Un Prólogo que fue dedicado a la obra “Victoriano Lorenzo en la Historia de Panamá"
Hace catorce años, en nuestro paÃs, al conmemorarse en el año 2003, el denominado Centenario de la República, el profesor Herbert George Nelson Austin (Q.E.P.D),decidió en contraposición de quienes pretendÃan seguir negando la verdad a las presentes generaciones y futuras del pueblo panameño, sobre la figura de Victoriano Lorenzo y de lo que su aguerrida lucha significó y representó para los campesinos, los indÃgenas y para la historia de nuestro pueblo panameño; decidió escribir la obra denominada: Victoriano Lorenzo en la Historia de Panamá.Â
Aquellos borradores de esa importante obra que Nelson Austin recogió con mucha precisión sobre la verdadera historia que en la praxis fue escrita al calor del sacrificio, el combate, la lucha y la sangre más preciada de aquellos valiosos hombres y mujeres que, junto a Victoriano, estuvieron en manos de su compañero de lucha y de exilio, que desde las trincheras estudiantiles compartió y vivió imborrables episodios. Destacado dirigente popular (probado en todo los niveles), luchador social, ideólogo y revolucionario panameño Federico Britton (Q.E.P.D), permitiéndole de esta forma escribir el Prólogo de esta impresionante obra que Nelson estructuró en tres capÃtulos. Prólogo del cual nos permitiremos compartir aspectos muy importantes a resaltar, a la ocasión de conmemorarse el 114 aniversario del asesinato de aquel dirigente aguerrido, sagaz e inteligente; jefe imbatible, victorioso e invicto en el campo de batalla, como lo fue Victoriano Lorenzo.Â
En ese sentido, comprendiendo la importancia, la necesidad de mantener vigente la memoria histórica de nuestros héroes aguerridos y luchadores, en las actuales y futuras generaciones; creo que la dimensión profunda en las cuartillas escritas por quien fue también un Comandante histórico y revolucionario, un orientador polÃtico e ideológico del movimiento popular panameño por más de cinco décadas, merecen ser traÃdas a la lectura nuevamente.Â
Federico Britton inicia en su Prólogo diciendo que; Para quienes participan del fragor de las luchas sociales, patrióticas y revolucionarias, es importante poder contar con obras de investigación y reflexión cientÃfica, producto del quehacer intelectual panameño, que contribuyen a romper con el manejo falaz e interesado que de la historia de Panamá han venido haciendo por más de cien años quienes han disfrutado de manera exclusiva de nuestra privilegiada posición geográfica y de la riqueza generada por el sudor y la vida que los cholos, campesinos y obreros dejan en los surcos y centros de trabajo.Â
Como un instrumento ideológico para mantener su dominación económica y polÃtica, la oligarquÃa ha inventado que somos un pueblo afable y sumiso que no lucha contra quienes nos explotan y expolian ni contra quienes mancillan nuestro sentido profundo de Patria. Por mucho tiempo se nos ha tratado de ocultar un pasado heroico de resistencia y se distorsionan las esforzadas e ininterrumpidas luchas que ha librado y libra nuestro pueblo por la existencia, por la justicia social, por una Patria libre y soberana y por la transformación radical de las ya carcomidas estructuras de la sociedad panameña. De manera tal que, como pueblo, hemos tenido que ir rescatando y reconstruyendo la historia de los de abajo. Es la historia de lucha y dignidad escrita con sangre por Urraca y Quibian; es la historia de los negros cimarrones, como Bayano y Felipillo, quienes nos enseñaron que los hombres no pueden vivir sin libertad. Â
Al ir recuperando la memoria histórica de nuestro pueblo descubrimos la mentira mil veces repetida por las plumas al servicio de la oligarquÃa de que Panamá logró su independencia de España sin derramamiento de sangre. No sólo es un intento por fragmentar la historia, es un irrespeto a los istmeños que formaron parte de los batallones VoltÃjeros, Pichincha y Vencedores, del Ejército Libertador, que combatieron y derramaron su sangre por la independencia de América guiados por las espadas de BolÃvar y de Sucre en las batallas de Pichincha (mayo-1822), JunÃn (agosto-1824), Matará (diciembre-1824) y de Ayacucho (diciembre-1824) con la cual se sella definitivamente el ciclo de dominación de España en el Nuevo Mundo. Es en batallas como estas que el coronel panameño José Antonio Miró y los generales Tomás Herrera y José Domingo Espinar, ganan sus grados militares. Â
