Los medios de comunicación y la creciente desconfianza panameña
En Panamá se está gestando una tormenta silenciosa, pero poderosa: la pérdida de confianza del pueblo en los medios de comunicación. Y no es para menos. Hoy más que nunca, en las calles, redes y conversaciones de café, la gente se pregunta: ¿a quién realmente responden los medios en este país?
Hay muchas personas que mencionan que algunos medios panameños están atravesando una fuerte crisis económica. Cuando la plata no alcanza, se busca quien la ponga, y ahí es donde el periodismo empieza a doblar el brazo. Anunciantes grandes, grupos empresariales con intereses políticos, y hasta el propio Estado se convierten en “patrocinadores” de la información. ¿Y qué pasa cuando el que paga es también el que decide? Se pierde la independencia. Y con ella, el respeto de la ciudadanía.
La cosa se agrava con la creciente opacidad del gobierno. El Índice de Chapultepec ya lo advirtió: en Panamá la libertad de prensa está en retroceso. Si a eso le sumamos la actitud defensiva y hasta hostil de algunas autoridades hacia periodistas incómodos, el mensaje es claro: informar con autonomía no es bienvenido. Durante las protestas sociales de 2023 y todo el proceso electoral del 2024, muchos panameños sintieron que los medios no estaban del lado del pueblo, sino más bien alineados con intereses de poder.
Y entonces llegó mayo de 2025. La calle volvió a hablar. Miles protestaron contra el gobierno de José Raúl Mulino, pero también dejaron claro su molestia con los medios. ¿Dónde estaban los reportajes de fondo? ¿Dónde estaban las voces del pueblo en los titulares? Muchos sintieron que la cobertura fue tibia, limitada o abiertamente sesgada. Esa sensación de que los medios ya no son un puente entre la ciudadanía y el poder, sino una pared que oculta lo que conviene, ha calado hondo.
Esto no es un ataque a la prensa. Es una llamada de atención. Porque el periodismo libre, crítico y comprometido con la verdad es más necesario que nunca. Pero ese periodismo tiene que ser valiente, independiente y cercano a la gente. No puede vivir encerrado en redacciones que solo escuchan a sus anunciantes o a los políticos de turno. Tiene que volver a las comunidades, preguntar, incomodar, incomodarse.
Los medios panameños están a tiempo de recuperar su lugar como defensores del interés público. Pero para eso, tienen que recordar para quién trabajan: para el pueblo, no para los poderosos.
El autor es Periodista


