¿Defensa o Dominio? El disfraz de protección que Estados Unidos nos quiere vender
Otra vez, el “Tío Sam” quiere jugar a ser el salvador de este hemisferio y es que en el reciente discurso en la Conferencia de Seguridad de Centroamérica (CENTSEC), el secretario de Defensa de EE. UU., Pete Hegseth, sonó más a capataz que a aliado. Habló de amenazas, de soberanía y hasta de la necesidad de una “disuasión robusta” contra China. ¿Pero a quién quieren engañar?
Según Hegseth, China representa una amenaza por estar invirtiendo en terrenos, telecomunicaciones e infraestructura energética en la región. También mencionó presencia militar, estaciones terrestres y otras alarmas que, francamente, suenan más a excusa que a preocupación legítima. Porque si vamos a hablar de injerencia, Estados Unidos tiene décadas metiendo la cuchara en América Latina, usando discursos como este para justificar su control.
¿Y qué es eso de que “América Primero” no es solo Estados Unidos, sino todo el continente? ¿Desde cuándo el imperio comparte el pastel? No nos chupamos el dedo, señor Hegseth. Esa frase es puro maquillaje para la misma política de dominación de siempre, solo que ahora usan términos como “cooperación militar” o “entrenamiento conjunto”.
Y claro, no podía faltar el clásico comodín: el Canal de Panamá. Otra vez, Estados Unidos insiste en que el Canal no debe caer en manos chinas. ¡Como si fuera suyo! El Canal es panameño y punto. Hasta cuándo con la misma ahuevazón y muchos panameños con sonrisas con todo este panorama. De verdad qué yo no los entiendo.
Lo administramos nosotros, y si hay relaciones comerciales con China, Taiwán o con quien sea, es porque somos una nación soberana con derecho a decidir con quién se alía y con quién no.
Lo más preocupante es cómo disfrazan su interés estratégico con palabras bonitas. Dicen que no quieren guerra, pero nos preparan mentalmente para el conflicto. Nos ofrecen apoyo militar, entrenamiento, tecnología y hasta “cooperación antiterrorista”, mientras definen a los carteles y pandillas como organizaciones terroristas. ¿Qué sigue? ¿Bases militares gringas en territorio centroamericano bajo el argumento de “lucha contra el crimen organizado”? ¿Más intervención bajo la etiqueta de seguridad regional?
Y mientras hablan de soberanía, ¿qué pasa con la nuestra? ¿Quién protege a Panamá de la presión geopolítica de dos gigantes que se disputan el control económico y militar de la región? Estados Unidos quiere que nos pongamos su camiseta sin preguntarnos si nos representa. Y China, por otro lado, ofrece inversiones que muchos ven como oportunidad, pero que también traen sus riesgos. Entre la espada y la pared, ¿quién vela por los intereses panameños?
No podemos ser ingenuos. Ni China ni Estados Unidos están aquí por amor. Están aquí por interés. Y si nosotros, como país, no fortalecemos nuestras instituciones, no defendemos nuestra soberanía con firmeza ni tomamos decisiones pensadas en Panamá primero, terminaremos siendo peones en un tablero donde otros juegan.
El Canal no puede ser excusa para meter soldados, ni la seguridad una fachada para controlar nuestras decisiones. Ya basta de tutelaje disfrazado. Queremos aliados, no amos. Queremos cooperación real, no imposiciones.
Señor Hegseth, gracias por su preocupación. Pero Panamá sabe defenderse. Y no olvidamos que la soberanía se cuida, no se negocia.
El autor es Periodista