Algo similar ocurre cuando nos adentramos en las luchas sociales y polÃticas que se escenificaron en el Istmo de Panamá en las últimas décadas del siglo XIX. Se ha tratado de minimizar, y aún ocultar, los alcances y el profundo significado de la agudización de la lucha de clases y de los especÃficos aspectos nacionales expresados a través de confrontaciones polÃticas muchas veces llevadas al enfrentamiento armado , entre el conservadurismo centralista y el liberalismo popular asentado en los arrabales de Panamá y en la ciudad de Colón, encabezado por Buenaventura Correoso, estadista y hombre de armas tomar, y por Pedro Prestán, luchador social e incuestionable patriota, entre otros.Â
Siguiendo con esta lÃnea de reflexión, resaltamos el hecho de que fuera precisamente el doctor Belisario Porras, posteriormente electo varias veces Presidente de la República y reconocido por todos como el más grande estadista que ha dado la nación, quien hubiese iniciado y dirigido como jefe polÃtico y militar la Guerra de los Mil DÃas en el Istmo, la más cruenta guerra civil de la historia panameña. Esto nos indica de manera incontrovertible que Panamá no escapa a la verdad cientÃfica de que la guerra es la continuación de la polÃtica por otros medios. Â
Al acercarnos al centenario del infame y cobarde fusilamiento de Victoriano Lorenzo, el Cholo Guerrillero es objeto de atención en la labor investigativa del licenciado Herbert G. Nelson A., pone en nuestras manos su nueva obra Victoriano Lorenzo en la Historia de Panamá, fruto de su laboriosa investigación en bibliotecas públicas y privadas, en hemerotecas, rescatando escritos en revistas y periódicos, desempolvando documentos que contribuyen a articular en toda su dimensión las venturas y desventuras de un Victoriano Lorenzo orgulloso de su pueblo indÃgena, de sus tradiciones y de su cultura.Â
El autor presenta diversos aspectos y facetas de la vida y las luchas de Victoriano Lorenzo: dirigiendo la lucha de los cholos por la tierra y contra la injusticia de la cual eran vÃctimas, las causas que lo impulsan a proclamar la rebelión armada y ponerse al frente de las fuerzas insurgentes de indÃgenas y campesinos, como genial adalid guerrillero venciendo a sus enemigos en los campos de batalla, traicionado por los liberales, fusilado alevosamente por los godos y desaparecidos sus restos por la oligarquÃa panameña para que el pueblo no tuviese un sitio adonde ir a rendirle honor y pleitesÃa. Â
La historia oficial, escrita por esa misma oligarquÃa responsable del asesinato de Victoriano Lorenzo, intentó durante muchas décadas desmeritar y opacar la importancia histórica social de este formidable revolucionario. CreÃan que asà borrarÃan su nombre de la memoria del pueblo y de la historia, que lo enterrarÃan por siempre en el olvido para que su pueblo no pudiera recurrir a su ejemplo de aguerrido guerrillero capaz de enfrentar en todos los terrenos a sus enemigos de clase, pero es obvio que han fracasado.Â
La obra del licenciado Nelson expone un contexto socio-histórico que nos permite comprender los intereses en juego durante la Guerra de los Mil DÃas en el Istmo. Por un lado, tenemos a los conservadores centralistas, feudales y clericales, por el otro, a los liberales de vigoroso discurso doctrinario, pero de una práctica económica y social deficitaria e inconsecuente.Â
Victoriano, por su parte, representa otra cosa, es la encarnación de las reivindicaciones de los cholos coclesanos, su alianza con los liberales se da esencialmente porque estos eran enemigos del gobierno conservador que representaba a los terratenientes y a las tropas que los avasallaban. En este sentido, Victoriano Lorenzo era amigo de los enemigos de sus enemigos inmediatos.Â
Los intereses del imperialismo yanqui también se hicieron sentir en medio de este conflicto sociopolÃtico, exigiéndole tanto a liberales como a conservadores pacificar a los cholos alzados en armas por ser éstos una amenaza a sus planes transitistas por el Istmo.Â
