Comprender cómo comprendemos: una mirada a los modelos sobre el procesamiento textual
Durante mi formación académica, tuve el privilegio de contar con el Dr. Giovanni Parodi como profesor, cuya obra ha sido una referencia constante en el estudio de la comprensión textual. Revisitar uno de sus trabajos más influyentes (el capítulo “Algunos modelos y teorías de comprensión”, incluido en su libro Comprensión de textos escritos) es una oportunidad para reconocer el valor de su propuesta. Al mismo tiempo, invita a reflexionar sobre un tema central en el ámbito educativo: cómo leemos, cómo construimos significados y qué factores intervienen en este proceso, tan esencial para el desarrollo académico y profesional. En contextos como el nuestro, donde persisten desafíos relacionados con la comprensión de textos especializados o científicos, este capítulo cobra especial relevancia. En este sentido, se debe tener presenta que la lectura comprensiva va más allá de la decodificación, puesto que implica una serie de procesos cognitivos, sociales, lingüísticos y afectivos que inciden directamente en el aprendizaje.
Parodi organiza su propuesta en tres partes. En la primera, presenta cinco modelos que, según su criterio, han sido fundamentales en el desarrollo del campo: el modelo estratégico proposicional (MEP), el modelo integral de comprensión lingüística (MICL), la teoría constructivista, el modelo de construcción e integración (MIC) y el modelo de indexación de eventos. Cada uno de estos modelos ofrece una manera distinta de explicar cómo se produce la comprensión, destacando diversos elementos del proceso lector. En conjunto, permiten visualizar la complejidad del acto de leer desde perspectivas complementarias.
En este marco, uno de los enfoques que mayor impacto ha tenido es el MEP, desarrollado por Van Dijk y Kintsch, que integra capacidades cognitivas y sociales en la interpretación del texto. Este modelo plantea que comprender no es un acto pasivo, sino un proceso activo en el que el lector articula conocimientos previos con la información textual, construyendo significados a nivel local (microestructura) y global (macroestructura). Por ello, su aporte ha sido clave para explicar cómo se construye la coherencia en diferentes niveles del texto.
Otro modelo relevante es el de construcción e integración, también propuesto por Kintsch, que explica cómo el lector combina información del texto con su conocimiento para formar representaciones coherentes. Aunque su nivel de abstracción es mayor que en otros modelos, su énfasis en los procesos inferenciales lo hace especialmente útil para comprender cómo se articulan distintos niveles de sentido durante la lectura. Además, resalta la importancia de integrar múltiples fuentes de información para lograr una comprensión profunda y flexible.
La segunda parte del capítulo se dedica a los métodos de investigación empleados para estudiar la comprensión. Parodi distingue entre el análisis de textos auténticos y textoides (textos artificiales creados para experimentos), así como entre estudios realizados en línea (durante la lectura) y off line (posteriores a la lectura). En este punto, destaca el método de tres vías (three-pronged method), que combina distintos enfoques para obtener una visión más amplia del fenómeno lector y permite contrastar evidencias desde múltiples fuentes.
En la última sección, el autor ofrece una mirada crítica a las limitaciones de los estudios revisados, lo cual enriquece la perspectiva teórica del capítulo. Esta reflexión permite identificar vacíos persistentes en las investigaciones actuales, como el enfoque restrictivo en determinados tipos de textos o la escasa atención a variables contextuales. En consecuencia, se abre la posibilidad de expandir el campo hacia otros géneros discursivos y contextos de lectura, particularmente relevantes en ambientes educativos diversos como el nuestro.
Entre sus observaciones, destaca el predominio de investigaciones centradas en textos narrativos, en detrimento de otros géneros discursivos, como los textos académicos, técnicos o científicos. Este señalamiento resulta especialmente pertinente en el contexto panameño, donde muchos programas de formación en lengua privilegian otros enfoques, dejando de lado las habilidades lectoras necesarias para otros ámbitos del saber. En el recorrido por estas propuestas, también sobresalen los aportes de Peronard, quien plantea una visión integradora de la comprensión que incorpora dimensiones cognitivas, lingüísticas, sociales, biológicas y afectivas.
Esta mirada considera al lector como un sujeto activo y complejo, y valora tanto sus emociones como sus conocimientos previos y contexto sociocultural. Otro enfoque, con el cual coincidimos, es de la teoría constructivista, que destaca el papel de la motivación del lector. Cuando una persona desea disfrutar una lectura o adquirir conocimiento, pone en marcha estrategias, como activar conocimientos previos o buscar el significado de términos desconocidos, que facilitan la construcción del sentido.
Por último, vale mencionar el modelo de indexación, que resalta la importancia de mantener la coherencia del relato mediante la activación de conocimientos previos y la identificación de los elementos clave del contexto narrativo. Esta propuesta enfatiza el papel activo del lector en la organización del discurso, especialmente en textos narrativos. Más allá de sus diferencias, todos los modelos analizados por Parodi coinciden en un punto fundamental: comprender un texto es siempre un proceso de construcción, en el que intervienen actos mentales y lingüísticos estrechamente relacionados con la experiencia, el conocimiento previo y las intenciones del lector.
A modo de cierre, el capítulo revisado ofrece de forma clara y fundamentada una síntesis de los principales enfoques sobre la comprensión lectora. Asimismo, constituye una herramienta valiosa para docentes, investigadores y estudiantes interesados en profundizar en este campo. Su lectura no solo aporta claridad conceptual, sino que también promueve una mirada crítica sobre los procesos que configuran el acto de comprender un texto.
Además, nos invita a revisar nuestras propias prácticas lectoras y a preguntarnos de qué manera contribuimos (desde el aula, la investigación o la formación profesional) a fortalecer esta competencia esencial. Entender cómo comprendemos no es un ejercicio teórico aislado, sino una tarea urgente y necesaria en contextos educativos que aspiran a formar lectores capaces de interactuar críticamente con los discursos que los rodean.
Referencia del texto reseñado
Parodi, G. (2005). Algunos modelos y teorías de comprensión. En Comprensión de textos escritos (pp. 29-48). Eudeba


