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Descifrar el género para comprender el discurso académico: una mirada desde la lingüística contemporánea

Por: Linier E. Escobar Samaniego | Publicado el: 11 junio 2025



En el ámbito universitario, los estudiantes suelen enfrentarse a múltiples formas de escritura: informes, ensayos, artículos, monografías, entre otros. Cada uno de estos textos responde a normas, expectativas y estructuras propias, aunque muchas veces no se explicitan. ¿Cómo puede entonces un estudiante, o incluso un docente, navegar con éxito entre estas exigencias? La respuesta, al menos en parte, está en la comprensión del concepto de género discursivo.

Este concepto, abordado desde diversas perspectivas teóricas y aplicado a distintos contextos académicos y profesionales, ha cobrado especial relevancia en la lingüística contemporánea. Si bien las corrientes que lo estudian difieren en sus enfoques y marcos epistemológicos, todas coinciden en un punto esencial: el dominio de los géneros discursivos es fundamental para el desarrollo de la alfabetización académica y, en consecuencia, para la inserción efectiva en una comunidad de saber.

El concepto de género ha generado múltiples interpretaciones dentro de los estudios lingüísticos contemporáneos. Se podría decir, entonces, que se trata de una noción en disputa y en evolución. Esta condición responde a que ha sido abordada desde distintas tradiciones teóricas que, si bien coinciden en reconocer su dimensión social, difieren en la manera en que lo conceptualizan y operativizan. La Lingüística Sistémico-Funcional y la Lingüística Textual constituyen dos enfoques relevantes en este debate. Ciapuscio (2005) expone que, para la primera, el género se concibe como una estructura retórica orientada a propósitos comunicativos recurrentes, íntimamente relacionada con el contexto situacional y los registros de uso.

En cambio, la Lingüística Textual (tras un recorrido que inicialmente privilegiaba lo gramatical) ha adoptado una perspectiva que reconoce la complejidad pragmática y sociocultural del texto. Pese a sus diferencias, ambas corrientes coinciden en que los géneros reflejan prácticas comunicativas socialmente situadas. Entender esta noción, por tanto, permite optimizar procesos como la enseñanza, la producción de textos académicos y la interacción dentro de las comunidades disciplinares.

La relación entre género discursivo, competencia y profesionalización es un eje central en los estudios aplicados del lenguaje. Desde la perspectiva de las Lenguas con Propósitos Específicos (LPE), esta relación no es meramente instrumental, sino estructural: el dominio de los géneros constituye una manifestación directa de la competencia profesional (Bhatia, 2008).

Esta competencia se configura a partir de tres elementos interdependientes: conocimiento discursivo, conocimiento disciplinario y práctica profesional. Esto implica que la escritura no puede entenderse como una destreza complementaria, sino como una expresión visible de la experticia. Así, identificar las características de los géneros permite interpretar por qué los discursos especializados adoptan ciertas formas y cómo dichas formas responden a exigencias comunicativas propias de contextos académicos o laborales. En este marco, la LPE se distancia de los enfoques meramente descriptivos y avanza hacia una perspectiva crítica e interdisciplinaria, preocupada por esclarecer qué hace posible, pertinente y eficaz un determinado discurso profesional.

Comprender el género discursivo exige una mirada integradora que supere los enfoques exclusivamente formales o funcionales. En esta línea, Parodi (2009) propone un modelo sociocognitivo que articula tres dimensiones fundamentales del lenguaje: la lingüística, la social y la cognitiva. En esta concepción, el lenguaje funciona como eje articulador entre el pensamiento individual y la práctica colectiva, lo que permite considerar los géneros no solo como convenciones comunicativas, sino también como estructuras mentales que orientan la comprensión y producción textual. Esta perspectiva redefine la alfabetización académica como el desarrollo de una competencia discursiva situada, capaz de facilitar el acceso al conocimiento disciplinar y la inserción activa del sujeto en su comunidad de práctica.

En este sentido, la práctica con géneros discursivos no solo refuerza el aprendizaje, sino que transforma las formas en que los estudiantes se relacionan con el conocimiento y con su futura identidad profesional. Así lo demuestran Russell y Harms (2010), quienes, a partir de un estudio con estudiantes de ingeniería y agricultura, evidencian que el trabajo guiado con géneros escritos permite no solo asimilar contenidos disciplinares, sino también adoptar las formas de pensar y comunicar propias de la comunidad académica o laboral.

Al apropiarse de los discursos especializados, los estudiantes comienzan a reconocerse como actores legítimos dentro de su campo. Desde una perspectiva sociocultural, inspirada en la teoría vygotskiana y en los aportes de Bazerman, los géneros funcionan como dispositivos de andamiaje cognitivo que permiten el aprendizaje en interacción. Por ello, enseñar géneros no es simplemente enseñar estructuras: es facilitar el ingreso activo a las prácticas sociales del conocimiento.

A modo de cierre, conviene subrayar que el género discursivo, lejos de ser una etiqueta gramatical o una clasificación rígida de textos, constituye una categoría determinante para comprender el funcionamiento del lenguaje en los contextos donde se produce, circula y legitima el conocimiento. Su valor no es solo teórico, sino también práctico, pues permite analizar críticamente las formas de interacción académica y profesional. Además, ofrece herramientas concretas para intervenir en ellas. En un entorno universitario que aspira a formar ciudadanos críticos, profesionales competentes y sujetos comprometidos con su realidad, integrar la enseñanza de los géneros en el centro de los procesos formativos no es una opción accesoria, sino una condición necesaria para una educación transformadora.

 

Referencias

Bhatia, V. (2008). Lenguas con Propósitos Específicos: Perspectivas cambiantes y nuevos desafíos. Revista signos, 41(67), 157-176.

Ciapuscio, G. (2005). La noción de género en la Lingüística Sistémico Funcional y en la Lingüística Textual. Revista signos, 38(57), 31-48.

Parodi, G. (2009). Géneros discursivos y lengua escrita: propuesta de una concepción integral desde una perspectiva sociocognitiva. Letras,51(80), 19-56.

Russell, D., & Harms, P. (2010). Genre, media, and communicating to learn in the disciplines: Vygotsky developmental theory and North American genre theory. Revista Signos, 43, 227–248.

 

 

 

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