Los Antecedentes de la Guerra de los Mil DÃas son tratados por el autor en el primer capÃtulo de la obra. Allà se expone ampliamente el desarrollo del conflicto liberal-conservador en Colombia, sus repercusiones y forma de expresión en Panamá durante la segunda mitad del siglo XIX.Â
En este periodo se dan reiteradas intervenciones de Estados Unidos en territorio panameño lo cual es objeto de protestas. Una de estas protestas fue protagonizada por el Prefecto de Colón, Santander A. Golofre cuando al darse la ocupación de la ciudad de Colón por tropas norteamericanas en enero de 1885, y ante la pasividad del Presidente del Estado Soberano de Panamá, General Ramón Santodomingo Vila, quien se justificó con la excusa de que el Tratado Mallarino-Bidlack asà lo permitÃa, le envió una carta con su renuncia en la cual señalaba: En este momento no son las nueve estrellas del pabellón de Colombia las que arrojan luz sobre nosotros. No son las instituciones que BolÃvar conquistó con su espada y Santander selló con los resplandores de su genio, las que nos rigen. ¡La bandera que envolvió a Lincoln al bajar al sepulcro, la veo izada sobre nuestras cabezas. Es increÃble que después de Boyacá se ice una bandera extraña en nuestro territorio sin necesidad de muchos combates y sin que nuestra sangre o la extraña dé color a nuestros mares!. Â
También brilla con luz propia la digna y valiente conducta patriótica y revolucionaria del abogado Pedro Prestán, mulato que acaudillara el alzamiento de negros, pobres y liberales populares en la provincia de Colón. Vergonzosamente Prestán fue ahorcado el 18 de agosto de 1885 para dar satisfacción a los cónsules de Estados Unidos y Francia.Â
Vencida como fue la rebelión liberal de 1885 en Colombia, Rafael Núñez impuso la Constitución centralista de 1886. El Istmo de Panamá pierde su condición de Estado Soberano y se ve reducido a la condición de territorio nacional dependiente del poder ejecutivo colombiano. Esta pérdida de autonomÃa económica y polÃtica reavivó los sentimientos nacionalistas de los panameños y preparó las condiciones para un alzamiento. La revolución liberal de 1899-1902 fue en el Istmo, a más de un movimiento polÃtico, una acción nacional contra el centralismo regenerador (Diógenes De la Rosa: Victoriano Lorenzo, Punto de Vista). Â
Federico Britton expresa que el Autor en el Segundo CapÃtulo, Victoriano y la Guerra de los Mil DÃas en Panamá, trata de manera cuidadosa y documentada sobre los avatares de la guerra civil en el Istmo, de la participación de los cholos coclesanos en tareas de logÃstica, en la guerra de guerrillas y en batallas regulares, encabezados siempre por su lúcido y aguerrido comandante. Nos habla del papel de la mujer durante la guerra civil. También describe este capÃtulo, la traición, el juicio y asesinato de Victoriano Lorenzo. Â
Si las contradicciones entre liberales y conservadores tienen una explicación cientÃfica, también la tiene la opción de Victoriano por las armas y su capacidad para movilizar a la guerra a todo un pueblo, su pueblo indÃgena-campesino. La paupérrima situación socio-económica en la cual vivÃan los indÃgenas al estallar la guerra civil, condiciona su incorporación a la misma. Y es que las condiciones materiales de existencia de los cholos en las montañas eran realmente miserables. Tras campañas de exterminio y desalojo fueron arrinconados en las serranÃas por los conquistadores españoles, luego serÃan despojados de sus tierras y bienes por los colonizadores criollos y, finalmente, fueron usurpados y sometidos por los latifundistas oligarcas y su gobierno a la opresión feudal. Aunado a la carencia de tierras para trabajar, los indÃgenas y campesinos eran sometidos a terribles vejaciones por parte de los terratenientes y el mal gobierno que los agobiaba con el cobro de los diezmos sobre cosechas y crÃa de aves y ganado, los impuestos de matanza y caza, el estricto control de acceso a la imprescindible sal para preservar la carne y los abusos de las autoridades y la soldadesca. Esta vida miserable a la que eran sometidos tenÃa que llevarlos necesariamente, tarde o temprano, a alguna forma de confrontación directa con sus expoliadores y explotadores. La Guerra de los Mil DÃas propició la coyuntura polÃtica favorable para que los cholos empuñaran las armas en pos de sacudirse del yugo feudal al cual estaban sometidos.  Â
