea con fines castrenses e imperialistas que abren las heridas geográficas, físicas y emocionales de un pasado reciente enterrado en nuestra historia.
Este acto auténtico, de las damas panameñas, es un empujón social con efecto filosófico práctico en todos los ciudadanos y especialmente en las damas de todas las edades. Ello ha sido un gran aporte cívico; ya que, la mujer panameña se siente empoderada, enaltecida y acrisolada en su carácter, potenciando su actitud práctica y cívica ante el invisible Estado de Derecho en el que todos los panameños sobrios y alertas estamos viviendo.
Nuestras reinas, han lanzado una clara invitación a todos los mortales de esta patria a defender los derechos fundamentales, inalienables, consagrados nacional e internacionalmente; no negociables ni vendibles; solo defendibles porque son nuestros. Sus rostros empapados de sudor, calor ciudadano y sentimientos de rechazo a la injusticia; con lágrimas negras y blancas rodando por sus mejillas; pero los ojos puestos en el horizonte justo, que persiguen; adolescentes, adultas, latinas y originarias pisando el suelo y asfalto de Urracá, de Victoriano, de Kibian, de Bayano, de Rufina, de N.Van Kleef y de Héctor Gallegos; pero retando al sol y a la lluvia con pregones y música en la sonrisa.
La calle vibraba al son femenino; esta vez no era una espiritualidad de procesión de jueves santo, era un remolino de damas gritando con autoridad y desafío consignas contra una política neoliberal salvaje como la calificara en su momento Karol Wojtyla. Estas damas lucían descollantes como Cleopatra en Egipto, talentosas y valientes como Gala Placidia en Roma, proactivas como Eva Perón en Argentina y dispuestas por la nación como Indira Gandhi en la India.
En este norte, es importante reconocer que debemos un tributo de alabanza y respeto a la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, por allá en el siglo XVIII, cuando esta madre defendió la dignidad intelectual de la mujer y en consecuencia la importancia de la educación femenina. Aquí están sus frutos. En la marcha se escuchaba una sola voz a golpe de tamborito, tonadas que entraban sin permiso en las alcobas de autóctonas, negras y blancas sin intermediarios; porque desde luego, en el tamborito, ellas son las maestras, con el permiso de Chejo Cedeño.
Analizando todo el colorido simbólico, reflejado por estas damas en su protesta social, ya sea exegética o hermenéuticamente, estamos obligados a reconocer que la mujer panameña tiene la bravura de HATSHEPSUT, la faraónica y única mujer egipcia en la historia, que ciñó sobre su cabeza las dos coronas: la del alto y bajo Egipto, como reina y faraona. Claramente que, nuestras reinas y faraonas panameñas, con su valor y cuidado celestial, han hablado contundentemente al mundo y sobre todo a los “panameños sordos que administran el país” para que escuchen.
Escuchar a las damas es imperante, inteligente, determinante, si queremos mejores días para Panamá. Ellas tienen la mitad de las soluciones de los problemas de Panamá. Según cifras de matrícula de pregrado y grado de la Universidad de Panamá, en el año académico 2023, la matrícula de varones fue de 29,512 participantes; mientras que, las damas fueron 56,054 discentes. Eh ahí un detalle que habla por sí solo. En el rango de edad de 20 a 29 años, los varones graduados en el 2023 fueron 1625 caballeros; mientras que, las damas suman 4,306 en total.
¿Les parece poco? Hoy en día, la historia la podrán estar protagonizando los varones; pero, son las damas las que la están escribiendo con tinta dorada, son ellas las heroínas de esta curva social tormentosa, entonces por allí están las razones por las que es imperante dar a las damas el lugar que se han ganado. No más ideologías baratas, huecas y adoctrinadoras agazapadas detrás de la mediocridad, bajo el pretexto de que “el hombre tiene que ir por delante para matar el tigre”.
Para el año 1504, dada la muerte de Isabel I, la católica, colocaron en su ataúd de plomo un letrero que reza así: “IPSA LAUDABITUR, por sí misma será alabada”. Es que, en sí, para sí y para los otros se construye en la vida. Tantiando, tentando y hasta temblando esta señora no dejó que se oxidara el hierro del que había sido hecha. De igual forma, la mujer panameña como líder transformador, reconcilia diferentes colores de piel, credos, razas, costumbres, pensamientos, filosofías. Y así como Isabel en su testamento abogó por los nativos americanos en su persona y en sus tierras, la mujer panameña alza la voz por todos los ciudadanos panameños que esperan callados en la periferia, mejores horizontes de esperanza.
Dado que, la identidad de ser mujer no se pierde con ninguna frontera establecida por los países y hegemonías políticas dominantes en el mundo; también, las mujeres panameñas pueden hacer camino en cualquier dirección que lleve hasta la victoria a la sociedad istmeña; ya sea en la jurisprudencia, ya en la economía, en la política, en la ciencia y en la tecnología.
Las hijas de este suelo son conscientes que todas las tierras son benditas para nacer y para morir, para cantar y llorar de alegría, para innovar y progresar, para aplaudir, permitir y prohibir en el justo equilibrio del panameño valiente pero sensato, inteligente pero sabio, prudente y templado que teme lo infinito, pero ama la eternidad; porque en Panamá todos nacimos para triunfar.
El autor es Magister y Docente de la Escuela de Filosofía de la Facultad de Humanidades


