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Sociología de las cosas: Explicares del Quantum de vida

Por: Manuel Calderón Pimentel | Publicado el: 08 mayo 2017



Para la Sociología del Conocimiento que se posesiona sobre saberes científicos, saberes cotidianos y de sentido común y saberes espirituales o esotéricos, para darles explicares a las cosas o, en el mejor estilo durkheimiano, sobre los hechos sociales ¿qué es la cosa? y sus intrincadas y maneras varias para comprenderlas, describirlas en el hablar y al escribirlas; de allí, que el planteamiento catastrófico y en reflexividad que nos hace Annie Leonard (2007) en la Historia de las cosas: de como nuestra obsesión por las cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud. 

Y una visión sociológica de las cosas, son los modernísimos sistemas de tecnologías de las comunicaciones y de la información a través del Internet de las cosas, son pues intentos o saltos cuánticos acertados o fallidos, o si se quiere descriptores de las  proporcionalidades y perspectividades estructurantes basadas en estructuraciones de estructuras en formas o maneras de aberturas que han de artificializarse en procesos y métodos para sincronizar, y diacronizar los explicares del quantum o el «cuanto» de tales y cuales cosas afloran desde adentro hacia afuera y desde afuera hacia adentro, como un lado o punto particular o un todo (holo) que es cuántico en sus explicares de las partes y el todo o viceversa, observándose diferencias en las particularidades; este explicar cuántico, va más allá de la clásica cibernética reduccionista primaria de las cosas, si a ellas no se  les expone desde una perspectiva abstractiva sobre las cosas, es decir una  situación autopoiética molecular producción por sí misma que hacen ver las partes, pero también el o los todos (Maturana y Varela, 1973). 

El reconocimiento o no reconocimiento de que las cosas que se explican, están contenidas también por nuestro vivir y pensamiento pensado sobre el sí de las cosas (proceso de autorreflexividad). Es imposible entonces pensar, que el explicar humano pueda trasgredir su esencia humana y perceptiva, por lo que es imposible dejar al sujeto humano fuera de sus entorno y mucho menos fuera de sus explicares, puesto que nuestra realidad está construida desde el mismo orden del decir, de la adscripción biofísica y química como ser vivo, de sus vivencias y relaciones adquiridas en el mundo social del que somos parte, en el proceso combinatorio de naturalización-biológica y enculturación humana. 

Es un hecho cierto, que las actividades humanas que realizamos están mezcladas sobre la basa o apoyos en saberes, conocimientos y acciones cuyos haceres praxeológicos, concomitan en la aplicación de una serie de métodos que han de adaptarse en las singularidades o universalidades para las constituciones estructurales de aquellos aspectos cosificados e interiorizados por coinstaciación o vínculos que están consustanciados por sentidos emocionales-racionales, en cuya basa aflore un discurso coherente con él o los sujetos humanos cognoscentes, dinámicos particulares, moleculares y cósmicos, generándose abstracciones cuánticas que circundan sobre el decir, el tocar, el oler, el oír, el gustar y el ver del sentir propio y de los demás pares semejantes, con perspectivas sobre la existencialidad, internalidad y externalidad del entorno cósmico-universal, es decir, un salto cuántico explicativo desde el sentir, el lenguaje, con sus respectivas distinciones en las conjunciones, disyunciones con sus respectivas distensiones y equilibrios (u homeóstasis) que han de producirse por homogeneidades y heterogeneidades por concienciación expresada desde el  pensamiento cuántico, puesto que somos procesos activos como sujetos moleculares como seres vivos y particulares como hablantes, puesto que hay relaciones concomitantes al entorno, que al decir de Humberto Maturana, son las «historias de coherencias ecológicas». 

En cuanto a dar un juicio cuasi universal sobre las cosas, ocasionan especificaciones especulares particular; en este sentido es obligante la lectura de El fenómeno humano de Pierre Teilhard de Chardin (1955), que abre el debate entre las explicaciones científicas del mundo y lo humano vs las explicaciones religiosas sobre las evoluciones humanas y su espiritualidad adscrita-genética como ser vivo y adquirida-enculturada como ser hablante en el orden del decir y del estar. 

Si nos cerramos en las certidumbres de principios, entonces matamos al error, que es experiencial y experimental por concepcionalidades semánticas y las comprobaciones de las contrastaciones praxeológicas, basadas en causales  filogenéticas (relaciones evolutivas) en el ácido desoxirribonucleico (ADN), cuyo material genético (celular-molecular) está adscrito y adquirido indisolublemente al orden natural y al orden social-cultural-comunicacional, mismo que ha de estar contrastado por los ejes experienciales y experimentales, la llave o clave de los hallazgos novedosos, beneficiosos y del progreso social (un desarrollo por sí mismas, socio-autopoiéticas), y que al decir de Heinz von Foerster (1995) «toda las ciencias son sociales», si no son sociales entonces las ciencias no servirán o simplemente serán inocuas para los propósitos humanos, sobre todo, intentamos construir una sociología de las cosas de la vida cotidiana, profesional, técnica y el avanzado mundo de las tecnologías.

 

*El autor es doctor en metodología de la investigación en Sociología y profesor investigador del IDEN de la Universidad de Panamá.

 

 

La responsabilidad de las opiniones expresadas y la publicación de los artículos, estudios y otras colaboraciones firmadas, corresponde exclusivamente a sus autores, y no la posición del medio.

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