Britton expresa en el desarrollo de su escrito que; Victoriano Lorenzo no estaba comprometido ideológicamente con el liberalismo. La vieja amistad de su padre con el Dr. Belisario Porras solo lo habÃa llevado a colaborar con tareas de logÃstica del Ejército Liberal en el Istmo, mas no se habÃa involucrado como combatiente. Después de la derrota liberal en la Batalla del Puente de Calidonia, Victoriano y sus hombres recogen armas y municiones que se llevan de vuelta a la comunidad de El Cacao donde las ocultan.Â
Al ser denunciado por un enemigo personal, las tropas conservadoras caen violentamente sobre el humilde poblado en busca de Victoriano Lorenzo y de las armas. Allà someten al hermano de Victoriano a bárbaras torturas arrancándole información sobre la ubicación de algunas armas, mas no asà sobre el paradero de este. Llenos de ira los godos proceden a quemar los ranchos del caserÃo y a violar a todas las mujeres y niñas del lugar. Concluyen sus reprochables actos vandálicos robándose el ganado, las aves de corral y todo cuanto encuentran de valor en el poblado. Â
Estos hechos cobran valor histórico, pues fueron el detonante a la pólvora de la injusticia social acumulada tras décadas de abusos y humillaciones. Indignado por los atropellos de que habÃan sido objeto los hombres y mujeres de su raza en El Cacao, Victoriano alza la voz y lanza su proclama de rebelión armada al pueblo indÃgena: hay que levantarse contra los godos, para vengar los ultrajes y el honor de nuestras mujeres, nuestras hijas, y castigar a esos ladrones y facinerosos, reivindicando nuestros derechos, aunque sea cada cual con sus escopetas, machetes y flechas (Jacobo Alzamora citado por G. Nelson).Â
Este pasaje es de suprema importancia al determinar el momento en el cual Victoriano Lorenzo se transforma en el Cholo Guerrillero y entra en la historia de los oprimidos que se rebelan con fuerza colosal contra sus opresores. Victoriano Lorenzo da un paso gigantesco al asumir el papel que el momento histórico le exigÃa y se proyecta con las acciones que desarrolla como luchador social. El autor ruso, Jorge Plejánov en su escrito, El Papel del Individuo en la Historia señalaba que El gran hombre lo es no porque sus particularidades individuales imprimen una fisonomÃa individual a los grandes acontecimientos históricos, sino porque está dotado de particularidades que le hacen el individuo más capaz de servir a las grandes necesidades sociales de su época, surgidas bajo la influencia de causas generales y particulares. Â
Es innegable que Victoriano Lorenzo no figurarÃa en las páginas de la historia ni en la memoria del pueblo panameño de no haberse dado la Guerra de los Mil DÃas y de no haber optado por la crÃtica de las armas para defender los derechos, el honor y la dignidad de su gente. Â
La proclama de Victoriano respondÃa a las condiciones y necesidades del momento histórico y por esta razón tuvo un resonante eco entre la población indÃgena y campesina que se alzó en armas blandiendo el machete, estirando el arco y haciendo tronar sus viejas escopetas y mosquetones. Dado el bajo volumen de fuego de sus armas y aprovechando su conocimiento del terreno, la guerra popular campesina bajo la dirección de Victoriano Lorenzo tomó la forma de guerra de guerrillas como método de lucha. Â
Durante meses Lorenzo dirigió sus fuerzas guerrilleras frente al ejército del régimen conservador y mantuvo vivas las llamas de la guerra en el Istmo. Sus constantes triunfos militares sobre las tropas gubernamentales motivaron el retorno del Dr. Belisario Porras al paÃs para unirse a las tropas indÃgenas y continuar su lucha contra el gobierno conservador.  Â
Posteriormente las fuerzas liberales colombianas incorporarÃan un cuantioso contingente de tropas provenientes de otras regiones de Colombia comandadas por BenjamÃn Herrera, Lucas Caballero y Eusebio A. Morales. El Ejército Liberal se fortaleció y desarrolló importantes campañas que le permitieron obtener resonantes triunfos en el campo de batalla.Â
Las tropas indÃgenas y campesinas comandadas por Victoriano Lorenzo y el Dr. Belisario Porras dieron muestras de su gran valentÃa y capacidad combativa durante los enfrentamientos de guerra regular que se suscitaron. Sin embargo, las divergencias entre el General BenjamÃn Herrera y el Dr. Belisario Porras, motivadas por la forma despótica en que eran tratadas las tropas indÃgenas y las disputas por la dirección de la guerra en el Istmo, condujeron a la ruptura entre estos dos personajes, provocando que el Dr. Porras se viera obligado a abandonar la lucha y huir del paÃs. A pesar de estos incidentes, Victoriano Lorenzo continuó combatiendo con su gente en las filas del ejército insurgente liberal donde habÃa ganado el grado de General de División. Â
En el recorrido de su escrito, Federico Britton, resalta el significativo acierto del profesor Herbert G. Nelson A., al incorporar en su obra el resultado de sus investigaciones, sobre el importante papel y desempeño de las mujeres durante la Guerra de los Mil DÃas. Muchos estudios y escritos sobre esta guerra y sobre Victoriano simplemente ignoran la presencia de la mujer como protagonista social de primer orden en la guerra civil y con mayor razón omiten por completo el papel desempeñado por aquellas mujeres que quedaron solas al frente de sus hogares al partir sus compañeros para los frentes de combate. Â
Las Juanas, Cholas o Rabonas, como eran llamadas las mujeres que marchaban detrás de las fuerzas guerrilleras por simpatizar con estas, o bien, siguiendo a su marido o amante, prestaron grandes servicios a la causa de la revolución como cocineras, lavanderas, enfermeras; sembrando y recolectando cosechas, cuidando aves y ganado, conformando redes de abastecimiento de medicinas y alimentos; haciendo postas, creando redes de vigilancia y cadenas de comunicación; realizando labores de logÃstica para dotar a la guerrilla de armas y municiones; como espÃas recabando información entre tropas del gobierno, desinformándolas e incluso desarrollando la guerra psicológica.Â
También fue de gran importancia la participación de aquellas mujeres que utilizaron sus hogares como hospitales de sangre y de fiebre, o bien, como sitios de escondite para los insurgentes. Debemos poner de relieve el significativo número de mujeres que reclamaron el derecho a participar como combatientes en el ejército insurgente y que no pocas llegaron a ostentar el grado de teniente o de capitana máximo grado al cual podÃa aspirar una mujer en dicho ejército en aquel entonces al sobresalir en el campo de batalla por su arrojo, sagacidad e inteligencia. Â
Estas pinceladas históricas que nos presenta Nelson sobre la participación femenina en Panamá durante la Guerra Civil de los Mil DÃas, constituyen un valioso aporte por rescatar nuestra memoria histórica al describirnos como estas valerosas mujeres del pueblo asumieron su compromiso con la lucha social y revolucionaria, expresó Britton. Â
Cuando en Colombia los altos dirigentes del Partido Liberal fueron presionados por diplomáticos norteamericanos para que detuvieran la guerra civil y firmaran la paz a fin de permitirle a los norteamericanos negociar en un clima de paz las concesiones para proseguir la construcción del canal obra iniciada por los franceses se apresuran a firmar la Paz de Neerlandia en Colombia. Pero como quiera que en el Istmo de Panamá los liberales venÃan ganando la guerra, le giraron instrucciones al General BenjamÃn Herrera para que procediera a entablar conversaciones de paz con las fuerzas del gobierno conservador. Â
El cese de las hostilidades sorprendió a Victoriano Lorenzo haciendo los preparativos para tomarse militarmente la Ciudad de Panamá. La jefatura del Ejército Liberal en Panamá emitió la orden de desarmar a todos los elementos integrantes de las tropas. Sin embargo, la tropa indÃgena consideró que no habÃa razón para capitular cuando ellos estaban ganando la guerra contra el gobierno. Â
Victoriano Lorenzo fue vÃctima de la traición de los jefes liberales BenjamÃn Herrera, Lucas Caballero y Eusebio A. Morales, quienes pactaron con el gobierno conservador un acuerdo de paz en el buque de guerra Wisconsin de la armada norteamericana. Luego entregarÃan a Victoriano a las tropas conservadoras pretextando un incidente intrascendental de cantina en la población de San Carlos. Â
Desde su encarcelamiento hasta el dÃa de su muerte, Lorenzo sostuvo que los lÃderes del Partido Liberal lo habÃan traicionado: estoy preso dirÃa en una carta entregado por (BenjamÃn) Herrera al Gobierno. Es necesario recordar el desprecio étnico que sentÃa el general BenjamÃn Herrera por las tropas indÃgenas y por los métodos de guerra de guerrillas que empleaban en la guerra civil. Además, tanto este como su lugarteniente, Lucas Caballero sabÃan perfectamente cuál serÃa el destino de Victoriano, puesto que en los otros departamentos (de Colombia) se habÃa iniciado el proceso de fusilamiento de guerrilleros, inmediatamente después de firmarse el Tratado de Neerlandia. (H.G.Nelson). Â
El juicio y fusilamiento de Victoriano Lorenzo constituyen un acto infame de venganza del gobierno y el ejército conservador contra el combatiente guerrillero que los derrotó en el campo de batalla y al cual nunca pudieron atrapar. El enjuiciamiento de Lorenzo pasó incluso por encima del propio Pacto de Wisconsin que protegÃa a los combatientes por los actos de guerra y remitÃa los delitos comunes a los tribunales civiles. Victoriano fue juzgado por supuestos delitos comunes en un Tribunal Militar en un juicio a todas luces amañado. Â
Frente al escuadrón de fusilamiento, Victoriano Lorenzo pronunció estas palabras: Soy inocente de los crÃmenes que se me achacan. Si los actos de guerra son crÃmenes, yo solo fui un cómplice. Conservadores y Liberales: ¡yo los perdono! Aquà resalta el hecho de que Victoriano ubica a liberales y conservadores en el mismo plano, es decir, no hace distinción alguna entre unos y otros. Por el otro lado, su perdón es un Ãndice acusador pues solo puede perdonarse a quien ha cometido una falta o crimen. Â
En el Tercer CapÃtulo, Juicio Histórico por la Muerte de V. Lorenzo, el autor hace algunas valoraciones interpretativas de lo que representaba Victoriano para godos y liberales, asà como para su pueblo. Igualmente, enjuicia las responsabilidades que caben por la vil traición al Cholo Guerrillero, la farsa del Tribunal Militar que lo condena al patÃbulo y por su cobarde asesinato, puntualiza Britton. Â
Las responsabilidades, si bien tienen nombre propio, también corresponden a los intereses de clase en juego. Es por esto que no se puede exculpar a la oligarquÃa colombiana ni a la panameña, a los conservadores ni a los liberales, asà como no se pueden ignorar los intereses que mueven al imperialismo en el Istmo y su responsabilidad en la pacificación de los cholos en armas. Â
Los últimos párrafos del Prólogo escrito para la historia por Federico Britton explican queVictoriano Lorenzo, auténtico héroe popular, fue difamado y vilipendiado por la oligarquÃa criolla que lo acusó de ser un bandido, asaltante y asesino. En otras ocasiones simplemente fue excluido de la historia oficial. Pero, poco a poco el manto de bandolero que la oligarquÃa tejió para ocultar los valores revolucionarios que representaba el Cholo Guerrillero se fueron diluyendo para dar paso a su gloriosa dimensión de luchador social. Â
Victoriano ha ido resurgiendo de las brumas de la historia gracias a la memoria colectiva para presentarse majestuoso, aguerrido y combativo como jefe guerrillero de su pueblo indÃgena explotado y vejado por los terratenientes.Â
Lo que mantiene al Cholo Guerrillero en la memoria histórica del pueblo panameño es el contenido social de su rebelión contra la injusticia, es el profundo significado subversivo y revolucionario de su lucha. Su ejemplo de combatiente guerrillero y como tal de transformador social , es el que mantiene vivas las esperanzas de poder romper con el orden constituido, de poder producir un cambio radical favorable a las masas irredentas de la ciudad y del campo.Â
Y finalmente escribió;  La obra que hoy nos presenta el licenciado Herbert G. Nelson,Victoriano Lorenzo en la Historia de Panamá, constituye un peldaño en el rescate, reconstrucción e interpretación cientÃfica de nuestra historia y es de lectura obligada para todo aquel que tenga un mÃnimo de conciencia y sensibilidad social, asà como lo es para todo aquel que crea como Victoriano Lorenzo que ¡La Pelea es Peleando! y pretenda poner su grano de arena en los niveles de confrontación más elevados de la lucha de clases en Panamá. / (Federico Britton, Panamá, abril de 2003.)Â
*Publicista y Comunicador Social, con especialidad en Docencia SuperiorÂ
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